Elisa Matilla dio vida a Lola 'la Gibraltareña' en la Muestra de Teatro de Otoño

Una escena de 'Gibraltareña'./ROMÁN
Una escena de 'Gibraltareña'. / ROMÁN

La obra, escrita y dirigida por Juan Luis Iborra, desnuda a una mujer que busca a través de la palabra dejar atados algunos cabos sueltos antes de marcharse

ALBERTO ROMÁNÚbeda

La actriz Elisa Matilla presentó al público ubetense a Lola 'la Gibraltareña', un personaje complejo en su fondo y sencillo en su forma que cautivó de principio a fin a los asistentes a esta nueva representación enmarcada en la programación de la Muestra de Teatro de Otoño, que tuvo como escenario el Teatro Ideal Cinema. 'Gibraltareña' es una obra de Juan Luis Iborra, responsable también de la dirección, cuyo texto desnuda a una mujer con mucho sufrido, mucho vivido y, sobre todo, mucho amado, que busca a través de la palabra dejar atados algunos cabos sueltos antes de marcharse. Pero no pretende que la recuerden, ni siquiera que la perdonen, solo que la comprendan, quizá para comprenderse a sí misma.

Lola es (o fue) prostituta en el campo de Gibraltar. Tanto celo y buenas intenciones puso siempre en su trabajo que se ganó cierto respeto y fama en la zona, donde pronto la conocieron popularmente como 'la Gibraltaeña'. Aparece sobre las tablas preparada para despedirse, radiante, como si el tiempo y los golpes de la vida no hubieran pasado por ella dejando un rastro palpable. En escena hay una cama, pero nada tiene que ver con su trabajo. No es uno de esos catres en los que tantas veces se entregó, poniendo mucho de amante, maestra e incluso consejera y confesora. Es una cama de hospital donde ella misma aguarda la muerte. Porque quien habla con el público o consigo misma es su alma, su recuerdo, el reflejo de lo que fue y ya nunca será, pues tiene preparada la maleta para emprender el último viaje.

En ese ambiente transcurre la función en la que Lola habla de su vida, de su suerte, de sus primeras veces, sus segundas, sus terceras… Recuerdos y anécdotas sobre su padre, su madre, sus hermanos, sus clientes, sus compañeras, sus amores o el personal que la cuida le sirven para ir hilando su propia historia, no tan desgraciada como se pudiera pensar, salvo por el final. Pues siempre puso pasión en todo y muchas veces llegó a sentirse afortunada, pese a tantas vicisitudes. Porque si algo tiene 'la Gibraltareña' es la capacidad de ver lo positivo de las cosas, de crecerse ante la adversidad con todo el arte del mundo.

En 'Gibraltareña', Elisa Matilla se enfrenta al personaje con la misma ternura que despierta Lola, aguantando el tipo pese a la crudeza de las cosas que cuenta, la cual contrarresta a base de una inocencia inusitada. El público pudo así empatizar con ella, encariñarse incluso, hasta tal punto que la despedida se hace difícil aunque acaba levantando un sonoro aplauso.

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