Sabina y Úbeda saldan cuentas pendientes

La alcaldesa, Antonia Olivares, y Joaquín Sabina ante un auditorio del Hospital de Santiago abarrotado.
La alcaldesa, Antonia Olivares, y Joaquín Sabina ante un auditorio del Hospital de Santiago abarrotado. / ROMÁN

El cantautor ubetense recibió entre aplausos la Medalla de Oro y el título de Hijo Predilecto de la ciudad | Reconoció que ha sido en los últimos años cuando su «ubetensismo militante ha vuelto a aflorar con una pujanza inesperada»

Alberto Román
ALBERTO ROMÁNÚbeda

Más ubetense que nunca, y además orgulloso de serlo, Joaquín Sabina recogió emocionado la Medalla de Oro de Úbeda y el título de Hijo Predilecto de la ciudad en un acto en el que pudo sentir de cerca el cariño y la admiración de sus paisanos. El Sabina que cuando era más joven viajó en sucios trenes que iban hacia el norte, comprobó una vez más que aquella localidad que en su día dejó atrás es muy distinta a la que ahora se encuentra cada vez que decide perderse por estos cerros. Es por eso que ahora el cuerpo le pide, y le agradece, que le lleven al sur donde nació.

El artista fue recibido con una cerrada y larga ovación y con el público puesto en pie nada más pisar el escenario acompañado por la alcaldesa, Antonia Olivares. Un gesto de reconocimiento de los ubetenses que abarrotaban el auditorio del Hospital de Santiago que se repitió dos veces más, cuando recibió la Medalla de Oro y cuando llegó el momento de la despedida.

En ese mismo espacio que Sabina ya abarrotó hace más de dos décadas, el 27 de septiembre de 1994, cuando se encargó de pregonar en verso la Feria de San Miguel, esta vez le tocó aguantar el tipo, pues la emoción era visible en su rostro. Cara a cara con su pasado, notó el cariño del presente que viene a sentar las bases de una relación de futuro. Y es que, quien antes era considerado hijo pródigo ahora puede presumir de ser oficialmente Hijo Predilecto, un ubetense que goza del respeto y orgullo del resto de los ubetenses. Quedaron así saldadas para siempre algunas cuentas pendientes y ambas partes pudieron hacer borrón y cuenta nueva.

En varias ocasiones besó la Medalla de Oro, inclinó la cabeza ante el respetable e hizo el gesto de abrazar a toda la concurrencia. Se mostró «abrumado, nervioso y con la lengua más pegada al paladar por las cosas que aquí se han dicho» y aseguró que iba a ser complicado corresponder «a las emociones que han sobrevolado la sala».

«Ya he comprendido que la Úbeda de hoy mismo no es la Úbeda aquella»

Sabina reconoció que ha sido en los últimos años cuando su «ubetensismo militante ha vuelto a aflorar con una pujanza inesperada», y ello gracias al colectivo de sabineros 'Peor para el Sol'. Aunque dijo que siempre ha sentido taquicardias de «patria chica» cada vez que un periódico de aquí o de Latinoamérica le llamaba 'El Flaco de Úbeda', o cada Viernes Santo, estando fuera de España, cuando calculaba qué hora sería en su pueblo, «si la de la madrugada morada o la de la salida de la Soledad». «Aunque a mucha honra, uno es rojillo y ateo gracias a Dios, como decía Buñuel, sigue teniendo un corazoncito de peluquera cursi de extrarradio en el que nunca falta un hueco para una media verónica de José Tomás o para las trompetas de los romanos de la Humildad», añadió.

Sobre la entrega de la Medalla de Oro y el nombramiento de Hijo Predilecto de Úbeda, aseguró que eran unos reconocimientos que nunca se había atrevido a soñar, por lo que tuvo que sacar «viejos trucos del oficio» para que sus amigos no sospecharan lo hondamente que le habían llegado al corazón. Y es que, durante décadas Úbeda y él habían vivido «casi de espaldas, por sucesivos y estrafalarios desencuentros tan municipales y espesos que no vienen al caso». «Ya he comprendido que la Úbeda de hoy mismo, no es la Úbeda aquella, que tiene otra juventud, otros oídos, otro clima...», recalcó.

Un discurso difícil

Según reconoció, no fue fácil enfrentarse al folio en blanco para escribir su discurso de agradecimiento, y aunque en los últimos meses ha estado inmerso en la vorágine de su gira 'Lo niego todo', confesó que de su mente no se borraba tan alto compromiso que tenía con los ubetenses. «Yo sólo podía pensar en escribir algo hermoso para agradecer a mis paisanos la complicidad y el reconocimiento. No dormía, no me ponía a la tarea y lo iba dejando y dejando, sintiéndome incapaz de estar a la altura, como en la canción de mi primo Joan Manuel Serrat: no hago otra cosa que pensar en ti y no se me ocurre nada. Imagínense hasta donde llegó la tensión que pensé en llamar a Benjamín Prado para que me escribiera unas gracietas con las que salir airoso del paso, hasta que anoche, tarde y mal, con el agua al cuello y con 'artículo mortis' le supliqué a mi bella parienta que me pusiera un litro de café y un par de 'whiskys', y fui hilvanando atropellada y torpemente estas palabras que les leo», explicó.

No olvidó mencionar a sus padres, «Jeromito y Adela», y a su abuelo Ramón, que aunque ya no están, seguro estarían orgullosos, «al igual que mi hermano Paco», presente en el acto junto a su familia, de que su Joaquín, «la oveja negra, el golfo, el descastado, el bohemio, el exiliado... vuelva al redil acogiéndose al calor de sus paisanos».

También se refirió a su primo, Juan José Gordillo, coordinador del colectivo Peor para el Sol, a quien definió como el «cordón umbilical» de todo lo acontecido. «Y desde luego, repetir una y otra vez mi agradecimiento a Toni, la alcaldesa, y a toda la corporación municipal, por el alto honor de vacunar entre mi pueblo y yo una herida tan honda y tan generosamente curada», dijo. A lo que añadió que Úbeda lo tendrá cuando quiera y como quiera, mostrándose a la entera disposición de la ciudad en cualquier aventura de enriquecimiento cultural que se emprenda. «Contad conmigo para que mi pueblo sea el foco de ilustración que por historia y tradición merece», aseguró, antes de terminar con un «gracias, gracias, gracias. Hasta siempre y ¡viva Úbeda!».

Agradecimientos

Por su parte, la alcaldesa dijo que lo que se materializaba con este acto no sólo era el proceso administrativo de dar cumplimiento a un acuerdo plenario sino, sobre todo, una muestra «de cariño, de amistad, de admiración, de reconocimiento y agradecimiento» hacia uno de los genios de la música de nuestro país. «En la medalla que luces hay vivencias, sentimientos, emociones y alegrías de miles y miles de paisanos tuyos, de los que yo, hoy, soy una simple portavoz, para decirte gracias en el nombre de todos los ubetenses», declaró desde el atril.

Mirando de frente al artista, y también emocionada, le lanzó una serie de agradecimientos sinceros: «gracias por la belleza de las letras de tus canciones, en las que has sabido mezclar la reflexión sobre los grandes temas de la condición humana y la crítica sarcástica. Gracias por contribuir a que Úbeda sea reconocida mundialmente. Y gracias por el futuro que tienes pensado para acrecentar tu relación con Úbeda. Gracias por todos esos proyectos con los que piensas ligarte más aún a tus paisanos, a todos nosotros».

Según aseguró Olivares, el acto trascendía lo puramente local por tratarse del reconocimiento a un artista universal. «Es un acto de afirmación de la Úbeda mejor. La Úbeda de unas personas comprometidas, dinámicas, que día a día trabajan para que su ciudad siga siendo un referente cultural, comercial, agrícola... Personas anónimas muchas veces, pero que coinciden con Joaquín en un deseo y un afán: que Úbeda sea conocida y reconocida nacional e internacionalmente como un foco vivo de cultura. A los políticos nos compete, dejando a un lado nuestras diferencias legítimas, impulsar esa poderosa corriente vital que surge del corazón de la sociedad ubetense», afirmó.

Recuerdos

Durante el acto también intervino Juan José Gordillo, quien era el encargado de resumir los méritos de Joaquín Sabina tenidos en cuenta por la comisión para otorgar las distinciones que se entregaban. Pero, siendo sobradamente conocidos y para ahorrar una perorata a los presentes de «más de catorce páginas escritas a interlineado sencillo y sin sangría», prefirió ahondar en su relación con Úbeda, desempolvando muchas vivencias, como su implicación en algunos maratones musicales de la asociación Aznaitín, que hace más de tres décadas sonaron a gloria en una ciudad que aún olía a cerrado y por los que pasaron muchos amigos del cantautor como Javier Krahe o Luis Eduardo Aute. O su presencia en otros actos y recitales. O «su compromiso civil ejercido en su propio pueblo» cuando, megáfono en mano, se manifestó con un puñado de versos contra unas polémicas obras en la plaza de San Lorenzo en el que, curiosamente, fue «el primer acto público más allá de lo artístico en el que Joaquín participaba tras cruzar su pesada y peculiar nube negra».

Los sonidos sabineros de la Agrupación Musical Ubetense

En el acto institucional, que fue conducido por Leonardo Tallada, también participó Josefina Caño, secretaria general accidental del Ayuntamiento, quien dio lectura al acuerdo del pleno municipal del 28 de julio de 2016 sobre la concesión del título de Hijo Predilecto y la Medalla de Oro de la ciudad. Y tras todo ello, la Agrupación Musical Ubetense apareció en escena para interpretar, bajo la dirección de Rafael Martínez Redondo, los célebres temas 'Y nos dieron las diez' y '19 días y 500 noches' del cantautor ubetense en versión para banda.

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