Una iglesia abierta a la cultura

Colocación de la cubierta sobre la cúpula el 20 de mayo de 2014./FUNDACIÓN HUERTA DE SAN ANTONIO
Colocación de la cubierta sobre la cúpula el 20 de mayo de 2014. / FUNDACIÓN HUERTA DE SAN ANTONIO

La Fundación Huerta de San Antonio rescató San Lorenzo hace algo más de cuatro años y desde entonces viene siendo escenario de numerosas actividades en Úbeda

Alberto Román
ALBERTO ROMÁNÚbeda

La iglesia de San Lorenzo de Úbeda permaneció muda durante casi una centuria. En ese tiempo, pocos fueron los ojos que se posaron sobre ella. Pasó desapercibida para historiadores y amantes del arte, incluso para los viandantes. En comparación con los templos hermanos de Úbeda, despertó poco interés. No había en ella alardes monumentales de excepción, ni escondía reliquias que venerar. Durante esas décadas, a la iglesia de San Lorenzo sólo le quedaba agonizar, poco a poco, y en silencio. Se la fue despojando de cuadros, de muebles, santos, campanas y solerías. La lluvia se colaba en cascada por los huecos de la techumbre, arrollando artesonados, pinturas y escayolas. Los muros se agrietaban y desmoronaban, hinchados por la hiedra y la humedad.

Se hubiera desplomado San Lorenzo, poco a poco, en silencio, si no hubiese aparecido la Fundación Huerta de San Antonio. Una institución formada por tres comprometidos hermanos ubetenses, Nicolás, Antonio y Manuel Berlanga, que se hizo cargo del edificio al objeto de darle una nueva vida, una oportunidad de permanecer erguido para proteger en el interior toda su historia pasada, la conocida y la desconocida, garantizándole un futuro encaminado al fomento de la cultura, la revitalización del entorno y la preservación de la memoria de todo un barrio, de sus gentes, sus vidas y sus oficios.

Esta nueva etapa ya grabada en la cronología del templo comenzó hace algo más de cuatro años, en 2013, después de que los vecinos del barrio primero, y los ciudadanos de Úbeda después, levantaran la voz al grito de «¡salvemos San Lorenzo!», incapaces de asistir sin sonrojo al derrumbe de un inmueble que ha resistido más de ochocientos años en pie, emplazado en el corazón de una ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Los hermanos Berlanga buscaban un lugar en Úbeda en el que desarrollar un proyecto relacionado con el encuentro de culturas, y el Obispado de Jaén, como titular de la iglesia, necesitaba una fórmula eficaz para ir mucho más allá de unas simples obras de mantenimiento.

Los astros se alinearon, se dieron una serie de casualidades y circunstancias especiales, surgió la idea, comenzaron las conversaciones y en el mes de mayo de 2013, mes y medio después de constituirse formalmente la fundación, se estaba firmando con el Obispado el acuerdo de cesión temporal de uso por 50 años (con posibilidad de prórroga por 10 más).

Poco más tarde, en agosto, se ponía en marcha el programa ‘San Lorenzo. Abierto por obras’, que ha caracterizado el proyecto desde el principio, abriendo las puertas de par en par para compartir con todo el mundo las intervenciones, los hallazgos, los espacios y las propuestas culturales. Sin duda, la mejor fórmula para conseguir a cambio preocupación, interés y, lo más importante, implicación de los ciudadanos en la que seguramente sea la iniciativa más interesante que se ha materializado en Úbeda en el último siglo.

Comenzaban así las visitas guiadas, que en todo este tiempo solo se han visto interrumpidas si, por cuestiones de seguridad, lo requerían los trabajos realizados en el interior. Y a finales de agosto de ese mismo 2013 se iniciaban las obras de rehabilitación estructural urgente, destacando por la realización de una nueva cubierta y el refuerzo de muros. Se garantizaba de esta forma la solidez del armazón exterior para después ir actuando dentro.

Al amparo del calor popular, San Lorenzo abría de nuevo y con timidez su viejo portón de madera, después de ochenta años lacrado, mostrando el deterioro galopante al que fue sometido durante el tiempo de oscuridad, y las costuras y vendajes de una intervención quirúrgica en la que se repararon, de urgencia, techos, muros y artesonados. Y, sin embargo, escondiendo bajo su apariencia desolada el latido de una insólita energía, un desbordante pálpito de vida. Como el enfermo que despierta de un coma profundo y se esfuerza en saber quién es, en reconstruir su pasado.

A principios de 2014 siguen los trabajos en el interior. Aquí y allá surgen hallazgos, indicios, pistas para recomponer la memoria perdida de San Lorenzo. Entre sus gruesos muros, emparedado, emerge un sorprendente arco románico. Hay señales de una nueva y misteriosa puerta en la fachada norte. Se descubre el ábside semicircular de la primitiva fábrica románica. También enigmáticas piezas de escultura y retazos de tablillas policromadas que son como un auténtico rompecabezas.

Interés

Consigue San Lorenzo despertar el interés de estudiosos e investigadores, el interés de los ciudadanos, que vuelven su mirada hacia el templo para descifrar sus emocionantes secretos. Y es que, es una vigorosa caja de sorpresas, un fantástico espacio para imaginar su atribulada historia y la del resto de los templos ubetenses.

Resulta emocionante imaginar a los caballeros de capa y espada encomendarse en la penumbra de un templo románico antes de partir al campo de batalla. Recrear un fastuoso entierro con terciopelos en una capilla de arco apuntado, o una pomposa ceremonia bajo la aseada cúpula de yeserías barrocas. Incluso creer escuchar el lánguido tañido de las campanas para marcar el riego de las huertas.

Enterramientos

Las excavaciones arqueológicas iniciadas poco después, con el descubrimiento de las criptas, los enterramientos, numerosos restos óseos y nuevas pistas sobre el origen del edificio, no harían más que aumentar las ganas de seguir trabajando. Se hizo en la sacristía, en el adarve, en una puerta recuperada al fondo de la nave y en el patio anexo, siempre manteniendo las visitas para ir explicándolo todo.

Lo más reciente que se ha hecho ha sido la primera fase de los trabajos de conservación y restauración del alfarje policromado del sotocoro, una especie de artesonado que hay al fondo de la nave del templo bajo el coro. En un pequeño sector ya se puede apreciar el magnífico resultado al compararlo con lo que aún no se ha tocado. Otra parte, hasta llegar aproximadamente a la mitad de su superficie, se ha cubierto con un papel especial que sirve para fijar y limpiar la primitiva policromía, y que será retirado progresivamente conforme continúen los trabajos. Existe un compromiso para ello, también de la Fundación Caja Rural de Jaén que subvencionó la primera fase y pretende seguir aportando en las sucesivas.

Paralelamente se han ido mejorando las instalaciones en lo referente a confortabilidad y condiciones para las distintas actividades, mediante la colocación de ventanas para aislar la nave y un sistema de climatización en la sacristía, la instalación de iluminación y aseos, o la adquisición de un equipo de sonido, entre otras muchas cosas.

Visitas de Antonio Muñoz Molina y Joaquín Sabina y mercado de productos de las huertas del entorno. / ROMÁN

Muñoz Molina y Sabina, fieles parroquianos

Junto a las obras, otra cosa que no ha faltado desde que el templo reabrió sus puertas ha sido una intensa programación de actividades culturales que no sólo ha ampliado con creces la rica oferta que existe en Úbeda, sino que además ha dado vida al entorno. Conciertos, exposiciones, charlas, presentaciones de libros, representaciones teatrales, recitales poéticos, residencias artísticas, talleres, propuestas gastronómicas, desfiles y hasta mercados de productos de la huerta han tenido como marco San Lorenzo, que además se suele utilizar de escenario para algunas de las principales citas culturales que hay en la ciudad, como la Muestra de Teatro de Otoño, el Festival Internacional de Música y Danza, el Festival de Cuentos ‘En Úbeda se cuenta…’ o el Festival de Música antigua de Úbeda y Baeza.

Grandes nombres de la música, la interpretación, el arte o la literatura han pasado por allí para participar en distintos actos. Y entre todos ellos cabe destacar a dos ilustres ubetenses, Antonio Muñoz Molina y Joaquín Sabina, que se han convertido en asiduos parroquianos de San Lorenzo, absolutamente convencidos de todo lo positivo que es lo que entre sus muros se está desarrollando.

El Premio Príncipe de Asturias de las Letras fue la primera celebridad que pasó por el templo, en el barrio de su niñez, suponiendo un gran espaldarazo al proyecto. Estuvo por primera vez el 29 de junio de 2014 para hablar sobre la tradición oral. Y volvió el 7 de enero de 2015 a presentar su novela ‘Como la sombra que se va’ y el 20 de abril de 2017 para mantener un encuentro con estudiantes de bachillerato.

Siempre ha mostrado su compromiso con la recuperación de San Lorenzo para la cultura. Incluso permitió a la Fundación Huerta de San Antonio editar ‘La puerta de la infamia’, el libro que recopila las crónicas que el escritor y académico ubetense publicó en el diario El País entre mayo y julio de 1998 sobre el juicio del llamado ‘caso Marey’, cediendo todos los derechos para que con los beneficios se pueda continuar con el proyecto de rehabilitación.

La fundación, con la colaboración de la UNED, montó además la exposición itinerante ‘Antonio Muñoz Molina. De Úbeda a Mágina, la forja de un escritor’, con motivo del 30 aniversario de la publicación de la novela ‘Beatus ille’.

Respecto a Joaquín Sabina, conoció el templo gracias a las Jornadas ‘Sabina por aquí’ organizadas por Peor para el Sol, colectivo que ha hecho de esta iglesia desacralizada su casa y ha donado gran parte del material de sonido e iluminación. El cantautor, al igual que su paisano escritor, se declaró desde el primer momento feligrés de San Lorenzo. También estuvo en tres ocasiones, el 6 de septiembre de 2015 en una tertulia poética con Benjamín Prado, el 7 de septiembre de 2016 haciendo lo propio con Luis Garcia Montero y al día siguiente en una entrevista con público.

Las jornadas sabineras se han convertido en uno de los principales reclamos de San Lorenzo, que cada mes de septiembre es sede de la mayoría de sus actividades, incluyendo el concurso para nuevos valores de la música que el propio Sabina avala con una dotación económica para los premiados y la posibilidad de grabar una maqueta en su estudio privado. Gracias a este evento han pasado por la iglesia artistas de la talla de Javier Ruibal, Pedro Guerra, Rozalén, Pancho Varona, Antonio García de Diego, Mara Barros, Sharif, El Kanka o Rapsusklei. Y durante gran parte del año, Peor para el Sol organiza en la sacristía su ciclo de conciertos ‘Acústicos por aquí’, recitales en pequeño formato de todo tipo de intérpretes para un público limitado.

Otros nombres propios

El juez Baltasar Garzón, el escritor y jurista ubetense Miguel Pasquau, el periodista Bonifacio de la Cuadra, el grupo Guadalupe Plata, la cantante Zahara, el actor Emilio Gutiérrez Caba, el pintor Juan Vida, el director de cine Ramón Gieling, el cantautor Amancio Prada, la actriz Rosario Pardo, el periodista Javier Gallego, el dibujante Nono Granero, el escritor Javier Reverte, el fotógrafo José Manuel Navia o la compañía La Zaranda con una exposición de sus cuarenta años de trayectoria, son otros nombres propios a destacar en este uso cultural de San Lorenzo.

Y mucho más

La Fundación Huerta de San Antonio mantiene colaboraciones habituales a través de convenio con la UNED, la Escuela de Arte 'Casa de las Torres', la Universidad de Jaén o la Fundación Internacional Baltasar Garzón, para el desarrollo de diversas actividades. Paralelamente desarrolla iniciativas tan variadas como huertos de ocio que cultivan los ciudadanos o, gracias al pintor Juan Vida, una colección editorial denominada 'Juancaballos' abierta a la poesía y a la narrativa, especialmente preocupada de recuperar la memoria oral.

Un espacio vivo, siempre cambiante

Después de ochenta años de olvido y silencio, desde 2013 San Lorenzo tiene abiertas sus puertas de nuevo, y además con una fuerza desconocida. Un edificio dispuesto a seguir deparando sorpresas, a deleitar a los ciudadanos del mundo con los descubrimientos de la arqueología, con las disciplinas del arte y la arquitectura, con sus historias singulares, con sus personajes. Ha ido perdiendo la timidez con la que abrió y cada vez es más firme su intención de no cerrar sus puertas más, ni siquiera en obras. A cambio, ofrece un extraordinario espacio para disfrutar con la cultura y el conocimiento, pero también para dar rienda suelta a la imaginación, para soñar. Un espacio vivo, siempre cambiante, donde jamás vuelva a incubar el silencio y el olvido.

Intervención en el alfarje, los hermanos Berlanga y excavación arqueológica. / ROMÁN Y MARCELO GÓNGORA

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