Caras nuevas en San Lorenzo

Sara Martín y Bea Rubio en plena faena./ROMÁN
Sara Martín y Bea Rubio en plena faena. / ROMÁN

Una nueva intervención permite apreciar una pintura mural situada en la capilla de San Andrés

ALBERTO ROMÁNÚbeda

Que no lleve a error el titular. La iglesia de San Lorenzo de Úbeda sigue siendo gestionada por la Fundación Huerta de San Antonio, que salvó el edificio de la ruina hace ahora cinco años y lo ha convertido en un pintoresco y vivo espacio cultural, mientras sigue avanzando en su proceso de rehabilitación gracias al interesante proyecto 'Abierto por obras'. Pero es que, gracias a estos trabajos, desde hace unos días unos nuevos rostros se asoman desde la parte alta de una de sus capillas, la llamada de San Andrés situada junto a la actual puerta de entrada. Llegados a este punto, que nadie se confunda tampoco pensando en los fenómenos que hicieron famosa a la localidad de Bélmez, pues estas caras no han surgido de la nada, sino que pertenecen a una pintura mural que está siendo restaurada y en la que ya se pueden apreciar algunos resultados muy satisfactorios.

Los personajes en cuestión son Jesucristo resucitado en el centro, acompañado a la izquierda por la Virgen María y San Francisco, mientras que a la derecha se disponen San Lorenzo, titular de la iglesia, y otro individuo que en principio se pensó que podía ser Juan de Alvarado, donante que pagó la realización de esta capilla, aunque conforme ha avanzado el trabajo existen dudas al respecto y podría tratarse de un beato aún por identificar. Estos nuevos moradores de San Lorenzo, casi inapreciables hasta ahora, están dispuestos al modo de 'sacra conversazione', tema iconográfico de tradición italiana que representa a Jesucristo y a la Virgen en sagrada conversación con varios santos.

Los trabajos sobre la pintura mural forman parte de un proyecto más ambicioso que pretende recuperar la totalidad de la capilla, aproximarla lo máximo posible a su estado original pero sin añadidos, respetando y poniendo en valor lo que hay y se ha conservado hasta nuestros tiempos. Las labores son costosas, por lo que se harán progresivamente y según se vaya disponiendo de fondos.

Se ha empezado por la pintura que hay sobre el muro y bajo el arco superior que cierra la capilla, algo que se ha podido afrontar gracias a las donaciones obtenidas en la actividad 'San Lorenzo, con los 5 sentidos' desarrollada durante los meses de julio y agosto. Consistió en pequeñas degustaciones gastronómicas realizadas los viernes por la noche, aprovechando el privilegiado adarve-mirador de San Lorenzo, sus magníficas vistas a Mágina y al mar de olivo y el fresco tan buscado en las noches de verano. La propuesta, que tuvo muy buena respuesta por parte de ubetenses y turistas (casi 350 participantes pasaron por allí), se pudo hacer realidad junto a La Cocina de Anita, empresa local que se encargó de elaborar 'in situ' y cuidar los platos a degustar así como de preparar y servir las bebidas bien frías.

Gracias al buen hacer de sus responsables, la chef Ana Basagoiti y Antonio Marín, la Fundación Huerta de San Antonio ha podido poner en marcha la campaña 'Restaurando con los cinco sentidos' centrada en la capilla de San Andrés. Y el encargo ahora está en manos de Sara Martín de Andrés y Beatriz Rubio Velasco, conservadoras-restauradoras de bienes culturales de la empresa segoviana ConservarArte, con amplia experiencia, que han querido sumarse al espíritu 'Abierto por obras' impulsado en San Lorenzo. No en vano, suyo también es el trabajo realizado en el alfarje policromado del sotocoro, una especie de artesonado que hay al fondo de la nave del templo bajo el coro, del cual ya se ha recuperado y consolidado la mitad con un brillante y colorido resultado. De nuevo bajo el techo del emblemático edificio ubetense y subidas a un andamio, su proyecto de restauración se basa en la mínima intervención y el respeto a lo original, por lo que solo utilizan técnicas y materiales inocuos y reversibles.

Trabajan tanto sobre la pintura mural como en la superficie colindante a la misma, es decir, el tímpano que la rodea. Están realizando una consolidación y fijación de la policromía a base de resinas copolímeras, retirando el encalado presente sobre la pintura con métodos mecánicos y químicos, para poder apreciar en su conjunto todos los restos de la obra original.

Después se procederá a una limpieza química y física del conjunto, una vez realizadas las pertinentes pruebas de solubilidad y de resistencia física para la selección de los materiales más idóneos. Y se aplicará una capa de protección en la zona, con una resina reversible en el caso de las policromías o con materiales inertes en el caso de superficie pétrea.

Como suele ocurrir en cada intervención planteada en San Lorenzo en los últimos cinco años, las puertas se mantienen abiertas para permitir la visita, lo cual ofrece además la posibilidad de ver cómo avanzan los trabajos, en este caso en la pintura mural de la capilla de San Andrés. Es algo muy valorado por el público que, ahora sí, puede estar cara a cara con estos nuevos rostros que se asuman por la ventana de la historia.

De finales del XVI

Según el historiador del arte José Manuel Almansa, la capilla de San Andrés se construiría hacia 1585, siendo contratada por el jurado Juan de Alvarado a los canteros Diego de Arias y Diego Gil, siguiendo el esquema de la capilla del Prior Viejo ubicada enfrente de ésta. Presenta un arco de medio punto con intradós casetonado en el testero, con tondos avenerados en las enjutas, disponiéndose en los laterales parejas de columnas sobre retropilastras corintias elevadas sobre plintos y rematándose con entablamentos. La parte superior se cubre con bóveda de cañón, decorada con casetones con motivos florales, y rosetones en las enjutas.

Estado

Debido al estado que presentaban las cubiertas y cerramientos del edificio antes de que llegara la Fundación Huerta de San Antonio y tras muchos años de abandono, se generaron fluctuaciones marcadas tanto de humedad como de temperatura. Todo ello provocó un estrés físico en los materiales que forman el conjunto, siendo probablemente la causa principal de su deterioro, al margen de los problemas derivados de su naturaleza intrínseca.

Estructuralmente, el estado de conservación es regular. Destacan grietas, como la del intradós con la pared, y pérdidas de volúmenes. Existen además afloraciones de sales, más localizadas en la parte inferior, así como disgregación de la piedra que conforma la arquitectura.

Se aprecian varias capas de encalados, llegando incluso a ocultar parte de los volúmenes decorativos. El llagueado de la zona inferior está aplicado de manera tosca, desprendiéndose en muchas zonas.

Hasta la altura de los capiteles y el intradós del arco con casetones se aprecia que gran parte de las formas arquitectónicas están realizadas en piedra, pudiéndose haber realizado otros volúmenes en yeso u otro material similar. En algunas zonas donde la piedra está a la vista se observan restos de policromía.

La capilla presenta una capa de depósitos y suciedad superficial generalizada. Se observa una zona ennegrecida en la parte inferior derecha, que sube hacia la zona superior, lo cual puede provenir de algún foco de combustión.

Dependiendo de la zona de la capilla, el muro de soporte varía algo, pero por lo general parece estar hecho con materiales muy porosos, alguno de relleno, lo cual va en detrimento de la conservación tanto de la arquitectura como de la pintura mural a corto y largo plazo.

Parte de la policromía de la pintura mural se encuentra recubierta por capas de encalado que ocultan su lectura completa. Parece tratarse de una pintura al temple en su mayoría, apreciándose pulverulencia en diferentes zonas, que ha provocado incluso pérdidas del estrato, ya sea por el deterioro del mismo o por la técnica pictórica utilizada en su ejecución. Toda la superficie presenta una capa de suciedad generalizada.

Las dos restauradoras sobre el andamio, intervención sobre la pintura y diferencia entre el antes y el después. / ROMÁN

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