«Nadie ha llegado tan lejos en el uso del lenguaje como Joaquín Sabina»

Javier Menéndez Flores durante su ponencia.
Javier Menéndez Flores durante su ponencia. / ROMÁN

El periodista y escritor Javier Menéndez Flores clausuró el curso que ha impartido la UNED sobre el cantautor ubetense

Alberto Román
ALBERTO ROMÁNÚbeda

«Sabina es infinito», aseguró el periodista y escritor Javier Menéndez Flores al iniciar su ponencia de clausura del curso que, sobre la figura y la obra del cantautor ubetense, impartió durante tres días el centro asociado de la UNED en la provincia de Jaén a través de su sede de Úbeda, con la colaboración de la Fundación Huerta de San Antonio y el colectivo Peor para el Sol.

Efectivamente es infinito. Solo sus canciones darían, como mínimo, para diecisiete cursos como éste, tantos como discos de estudio tiene. Y si a eso le sumamos su poesía, otros textos, colaboraciones, influencias propias y en otros artistas y un interminable anecdotario, hay materia para rato. Esperemos que la UNED sepa aprovecharlo con nuevas e interesantes ediciones.

Ayer Menéndez Flores se centró en cómo Joaquín Sabina se retrata a sí mismo en su obra con datos autobiográficos y referencias a su persona y a sus canciones. Lo hizo con conocimiento de causa, pues escribió la biografía autorizada del cantautor 'Perdonen la tristeza' (2000), que pronto se reeditará actualizada con lo acontecido en los últimos diecisiete años, y también ha publicado 'Sabina en carne viva. Yo también sé jugarme la boca' (2006), que contiene una larga conversación entre ambos, y 'Sabina. No amanece jamás' (2016), un exhaustivo estudio de las letras de sus canciones combinado con otros datos.

El periodista y escritor valoró del cantautor su capacidad para la ironía y ensalzó su forma de escribir. «Nadie ha llegado tan lejos en el uso del lenguaje», dijo ante los presentes durante una ponencia brillante y plagada de matices. De esta forma, consideró que no sería descabellada su inclusión en la Real Academia de la Lengua (RAE), tal y como defienden algunos académicos y entendidos del ramo, o su elección como Premio Cervantes ahora que parece haberse abierto una pequeña puerta en ciertas instituciones tras la concesión del Premio Nobel a Bob Dylan.

«Toque el tema que toque, Joaquín Sabina siempre está hablando de sí mismo» en sus canciones, aseveró, pues su «vida es carne de canción». Pero es que, además, consigue que quien está al otro lado se identifique, bien porque le ha ocurrido algo similar o porque le encantaría que le ocurriera.

No obstante, Javier Menéndez Flores también aseguró que «el ubetense es un mentiroso genial que juega al despiste». ¿Y qué más da? Lo importante es que ha sabido calar hondo, convirtiéndose en un autor indispensable.

Finalizó así este curso que, gracias a la presencia de un buen número de expertos favoreció la reflexión sobre la obra de un artista universal desde un punto de vista lingüístico, literario, social e incluso geográfico, y el análisis de las letras de sus canciones así como de los relatos que incluyen las mismas, relacionándolo todo ello con su figura y sus influencias, todo lo cual adquirió una dimensión especial por celebrarse en la ciudad que le vio nacer.

Junto a Menéndez Flores, entre los ponentes estuvieron Pancho Varona, Emilio de Miguel, Javier Rioyo, María Teresa Caro, Fernando Gea Martínez, Guillermo Laín Corona, Rocío Ortuño y Julio Neira, quien dirigió el curso. Dentro de las actividades paralelas, San Lorenzo acogió un concierto y recital poético de Diego Ojeda y Carlos Salem, y un recital de poesía de Ioana Gruia y Mónica Doña. Además se desarrolló una visita guiada a la Úbeda de Joaquín Sabina.

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