El Jueves Santo se vivió en la calle

Mantillas acompañando a la Virgen de la Esperanza.
Mantillas acompañando a la Virgen de la Esperanza. / ROMÁN
  • Durante la jornada hubo cinco procesiones, una matinal, dos de tarde y dos nocturnas, que hicieron que la multitud se fuera moviendo en base a los itinerarios de las distintas hermandades

Con la llegada del Jueves Santo, acompañado además por un tiempo de lo más agradable, primaveral tirando a veraniego, se multiplicó el número de personas en las calles para disfrutar de las diferentes procesiones y de todo lo que ofrece Úbeda a nivel turístico, gastronómico y cultural.

Fue un jornada intensa que se vivió en la calle desde la mañana a la noche, en la que se desarrollaron cinco desfiles (uno matinal, dos de tarde y dos nocturnos) que hicieron que la multitud se fuera moviendo en base a los itinerarios de las distintas hermandades y a sus horarios de entrada y salida. Y entre medias, bares, restaurantes y cafeterías fueron los lugares idóneos para reponer fuerzas y dar una tregua a los pies. Aunque lo de encontrar mesa ayer no fue tarea fácil.

Úbeda vivió así uno de sus días grandes, preámbulo de una jornada, la de hoy, que también se prevé multitudinaria. A las once y media de la mañana hacía su salida desde la Basílica Menor de Santa María de los Reales Alcázares la cofradía de Nuestro Señor de la Oración en el Huerto y Nuestra Señora de la Esperanza. Una hermandad con más de siete décadas de historia a sus espaldas que ha sabido guardar las tradicionales formas de procesionar en Úbeda. El próximo 2018 se cumplirán 75 años de su primera salida.

El grupo escultórico y la imagen de la Virgen son de Federico Coullaut Valera, siendo los pasos de Alfredo Lerga Victoria. El palio es de Angulo de Lucena y los bordados están en ejecución. Abrieron el desfile las cornetas y tambores de la banda de cabecera, que fue seguida por numerosos hermanos, incluyendo muchas mujeres vestidas de mantilla acompañando a la Virgen de la Esperanza. El itinerario discurrió por el casco histórico y la zona centro de la ciudad Patrimonio de la Humanidad, generando muy bellas estampas ante los edificios monumentales.

Terminó el desfile pasado el mediodía en el mismo templo desde el que partió, donde los titulares quedaron a la espera de volver a salir esta noche en la Procesión General acompañando al Santo Entierro.

Desde San Isidoro

A las cinco y media de la tarde le tocó el turno a la cofradía de Nuestro Señor en la Columna y María Santísima de la Caridad, que volvió a congregar a una multitud de personas en el claro de San Isidoro para contemplar su salida. Una vez que llegó la banda y el guión, ya no cabía ni un alfiler. La emoción fue patente cuando se abrieron las puertas y, de entre una gran humareda de incienso, surgió la talla del Cristo. Así viene ocurriendo desde hace tres cuartos de siglo, pues ayer se cumplían 75 años de su primera salida procesional.

Incienso para el Cristo de la Columna.

Incienso para el Cristo de la Columna. / ROMÁN

El titular de esta cofradía fue la primera imagen que llegó a la ciudad de Francisco Palma Burgos, autor igualmente de los sayones que le acompañan y de la Virgen así como de los dos tronos. Unos metros más adelante el paso desfilaba ante el busto que la ciudad dedicó al imaginero malagueño que tanto aportó a la Semana Santa ubetense.

El Cristo de la Columna, acompañado por su banda de cornetas y tambores, fue llevado sobre el hombro por 120 portadores repartidos en doce varas, quienes debieron seguir muy atentos las indicaciones del capataz para iniciar el recorrido, todas ellas ajustadas al milímetro debido a las estrecheces que se dan en las calles que circundan el templo. No hubo problemas, pues son ya muchos años haciéndolo y además los ensayos resultan muy útiles.

Posteriormente cruzó la puerta del templo la Virgen de la Caridad, con palio de Manuel Seco Velasco, precedida por numerosas mantillas. La hermandad volvió a su templo pasadas las nueve de la noche.

Desde San Pablo

A las seis de la tarde hacía lo propio la Real Cofradía del Santísimo Cristo de la Humildad y Nuestra Señora de la Fe, en este caso partiendo desde la iglesia San Pablo. La imagen del titular es obra de Amadeo Ruiz Olmos, también autor de la Virgen. Respecto al trono del Cristo, es de Francisco Palma Burgos, y el de la titular mariana es de Paula Orfebres y presenta algunas hornacinas en las que se pueden ver pequeñas imágenes realizadas por Pedro Millán. Nuestra Señora de la Fe estrenó candelería como parte de la segunda fase del proyecto de elaboración del nuevo trono, y algún que otro detalle como una medalla y un pañuelo.

Abrió el desfile la impresionante banda de soldados romanos de la cofradía, cuyos toques de tambores y trompetas son muy característicos, diferentes a los del resto de bandas. Esta centuria IX Hispana es uno de los mayores atractivos de la hermandad junto a los pretorianos que custodian el trono del ‘ecce homo’, a los que se añadieron este año como novedad unos soldados asirios custodiando el trono de la Virgen, cuatro nuevos figurantes con unos trajes muy trabajados y que tienen su significado dentro de la historia.

Romanos de la Humildad.

Romanos de la Humildad. / ROMÁN

En todos los casos lucen unas vestimentas que reproducen los uniformes de la época. Siguen añadiéndose detalles a los mismos, también en los elementos que portan, como es el caso de dos nuevas águilas para los estandartes. La intención de la cofradía es ir completando la centuria romana y los escoltas.

La procesión, en la que también participaron muchas mantillas, se encerró bien pasadas las nueve y media de la noche en el mismo templo desde el que partió. Esta cofradía ya ha superado el siglo de vida.

Desde San Miguel

En la recta final del Jueves Santo, a las diez de la noche y comenzando desde la iglesia de San Miguel de los padres Carmelitas Descalzos, hizo su salida la cofradía carmelitana de silencio del Cristo de la Buena Muerte, anunciando la crucifixión de Jesucristo por las calles del centro histórico en su habitual ambiente de reflexión, recogimiento y austeridad. En el arranque, que suele abarrotar de personas la pequeña plaza delantera del templo, se contó con la música del Coro Llama de Amor Viva.

Muy característico de esta hermandad es que la imagen va llevada a hombros, sin trono ni andas, por dos escuadras de cuatro cofrades que pueden así sentir el contacto directo con su titular. Es obra de Enrique Pariente Sanchís, algo que se desveló hace un par de años gracias a un minucioso trabajo de investigación que desarrolló el que fuera hermano mayor de la cofradía, Leonardo Tallada, y que publicó en forma de libro.

De esta procesión destaca también su banda, compuesta por timbales que rompen el silencio de la noche. Tras una parada en el convento de las Carmelitas Descalzas, religiosas que entonaron unos cánticos, el itinerario finalizó de nuevo en la iglesia de San Miguel a eso de las doce y media de la noche.

Cristo de la Buena Muerte.

Cristo de la Buena Muerte. / ROMÁN

Desde Santa Teresa

Quedaba una cita más, la de la Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Señor en Su Sentencia y María Santísima de las Penas que, a partir de las once y desde Santa Teresa, por quinto año procesionó a su titular mariana, obra de Francisco Romero Zafra. Respecto al Cristo y las imágenes que lo acompañan son de José Antonio Navarro Arteaga.

La Sentencia fue la primera hermandad que desfiló con dos tronos llevados por costaleros y tiene gran seguimiento su banda de cornetas y tambores María Santísima de las Penas. Respecto al itinerario, discurrió desde el barrio de San Pedro en la zona norte de la ciudad hasta el convento de Santa Clara en el casco histórico. Allí, ante las religiosas, se llevó a cabo la tradicional estación de penitencia para después regresar a la iglesia de Santa Teresa desde la que partió. Ocurrió a eso de las cinco y media de la madrugada.