Cumbre de Perera en el adiós de Padilla

Padilla y Perera se saludan antes de emprender su salida a hombros del ubetense coso de San Nicasio./ENRIQUE
Padilla y Perera se saludan antes de emprender su salida a hombros del ubetense coso de San Nicasio. / ENRIQUE

El jerezano recibió en Úbeda el cariño de la afición en su última actuación en la provincia

ÁNGEL A. DEL ARCOÚBEDA

Con la llegada de las figuras el aspecto que presentaba el coso de San Nicasio a las cinco y media de la tarde, hora del comienzo de la corrida, era espectacular; lleno en los tendidos y ambiente por todo lo alto. La última comparecencia de Juan José Padilla en nuestra provincia -se retira el próximo día 14 en Zaragoza- junto a la vuelta de Enrique Ponce, que ya hacía unos años que no se dejaba ver por Úbeda, hizo que desde el principio la gente se volcara con este festejo, sin olvidar la presencia de los toros de Fuente Ymbro, hierro de máxima categoría, pero que, en el caso de Ponce, hacía varias temporadas que no toreaba. Todo ello hizo que el coso registrará una entrada a la que le faltó muy poquito para el lleno total.

El listón ganadero para el festejo de ayer estaba alto. Los de Miura del día anterior propiciaron una gran corrida de toros, de gran presencia, algunos perfectamente se podrían haber lidiado en cualquier plaza de primera categoría, dando un juego muy interesante, nada fáciles, pero con opciones, siempre y claro, contando con la actitud, el compromiso y la entrega de una terna que se acercó a la excelencia. Sólo se lamentó que Alberto Lamelas no pudiera cruzar el umbral de la puerta grande junto a sus compañeros, méritos hizo, pero la espada le jugó una mala pasada.

Lo de ayer era otra cosa, empezando por la emotividad que tenía el festejo ante la despedida del 'pirata' Padilla. La gente lo entendió a la perfección y desde el principio. El torero fue todo entrega en la que fue su última tarde en nuestra provincia, recordando que Juan José Padilla ha sido uno de los diestros más queridos en esta tierra jienense, contando con multitud de actuaciones, también de triunfos, en una trayectoria ejemplar, quedando claro en la tarde de ayer, donde recogió los frutos a tanta entrega durante tantos años de actividad.

Con esos prolegómenos era de esperar que todo fuera a favor de obra, algo que sucedió, empezando por un momento de especial solemnidad cuando sonó el himno de España con toda la plaza puesta en pie aplaudiendo.

El encierro de Fuente Ymbro tuvo una presencia correcta, sin exageraciones, pero bien. En cuanto a su comportamiento, en líneas generales dieron buen juego, no estando sobrados de nada, ni de nobleza, ni de fuerza, tampoco de casta, es decir, que se dejaron para que los toreros anduvieran con cierta comodidad, aunque el segundo de la tarde fue de largo el peor y el cuarto manso y rajado desde que salió de chiqueros. Salvo esos dos, el resto fueron aplaudidos en el arrastre.

La vuelta de Ponce

Era esperadísimo el maestro Enrique Ponce. Quien diría que llevaba varios años sin verlo por Úbeda, está igual, me atrevería a decir que los vestidos de su etapa de novillero se los podría poner ahora. Está en plenitud, ni sus 28 años de alternativa, ni las alturas de temporada en la que estamos, su actitud y sus ganas por triunfar siguen intactas. No me explico de dónde saca la motivación, pero lo cierto, es que en su actuación de ayer se entregó al máximo, como si le hiciera falta el triunfo. Me sigue sorprendiendo y eso que le he visto toda su carrera desde su época de becerrista.

Su primer Fuente Ymbro tuvo calidad y ritmo en sus embestidas, mejor por el lado derecho, algo que aprovechó el valenciano para cuajarlo ya con el capote con cadenciosas verónicas rematando con media y revolera. Vio rápido Ponce la calidad del toro y lo cuajó, mejor sobre la diestra, ligando las series con su facilidad habitual. Por el lado izquierdo el toro no fue tan claro, algo que el propio torero notó rápidamente, volviendo a la diestra en un tramo final exigiendo mucho más la embestida del burel. Faena importante de doble premio que quedó reducida a una fuerte ovación después de no acertar con la espada, pinchando dos veces en los arpones de las banderillas.

Se entregó con el cuarto, que desde que salió de chiqueros se vio su querencia a tablas. Brindó este toro al cirujano Rafael Fuentes, gran amigo del diestro. Le cuajó una labor sorprendente y que nadie podía imaginar. Le dejó la muleta en la cara consiguiendo que el toro la siguiera una y otra vez, en una labor de brujo y magia. Tres poncinas, la última con cambio de mano de la derecha a la izquierda que duró una eternidad. La plaza en pie aplaudiendo y frotándose los ojos ante el milagro obrado. Otra faena de dos o más trofeos que se quedó en una después de dos pinchazos y estocada. El enfado de Ponce le dura todavía hoy. Ver para creer la ambición y la entrega de una figura inconmensurable.

Emotiva despedida

La tarde tenía que ser de Juan José Padilla, algo que se truncó con el segundo de la tarde, primero de su lote. Toro de bonitas hechuras, pero no hizo honor en cuanto a su juego. Incierto, adquiriendo sentido y bronco se lo puso demasiado difícil a Padilla que tiró por la calle de en medio recibiendo un silencio respetuoso.

Se resarció con el quinto, al que le cortó dos orejas, incluso se le pidió el rabo. Lo recibió con dos largas de rodillas y variados lances. Se lució de nuevo con un quite por faroles. Enloqueció al tendido con un espectacular y buen tercio de banderillas. Comenzó la labor de rodillas y la terminó de igual guisa. Entre medias, labor eléctrica alternando momentos mejores con otros de menor acople, dentro de un conjunto en la que emotividad del momento y la locura se apoderó del ambiente, desatándose la tormenta perfecta tras una estocada entera en el centro del platillo. Tendido cubierto de pañuelos, dos orejas, petición de rabo y vuelta al ruedo apoteósica al grito de 'illa, illa, illa, Padilla maravilla'. Con la emoción por las nubes, el pirata Padilla cogió una bandera de España, se la enroscó en su cuerpo y se fue al centro del coso donde recogió una ovación que puso los pelos de punta. El mejor final posible para una trayectoria ejemplar y de enorme mérito.

Extraordinario Perera

El gran triunfador de la tarde fue el extremeño Miguel Ángel Perera. Se encuentra en un momento extraordinario, algo que demostró en sus dos toros de Fuente Ymbro. A su primero le cuajó una sensacional faena de muleta, toreando con largura, mando y temple. Arrastrando media muleta en cada muletazo, cogiéndolo muy adelante y llevándoselo atrás de la cadera bordó el torero en un trasteo que fue creciendo conforme avanzaba la faena. Arrimón final, estocada y dos orejas.

Con el último de la tarde, más sosito, utilizó el extremeño las mismas armas : temple, largura en los muletazos y dominio. Con eso, enjaretó varias tandas por ambos pitones destacando por la pulcritud del trasteo, aunque al conjunto le faltara la emoción por la sosa embestida. Ante eso, Perera ofreció mando y quietud, clavó las zapatillas y allí se quedó un buen rato, pasando el toro por un pitón y por otro, una y otra vez ante el asombró del público, que ahora sí, se volcó con el torero ante la muestra de poder y dominio absoluto. Y allí se quedó, quieto, todavía más, impávido el torero, con un toro que pasaba y pasaba detrás de un trapo que se movía de forma lenta y convincente. Inconmensurable momento el que ofreció el diestro extremeño. Se entregó en la suerte suprema, cobrando una estocada fulminante que dio paso a la fuerte petición de trofeos, llevándose para él, las dos orejas y rabo.

Emotiva la salida a hombros del triunfador Perera y Juan José Padilla, en la que fue la última tarde del torero gaditano en la provincia jienense.

 

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