Caminando por el lado rústico de la música

Guadalupe Plata en La Tetería./ROMÁN
Guadalupe Plata en La Tetería. / ROMÁN

Guadalupe Plata ofreció dos conciertos en casa por Navidad

ALBERTO ROMÁNÚbeda

Ya es tradición que Guadalupe Plata vuelva a casa por Navidad para comerse las uvas en familia y, de camino, ofrecer dos conciertos ante sus paisanos a varios metros bajo tierra, en el mítico sótano de La Tetería, ese veterano garito ubetense conocido dentro de los circuitos alternativos de música en directo gracias a su buen hacer en este ámbito. Y también es tradicional que, durante dos noches consecutivas (jueves y viernes), la sala volviera a llenarse de seguidores del trío ubetense, siempre atentos a la llamada del blues pantanoso y cada vez más rural.

Como en toda tradición, se repiten las escenas, los momentos. Minutos antes del primer concierto, Pedro de Dios (guitarra y voz), Paco Luis Martos (bajo) y Carlos Jimena (batería) convierten el frío en calor, es decir, calientan motores con unos tercios fresquitos (no los hay más fríos que en La Tetería) en el habitáculo anexo al escenario, que hace las veces de almacén y camerino.

En esta ocasión también anda por allí Marcos Valera, buen amigo y paisano al que le han encomendado la responsabilidad de subir al escenario en Úbeda para tocar la botella de anís, cuchara en mano, en algunos de los temas. Confiesa que no es purista y que prefiere golpear con el mango de la cuchara y no con la parte que se introduce en la boca, lo cual genera cierta discusión jocosa sobre las diferentes sonoridades del rústico instrumento, por cierto, muy típico de la Navidad y de sus villancicos. Conste que, además, la botella de Marcos, de color verde, nunca tuvo en su interior anís sino pacharán, aunque se evita ahondar sobre ello para no alargar la absurda conversación.

El de la botella de anís es uno de los sonidos que Guadalupe Plata ha incluido en su quinto disco, que salió a la venta hace un mes, y para el que los ubetenses han buscado un punto más rural, más de pueblo, siguiendo de esta forma en su proceso de involución musical. Así, por ejemplo, también suena a veces una vieja bandurria (lástima no haberla incorporado en el directo) y cobra mayor protagonismo el bajo-barreño de elaboración casera de Paco Luis. El hecho es que en cada concierto buscan a alguien que se atreva con la botella de anís (a tocarla, no a bebérsela), echando mano de amigos y compañeros de profesión.

Por el camerino-almacén también anda Luis, padre de Carlos, que no ha querido perderse la actuación de su nene y que tiene algo que añadir: hace unos días el grupo le cogió prestada una antigua botella de anís que guardaba como reliquia y acabó rota. Todo sacrificio es poco si es por la música (y por un hijo). Aunque algo me dice que ya se la cobrará de alguna manera.

La tradición sigue y toca hacer la foto de rigor a petición del pesado que firma estas líneas. Como todos los rincones del habitáculo han sido ya inmortalizados en años anteriores, se opta por el pequeño aseo contiguo, donde posa la banda con instrumentos. No es cuestión que Carlos lleve caja, platillos, bombo y timbales a tan higiénico lugar, por lo que, como buen batería, opta por sentarse, aunque lo hace sobre el inodoro (con la tapa levantada para dar más realismo). Se añaden a la estampa Marcos, botella de anís en mano, y Jimena padre, con una guitarra en ristre (adjunto documento gráfico).

En esas que aparece Raúl, uno de los orgullosos padres de La Tetería, con unos chupitos de tequila para brindar y para anunciar que en dos minutos comienza el espectáculo. Trago, últimas caladas y al lío. La puerta se abre y toca disfrutar de Guadalupe Plata que, como es tradición, borda un concierto en el que presenta algunas de sus nuevas canciones y recuerda muchas de las registradas en sus anteriores trabajos. Ha sido un gustazo disfrutarlo. Habrá que volver el año que viene.

El disco

El quinto disco de Guadalupe Plana, de título homónimo, como los anteriores, mantiene la esencia de la banda pero muestra un interés por la España profunda, el mundo rural. Si Lou Reed caminaba por el lado más salvaje, los ubetenses lo hacen por el lado más rústico. El resultado son doce canciones con la marca indiscutible de la casa, pero en las que se pueden adivinar ritmos y melodías de otras músicas de corte folclórico, como las corraleras, la cueca o el vals. Y para sumar a este ambiente costumbrista, desde la portada agradecen a la patrona de Úbeda, la Virgen de Guadalupe, su colaboración al impedir que unos 'demonios' les robasen los instrumentos que se dejaron olvidados en el pantano de El Tranco.

Antes y durante el concierto. / ROMÁN
 

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