Homenaje al recordado filósofo ubetense Esteban Molina González

Intervención de 'El Tato' y Juan Manuel Álvarez./ROMÁN
Intervención de 'El Tato' y Juan Manuel Álvarez. / ROMÁN

Reunió en la iglesia de San Lorenzo a un buen número de amigos, familiares, compañeros y alumnos

ALBERTO ROMÁNÚbeda

La iglesia de San Lorenzo fue el lugar elegido por amigos, familiares, compañeros y alumnos para rendir homenaje al filósofo ubetense Esteban Molina González, fallecido en 2012. Un acto organizado por iniciativa de un grupo de ellos, contando con la colaboración de la Fundación Huerta de San Antonio, responsable de recuperar el citado templo para la cultura.

Con este encuentro en torno a la palabra, los recuerdos, la música e incluso la fotografía, se quiso recordar a alguien muy especial, en lo personal y en lo profesional, que dejó huella en quienes lo trataron de cerca. Bajo el título 'Homenaje a Esteban Molina González, un filósofo de la libertad', en el acto intervinieron Tomás Valladolid Bueno, Francisco Ruiz Juan, Francisco Checa Olmos, Alfonso Galindo Hervás, Manuel Ruiz Amezcua y, poniendo el broche de oro con flamenco, el cantaor Francisco Delgado 'El Tato' acompañado a la guitarra por Juan Manuel Álvarez.

Además, en la sacristía de San Lorenzo se inauguró la exposición de fotografía 'Una incierta complicación', de Encarna García Cabrero, fotógrafa y antigua alumna del homenajeado. En ella ha tratado de mostrar la triple faceta que caracterizó a Esteban Molina como profesor, filósofo y hombre amante de la escritura, de la gastronomía, de la música y de las artes marciales, entre otras muchas pasiones.

La técnica empleada en las instantáneas es «un intento por visualizar su espíritu, su inevitable carácter dialéctico y relativo, siempre por hacer». Para ello, la autora ha utilizado una cámara de gran formato y ha positivado de forma artesanal, mediante procesos fotográfico del siglo XIX, conocidos como 'procesos nobles'. También, en ocasiones, ha usado las dobles exposiciones, así como el espacio negativo versus el espacio positivo, seguido del equilibrio que transmite la imagen con una amplia gama de grises. Incluso ha utilizado elementos como café, té o vino para realizar virajes y teñidos sobre diversos papeles y soportes.

Filósofo

Esteban Molina González nació en Úbeda en 1961 y falleció en 2012, a escasos días de cumplir cincuenta y un años. Sus restos reposan en el cementerio de su ciudad. Durante su infancia y adolescencia fue un excelente alumno del colegio público Sebastián de Córdoba (La Explanada) y del instituto San Juan de la Cruz. En la Universidad de Granada cursó los estudios de licenciatura en Filosofía, obteniendo en la Universidad Complutense de Madrid el grado de doctor con la máxima calificación.

Desde el año 1984, hasta su muerte, fue profesor de Filosofía en varios centros de Secundaria, entre ellos el instituto Santísima Trinidad de Baeza y el IES Los Ángeles de Almería. Completó su labor docente, de manera temporal, como profesor asociado en la Universidad de Almería. Formó parte de grupos y seminarios de investigación de dicha universidad así como de otros adscritos al Instituto de Filosofía del CSIC (Madrid), a la Universidad de Murcia, al Centro de Estudios de Política Comparada de México y al Centre de Recherches Politiques Raymond Aron de París.

Sus estudios y trabajos son fundamentalmente una reflexión sobre la democracia y el totalitarismo, sobresaliendo su libro 'La incierta libertad' (México, 2001), revisado y traducido al francés con el título 'Le défi du politique' (L'Harmattan, 2006). Como reconocido especialista en filosofía política francesa contemporánea, fue editor, introductor y traductor (editoriales Anthropos, Trotta y Herder) de varias obras de Claude Lefort, Marcel Gauchet y Pierre Manent, entre otros. Asimismo, colaboró de forma habitual en revistas de pensamiento político como 'Archipiélago', 'Claves', 'Anthropos', 'Enrahonar', 'Metapolítica' o 'Res Publica'.

A lo largo de su obra, el interés filosófico se centró en pensar las condiciones políticas de una vida democrática en libertad. Entre ellas, tuvo como ineludible condición a la amistad, pues en la línea del pensamiento de La Boétie (al que tan bien conocía y al que tanto dio a conocer) fue consciente de que un tirano no tiene amigos y un esclavo no puede tenerlos.

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