El 'Retablo de la escopeta'

Helí García, Juan Vida y Bernardino Sánchez Bayo ante el 'Retablo de la escopeta'./ROMÁN
Helí García, Juan Vida y Bernardino Sánchez Bayo ante el 'Retablo de la escopeta'. / ROMÁN

El altar mayor de la iglesia de San Lorenzo acoge un insólito cuadro pintado, de manera excepcional, por tres reconocidos artistas granadinos: Juan Vida, Bernardino Sánchez Bayo y Helí García

ALBERTO ROMÁNÚbeda

Pocas veces se prestan los artistas a realizar una obra en grupo. El proceso creativo implica más bien soledad y recogimiento. Es, en esencia, algo muy personal, pues cada uno tiene sus propias ideas así como su propio método para plasmarlas. Por este motivo, no ha sido fácil el trabajo realizado por los pintores granadinos Juan Vida, Bernardino Sánchez Bayo y Helí García en el 'Retablo de la escopeta', una obra de gran formato que, de forma temporal, se exhibe en el altar mayor de la iglesia de San Lorenzo.

La extraordinaria pieza, cuya realización ha sido posible gracias a la financiación de la Fundación Huerta de San Antonio, forma parte de una exposición mayor en la que los tres artistas aportan otros cuadros que sí han sido concebidos y realizados de forma individual.

La idea del 'Retablo de la escopeta' surgió hace aproximadamente un año, durante un encuentro casual de los tres autores. En él, Juan Vida expresó su entusiasmo por la obra artística que venían desarrollando tanto Bernardino como Helí. «De hecho me dijo que si nos fundiéramos en uno solo, seríamos el pintor que a él le hubiera gustado ser», explica Bernardino Sánchez, Nino para los amigos. El reconocimiento y la admiración fue recíproca, y de ahí las ganas de los tres creadores granadinos de realizar una exposición conjunta.

La iglesia de San Lorenzo fue el lugar propuesto para ello por Juan Vida, quien ya había estado en el año 2016 con la exposición 'Un cuento chino', uno de sus trabajos más sobresalientes. «Fue un completo éxtasis cuando descubrimos las posibilidades del sitio», comenta Nino, añadiendo que «en semejante espacio expositivo no nos podíamos permitir hacer una muestra de andar por casa, a medio gas». Por eso, a Sánchez Bayo se le ocurrió dar al proyecto una nueva e insospechada vuelta de tuerca: la realización de un cuadro entre los tres artistas, «a seis manos». Y, el lugar ideal para esta extraordinaria pieza sería, sin duda, el altar mayor de la iglesia de San Lorenzo.

Se trataba de una propuesta totalmente novedosa y muy arriesgada, pero que abría, a su vez, un campo lleno de nuevas e interesantes experiencias. «La verdad es que me pareció un disparate, pero entré al trapo y nos pusimos manos a la obra», afirma Juan Vida. A partir de ese momento comenzó la realización de un minucioso boceto en el que los tres creadores vertieron ideas e imágenes que evocaban y remitían, de alguna manera, a la historia particular de Úbeda, utilizando como esquema compositivo el cuadro de Tiziano sobre el martirio de San Lorenzo.

Esta parte, aunque fluida, fue bastante laboriosa, pues no debía quedar ningún cabo suelto, ni a nivel plástico ni a nivel conceptual. «Pensamos que era una fase fundamental para no perdernos en improvisaciones sobre el lienzo que nos pudieran llevar a conflictos gratuitos», aclara Nino Sánchez.

El proceso

En la visita a la ciudad de Úbeda que realizaron Nino y Helí para perfilar el proyecto quedaron poderosamente atraídos por la estatua fusilada del general Saro que preside la plaza de Andalucía. Tanto por la sugerente historia de confusión y agravio que envuelve al personaje histórico, como por ser, a su juicio, «un objeto-símbolo que habla de dos —o más— Españas, obligadas a coexistir desde antes de la Guerra Civil». Ya les planeaba esta idea en la cabeza cuando Juan Vida les envió un autorretrato suyo caracterizado de soldado para incorporarlo al boceto, y entonces todo encajó. «En seguida vimos la relación entre el 'artista-soldado' —y más tarde,'cazador'— y la estatua acribillada a balazos», asegura Helí. Para el joven pintor, uno de los aspectos más interesantes del 'Retablo de la escopeta' es la ambigüedad entre caza y guerra, «la caprichosa y a veces incomprensible diferenciación entre especies o entre bandos que posibilita la muerte, ya se llame caza o guerra. Tiene mucho de esquizofrenia, como la confusión que rodea a la figura de Saro», asegura Helí.

En el boceto, el autorretrato del pintor Juan Vida, vestido de soldado-cazador, ocupa un lugar dominante. Va acompañado por un perro blanco, y anda a través de un campo verde y fangoso del que emergen las figuras de Nino y Helí. La escena es un guiño irónico a la película de José Luis Cuerda 'Amanece que no es poco', donde los «hombres» brotan de forma surrealista, a modo de coliflores, en un huerto. «La figura de Juan se había convertido en el centro de la composición y Nino propuso que apareciésemos también nosotros. Me pareció una gran idea y lo hicimos como artistas emergentes», explica Helí.

En un segundo plano del boceto destaca la estatua del general Saro, rodeado de pájaros que parecen huir en desbandada ante la aparición del soldado-cazador. A Juan Vida, este ambiguo personaje le evoca los estremecedores versos de Rimbaud en el soneto 'El durmiente del valle': «Una verde pradera donde canta un río…». Versos dedicados a un soldado sorprendido por la muerte en un incomprensible e idílico paisaje. También la 'Historia de un soldado' de Stravinski, un cuento popular ruso en el que un ingenuo soldado es embaucado por el diablo, quien acaba robándole su alma.

La última parte del boceto, en arco, representa la noche, iluminada por una hoguera 'colgada' en el lugar de la luna. «Teniendo en cuenta el carácter laico de la obra, creo que fue una ocurrencia muy acertada sustituir el clásico claro en las nubes que deja ver la luz divina por una hoguera que, si bien no sirve de entrada al cielo, precisa de una caprichosa magia», afirma Helí. En esta parte del boceto, un avión de pasajeros cruza también el cielo oscuro con sus luces encendidas.

Manos a la obra

Una vez perfilado el proyecto del 'Retablo de la escopeta', solo quedaba poner manos a la obra, cosa que pudieron hacer gracias al apoyo de la Fundación Huerta de San Antonio, que proporcionó la logística y los materiales necesarios para la realización del proyecto: bastidores, pinturas y un gran rollo de lienzo que quedó dividido en tres piezas —de 2 por 3 metros cada una— y que se fueron turnando para que los tres artistas pudieran intervenir por igual en todas las partes del cuadro. Una labor no exenta de complicaciones, pues como afirma Juan Vida «no es fácil dar un paso atrás para que el cuadro que estás pintando no parezca un cuadro tuyo. Saber hasta dónde puedes llegar borrando o corrigiendo sin cargarte el trabajo del otro. Saber respetar sus decisiones aunque afecten a un fragmento tuyo en el que has puesto todo el esmero posible. Nada me ha resultado fácil en la elaboración de este cuadro, salvo cuando estaba pintando solo». Sin embargo, y a pesar de las previsibles dificultades, Vida asegura que «todo esto ha sido una experiencia insólita, sobresaliente y dignificante que ha merecido la pena vivir».

El realizador de origen mejicano, Miguel Ángel Martínez Venegas, ha filmado desde sus inicios todo el desarrollo de esta emocionante y arriesgada experiencia, con la intención de elaborar un futuro documental del 'Retablo de la escopeta'. Los tres artistas, además, no dudan en compartir sus experiencias. Por ejemplo, en días pasados, Juan Vida y Bernardino Sánchez Bayo hablaron en una informal 'master class' de dibujo para un grupo de la University of Washington Foundation.

Tres pintores en uno solo

Las sinergias secretas de los pintores Juan Vida, Bernardino Sánchez Bayo y Helí García les llevaron a trabajar, mano a mano y contra todo pronóstico, en la realización de una insólita obra común: el 'Retablo de la escopeta'.

Juan Vida, que inauguraba uno de sus últimos trabajos, 'Sin ir más lejos', en el Instituto de América de Santa Fe, había tenido la oportunidad de contemplar la exposición 'Una mina a cielo abierto' que Helí García había presentado en el mismo lugar anteriormente. El pintor, miembro numerario de la Real Academia de Bellas Artes de Granada, también tuvo ocasión de conocer la obra de Bernardino Sánchez Bayo, ya que fue miembro del jurado que le otorgó el primer premio del VII Certamen Internacional de Pintura Ramón Portillo-Ciudad de Motril. Tras estas felices coincidencias, pronto se manifestó la notoria sintonía existente entre los tres artistas nacidos en la ciudad de la Alhambra, a pesar de mantener cada uno su propia y acusada personalidad artística.

Juan Vida (Granada 1955), el más veterano, es una de las figuras más relevantes del panorama pictórico actual. Desde que realizó su primera exposición en 1968, con tan solo 13 años de edad, ha cosechado una intensa y celebrada carrera artística en la que prima su personal estilo narrativo, donde imagen y pensamiento se conjugan para indagar en los resortes ocultos de la memoria.

En la obra de Bernardino Sánchez Bayo (Granada 1978), licenciado en Bellas Artes por la Facultad Alonso Cano, destaca su sinceridad y esa extraordinaria capacidad de síntesis, de plasmar la esencia de las cosas, que ya le celebró el pintor manchego Antonio López.

Helí García (Granada 1983), el más joven, cuenta sin embargo con una sólida formación. En 2011 obtuvo el DEA (Diploma de Estudios Avanzados) en Bellas Artes. La esencia de su obra se construye a través de un profundo diálogo entre las imágenes que actúan como engranaje de la memoria, y con el uso de una vigorosa y fluida pincelada que destruye las fronteras de cada color.

Tres pintores, en suma, con un amplio currículum de exposiciones y premios, cuyas obras se encuentran entre las colecciones de arte contemporáneo más importantes a nivel nacional e internacional.

La sombras sobre el general Saro

La plaza de Andalucía de la ciudad de Úbeda está presidida por la estatua del general Saro, un personaje ensombrecido cuyo papel en la historia se presta a confusión. Por ello, fue doblemente fusilado, como así lo atestiguan los balazos que exhibe en su cabeza y pecho de bronce. Leopoldo Saro Marín fue un destacado militar poco amante de la política que, sin embargo, se vio envuelto en el golpe de Estado que desembocó en la dictadura de Primo de Rivera en el año 1923. Por este motivo, y con la llegada de la II República, fue procesado y encarcelado en 1932. Después de ser amnistiado y tras el estallido de la Guerra Civil, es inmediatamente buscado y fusilado en Madrid el 19 de agosto de 1936 por el bando republicano que lo acusa, sin prueba alguna, de ser un dictador franquista. Por el mismo motivo, la efigie de Úbeda fue también fusilada y decapitada de forma simbólica.

Sin embargo, la estatua del general Saro fue realizada por suscripción popular, y encargada a uno de los escultores más cotizados del momento, Jacinto Higueras, discípulo aventajado de Mariano Benlliure. La ciudadanía de Úbeda solo tenía agradecimiento para un hombre que se había volcado con la ciudad después de haberle declarado como Hijo Adoptivo en 1910. Gracias a su influencia, se construyeron tres grupos escolares, se abrió la Biblioteca Municipal, se impulsaron las obras del ferrocarril Baeza-Utiel así como la Comunidad de Regantes del Canal de Jandulilla, se construyó el Teatro Ideal Cinema, se abrió el Parador de Turismo, se creó la Escuela de Artes y Oficios y se reconstruyó la Casa de las Torres, entre otras nobles acciones.

Aún así, la estatua del general Saro continúa envuelta en sombras, en recelos y, sobre todo, en ignorancia. En el año 2006 la efigie, a la que Muñoz Molina hace referencia en 'Beatus Ille' y 'El jinete polaco' como del general Orduña, protagonizó una nueva y agria polémica. Con motivo de las obras de remodelación llevadas a cabo en la plaza de Andalucía, muchos vieron la oportunidad propicia para eliminar definitivamente lo que seguían y siguen considerando un símbolo franquista. No obstante, tras las intervenciones, la escultura volvió al lugar.

Juan Vida y Bernardino Sánchez Bayo hablando para un grupo de la University of Washington Foundation, otras obras de la exposición y los autores trabajando sobre el 'Retablo de la escopeta'. / A. PEZZINI y ROMÁN

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