Quince años y mucho que celebrar

Intervención del escritor ubetense Salvador Compán./ROMÁN
Intervención del escritor ubetense Salvador Compán. / ROMÁN

Ubetenses que ejercen como embajadores de la ciudad fueron protagonistas del quince aniversario de su declaración como Patrimonio de la Humanidad

ALBERTO ROMÁNÚbeda

Tal día como ayer, hace quince años, Úbeda y Baeza recibían jubilosas la noticia de su declaración como Patrimonio de la Humanidad por parte de la Unesco. La buena nueva llegaba a media tarde desde París, donde se reunió el Comité de Patrimonio Mundial, y en ambas ciudades se pregonó a los cuatro vientos con un repique general de campanas que dio paso a una gran fiesta.

Ese ambiente festivo y todo lo que vino después fue rememorado en Úbeda durante un acto conmemorativo de este quince aniversario en el que fueron protagonistas ubetenses que destacan por su trabajo o trayectoria en diferentes ámbitos y que ejercen como embajadores de la ciudad. Unos intervinieron de manera presencial y otros a través de unos vídeos que grabaron para la ocasión al serles imposible estar presentes por motivos personales o profesionales.

Tras una recepción con entrega de obsequios ofrecida a los invitados en los sótanos del Ayuntamiento, donde se encuentra el Centro de Interpretación 'Andrés de Vandelvira', todos se situaron ante la imponente fachada de la Sacra Capilla de El Salvador, en la monumental plaza Vázquez de Molina, donde se ensalzó la universalidad de la ciudad, sus valores patrimoniales y humanos adquiridos de muchas generaciones anteriores y la responsabilidad que supone ser Patrimonio de la Humanidad.

El acto, cuyo escenario estuvo flanqueado por soldados renacentistas, comenzó con el saludo, desde la pantalla, de la alcaldesa de Baeza, Lola Marín, que en ese momento se encontraba conmemorando el mismo aniversario en la vecina y hermana localidad. Después intervinieron presencialmente la artista Ángeles Agrela, el doctor en Ciencias del Trabajo y Abogado Juan José Almagro, los músicos Luis Miguel Cobo, Paco Ortega y Carlos Jimena (de Guadalupe Plata), los escritores Salvador Compán y Jesús Maeso, el barítono Damián del Castillo, quien no dudó en entornar parte del 'Himno de Úbeda', y el publicista Rafael Fortis. Y a través de un vídeo se asomaron a la abarrotada plaza el modisto Moisés Nieto y los músicos Joaquín Sabina y Zahara. Todos ellos grandes embajadores de la ciudad y ubetenses orgullosos de serlo.

El acto lo cerró la alcaldesa de Úbeda, Antonia Olivares, quien hizo un repaso del camino recorrido sin olvidar hablar de lo que queda por recorrer. Tuvo además palabras de agradecimiento a sus antecesores en la Alcaldía de Úbeda, presentes en su mayoría entre los invitados junto a la corporación actual, pues «contribuyeron, de una manera u otra, al desarrollo y la consecución de la declaración de la Unesco y es justo reconocerles el trabajo, la entrega y la ilusión que pusieron para que este nombramiento fuera posible».

El broche de oro a esta cita se puso con la proyección, sobre la fachada de El Salvador, de un video mapping creado para la ocasión que, como el año anterior, vieron cientos de ubetenses allí congregados. Las imágenes dieron vida a las centenarias piedras del emblemático templo, narrando una leyenda de la ciudad, en este caso la de un niño cantor perteneciente a los seises de El Salvador. Posteriormente hubo dos sesiones más para los rezagados o para quienes prefirieron menos bullicio.

Público asistente al acto, vídeo mapping en la fachada de El Salvador e intervención de Damián del Castillo. / ROMÁN

Después del repique de campanas

Hace quince años, tras la decisión de la Unesco, los habitantes de Úbeda y Baeza sintieron una satisfacción especial, como si hubiera llegado el fin de una carrera de fondo, pero en realidad era el principio de un nuevo recorrido que había que asumir con mayor fuerza, como si se tratara de una carrera de relevos en la que un corredor finaliza exhausto a la vez que otro inicia el itinerario con las fuerzas intactas.

La fiesta, la música y los cohetes de aquel 3 de julio de 2003 pasaron, dejando tras de sí un rastro de ilusiones que en algunos casos se han visto cumplidas con creces, y en otros se han quedado solamente en eso, en ilusiones. Con respecto a los objetivos hechos realidad, el principal cambio que se ha notado en esta década y media ha sido el incremento del número de visitantes que las dos ciudades renacentistas reciben anualmente, lo que ha llevado aparejado un crecimiento del sector turístico, sobre todo en lo que se refiere a hostelería, alojamientos y servicios. Esto se ha percibido notablemente en el casco histórico.

Otro importante revulsivo, que marcó un antes y un después, fue la inclusión de Úbeda y Baeza en la Asociación Española de Ciudades Patrimonio de la Humanidad de España, algo que se materializó hace unos años y que ha supuesto un enorme espaldarazo, mayoritariamente a efectos de promoción y de participación en las más diversas iniciativas.

Pero a la contra, no han cambiado tanto en quince años asuntos tan prioritarios como las comunicaciones (sobre todo con el Levante español o en lo referente a ferrocarril) o la gestión conjunta entre ambos municipios de todo lo que tiene que ver con la declaración.

Al respecto, los dos ayuntamiento anunciaron en los últimos días que están trabajando en la composición de un órgano que sirva para tratar todos los temas relacionados con el desarrollo del Plan Especial de Protección del Centro Histórico, algo a lo que obliga la Unesco y que vendrá muy bien para cuando llegue la revisión de la declaración. Este órgano se está terminando de diseñar y pronto será aprobado en ambos plenos.

Teniendo en cuenta que ser Patrimonio de la Humanidad siempre es positivo, conlleva un aspecto un tanto negativo, y es que se pierde el factor sorpresa. El hecho es que antes del reconocimiento, cualquier turista quedaba prendado con sólo llegar y girar 360 grados en la plaza Vázquez de Molina de Úbeda o en la plaza de Santa María de Baeza. Y ahora, al ser consciente de que visita un destino Patrimonio Mundial, el viajero trae unas expectativas que deben ser cubiertas.

No obstante, según responsables del sector, el factor sorpresa se ha desinflado para el visitante español pero no para el extranjero, que suele ser de nivel económico alto y que viaja a la carta a través de touroperadores. En ello influye que ambas localidades no estén masivamente explotadas y sea agradable pasear por ellas.

El futuro de los dos municipios debe pasar por el turismo, pero también por la cultura. Úbeda y Baeza tienen edificios que son el gran atractivo, pero hay que generar más movimiento a su alrededor, marcando la diferencia con respecto a otros destinos, junto con la promoción del turismo de congresos y reuniones. En ese camino se está trabajando desde hace unos años.

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