El amor vuelve a impregnar los muros de San Lorenzo

Celebración de la boda de Josep María y Mai, 83 años después de la de Manuel y Catalina./ROMÁN
Celebración de la boda de Josep María y Mai, 83 años después de la de Manuel y Catalina. / ROMÁN

El templo ubetense acogió la celebración de una boda 83 años después de celebrarse la última

ALBERTO ROMÁNÚbeda

Corría 1935 en Úbeda cuando Manuel, de 28 años, y Catalina, de 25, decidieron contraer matrimonio. Él tenía una pequeña vaquería y trabajaba la huerta. Ella se encargaba de las labores de la casa, que no eran pocas. Llevaban unos años 'arrejuntados' y en ese momento ya habían traído a este mundo dos de los siete hijos que criaron. Posiblemente el tercero venía en camino. Así que pensaron en dar oficialidad a su creciente familia a los ojos de Dios y de los hombres, poniendo cura y papeles de por medio. La boda se celebró en San Lorenzo, que daba sombra a parte del suelo que Manuel sembraba y en el que pastaban sus vacas. Y la ofició su buen amigo Marcos Hidalgo, párroco de Santa María y, por ende, del templo en el que se llevó a cabo la liturgia, que dependía del anterior.

No fue una boda al uso, como las que se llevaban a cabo en aquella época. No eran tiempos de airear ciertas cosas o, simplemente, era preferible que pasaran desapercibidas y más aún cuando se avecinaban tiempos convulsos, aunque quizá en ese momento ni sospechaban lo que a este país se le venía encima. Así que todo se desarrolló en la más absoluta intimidad, a las seis de la madrugada de un día cualquiera, seguramente con la única presencia de la pareja, el sacerdote y la sacristana que tras el muro del altar mayor tenía su vivienda. Justo después Catalina regresó a las tareas de la casa, para las que el día se les quedaba corto, y Manuel se fue a ordeñar sus vacas antes de llevarlas a pastar. Eran otros tiempos, lúgubres, en blanco y negro, como las fotografías de la época que han llegado a nuestros días desgastadas por los años.

Esa fue la última boda celebrada en San Lorenzo, cuyas puertas se cerraron definitivamente tras los destrozos sufridos en la Guerra Civil. Así lo contaba muchos años más tarde Paca la campanera, quien fue la última moradora del edificio y que cuidó de él como su casa que era. La de Manuel y Catalina era una historia recurrente que utilizaba e menudo, por ejemplo cuando algún que otro fotógrafo de bodas llamaba a su puerta y le pedía permiso para pasar al interior del templo al objeto de hacerle fotos a una pareja de recién casados. Una historia que, con sus luces y sus sombras, sus papeles 'trucados' y sus protagonistas y testigos en el otro mundo, se ha podido hilar con la ayuda de algún familiar.

Salto en el tiempo

Ahora toca dar un salto en el tiempo, de 83 años exactamente, porque hoy por hoy esa historia tiene cierta continuidad gracias a Josep María y Mai, quienes en días pasados utilizaron el emblemático templo ubetense para contraer matrimonio y proclamar oficialmente su compromiso de vida juntos ante familiares y amigos. Fue una ceremonia civil, claro está, pero que permitió que entre los centenarios muros de esta iglesia volviera a resonar la palabra amor, como si de un eco del pasado se tratara. Así lo dejó de manifiesto el oficiante, Luis Foronda, con unas emotivas palabras de bienvenida que hicieron surgir muchas lágrimas entre la elegante concurrencia. Hizo un paralelismo entre ambos matrimonios separados por más de tres cuartos de siglo, tan distintos por cuestiones evidentes pero con dos claros elementos en común: la decisión de compartir un proyecto vital y San Lorenzo.

Josep María es de Mollet, una ciudad situada cerca de Barcelona, tiene 34 años y ejerce como urólogo. Mai es de Linares, tiene 32 años y trabaja como enfermera. Ambos se conocieron en una clínica barcelonesa aunque actualmente trabajan en Tarragona, cerca del pueblo donde han decidido vivir. Optaron por celebrar su boda en Úbeda, en el Palacio de los Medinilla, y en uno de sus viajes para prepararlo todo tuvieron la oportunidad de visitar San Lorenzo y conocer su historia. Quedaron gratamente impresionados, por lo que plantearon desarrollar allí la ceremonia, ya que además se encuentra a muy pocos metros del citado palacio.

La Fundación Huerta de San Antonio, actual responsable del edificio y abierta desde el principio a todo tipo de propuestas, siempre y cuando vayan acordes al lugar y sirvan para seguir financiando el proyecto de rehabilitación del templo, no dudó en decir que sí, lo cual ha abierto un nuevo camino enfocado a seguir obteniendo fondos que reinvertir en la recuperación de este espacio para la sociedad y la cultura.

Puertas abiertas

83 años han tenido que pasar para que San Lorenzo abra de nuevo sus puertas a una boda. Un tiempo en el que la iglesia ha permanecido cerrada al culto, utilizada como silo para guardar trigo, como refugio de indigentes, como almacén y como estudio de artistas locales. Afortunadamente en 2013 la Fundación Huerta de San Antonio logró la cesión del inmueble por parte del Obispado de Jaén (acaban de cumplirse cinco años) y viene trabajando con la clara intención de que sus puertas no vuelvan a cerrarse.

83 años separan la historia de Manuel y Catalina y la de Josep María y Mai. Mucho han cambiado los tiempos, los modos, las percepciones… Aunque quizá la motivación sea la misma: formar una familia y dotarla de entidad, ante uno mismo y ante los demás. Y como testigo de excepción permanece San Lorenzo, alzando su espadaña sobre un barrio que ve cómo la vida ya no pasa de largo sino que, de nuevo, se queda allí para impregnar calles y plazas.

Distintos momentos de la ceremonia en San Lorenzo. / ROMÁN

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