Rock con solera por estos cerros

El maestro Rosendo durante su actuación en Úbeda./ROMÁN
El maestro Rosendo durante su actuación en Úbeda. / ROMÁN

Rosendo y Barón Rojo actuaron en Los Cerros Sound Festival junto a King Culebra y Trek

Alberto Román
ALBERTO ROMÁNÚbeda

Lo mejorcito del rock patrio con solera pasó por el escenario de la plaza de toros de Úbeda para conformar una nueva edición de Los Cerros Sound Festival, cita musical que desde hace tres años viene ambientando el pórtico de la Feria de San Miguel con buenas y variadas propuestas en las que la veteranía es un grado. No en vano, se viene tirando de nostalgia y de artistas con una solvencia y una trayectoria más que consolidada, para atraer a un público fiel y con ganas de recordar viejos tiempos y de quitarse años de encima.

En este caso, como cabeza de cartel estuvieron Rosendo y Barón Rojo, que lograron reunir sobre el albero y en el tendido (hay quien el cuerpo ya le pide estar sentado para ver estos espectáculos), a cerca de 1.500 personas llegadas desde muchos kilómetros a la redonda. Se notó la tradición rockera que hay en localidades cercanas como Torreperogil o Rus, que tuvieron una amplia representación en la plaza de toros ubetense.

Dos grupos de la zona fueron los encargados de animar el cotarro en la primera parte del festival, que todos los años suele tener en cuenta a bandas del terreno para completar su cartel. Se trató de King Culebra, de Úbeda, y Trek de Torreperogil. Los primeros, a base de clásicos de la historia del rock, aprovecharon la ocasión para despedir este proyecto musical, pues comienzan una nueva andadura bajo el nombre de La Niña Rabiosa con temas propios que pronto tendrán forma de disco y que llegarán arropados por muchos amigos y colaboradores. Así, Agustín, Alfonso y Guti dijeron adiós a King Culebra de la mejor forma que saben: bordando un concierto rebosante de buena música y extraordinarios punteos, pese que algún que otro cable les dio la lata.

Y con la gente ya viniéndose arriba, los Trek dieron forma a su tributo a Leño, quizá no el más fiel de los que existan, pues afortunadamente no van de imitadores, pero sí el más serio y respetuoso. No en vano, su homenaje al más mítico grupo de rock nacional, surge de la admiración, de años y años haciendo girar sus vinilos, casetes y cedés. El sábado, en Úbeda, se vieron además ante el reto de actuar sabiendo que por allí andaba el Rosendo, quien fuera integrante de Leño y responsable de gran parte de las canciones que estaban interpretando. Siendo como es el maestro, humilde, cabal y, sobre todo, compañero de quien se busca la vida sobre un escenario, no dudó en felicitarles y en alentarles a seguir «'pa'lante'». Un grande entre los grandes que, como los allí presentes, valoró el magnífico directo de la banda.

Oficio bien entendido

De esta forma, tras una buena dosis de Leño, la mejor continuidad del festival fue tener bajo los focos a Rosendo. Quien alguna vez lo ha visto actuar sabe de qué va la cosa: un concierto cañero y plagado de grandes himnos, un desarrollo impecable con el trío básico de guitarra, bajo y batería, un talante y una actitud de lo más coherente, una gran preocupación por tener el mejor sonido posible… en definitiva, el oficio bien entendido. Rosendo nunca ha sido amigo de grandes aspavientos, cosa que se agradece, así que se muestra ante el público como siempre.

Ante los congregados en la plaza de toros de Úbeda presentó en directo algunos temas de su nuevo disco 'De escalde y trinchera' publicado recientemente como el décimo sexto de su carrera. Y armó la marimorena con clásicos como 'Flojos de pantalón', 'Pan de higo', 'La prima Elena' 'Agradecido' o, cómo no, 'Maneras de vivir', con el que despidió el recital en todo lo alto. Impresionante su manera de tocar la guitarra, rellenando cada espacio, y hacerlo además con tanta naturalidad.

Recta final

Llegó así el final de la velada con Barón Rojo, uno de los grupos pioneros en el panorama del heavy en español que tiene al frente a los hermanos Carlos y Armando de Castro. Regalaron a los presentes una selección de sus temas más recordados, como 'Los rockeros van al infierno', 'Hijos de Caín', 'Resistiré' o 'Cuerdas de acero', que a más de uno le hicieron retroceder en el tiempo. Hubo un autentico alarde de punteos y riffs de guitarra y cientos de manos se levantaron cuando era necesario gritar inolvidables frases de estribillos como «mi rollo es el rock» o «resistiré hasta el fin».

No hubo bises y el concierto terminó con 'Siempre estás allí', baladón que alguna pareja incluso bailó cuerpo a cuerpo, quizá rememorando antiguas calenturas de juventud. Así que el espectáculo acabó en medios tiempos. Un último subidón habría sido lo suyo. Como anécdota, destacar que tras el concierto pudo pasar a camerinos para saludar a la banda un seguidor que llevaba una bolsa de plástico llena de cintas de casete de Barón Rojo. Un auténtico tesoro con el que la banda no dudó en fotografiarse.

En la parte oscura del festival quedaron algunas carencias en el sonido y, sobre todo, un año más los desorbitados precios en la barra. Sin olvidar la obligatoriedad de abonar un euro si se salía del recinto y se deseaba volver a entrar. Demasiado 'afán recaudatorio' que hace un flaco favor a una cita que tiene intención de mantenerse en el tiempo.

Barón Rojo, King Culebra y Trek. / ROMÁN Y DOMINGO EXPÓSITO

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