Un Jueves Santo como Dios manda

Por fin las nubes, la amenaza de lluvia, la incertidumbre y la mirada entre el cielo el móvil para ver las previsiones meteorológicas dejaron paso al sol, la tranquilidad y la ropita ligera y sin abrigo. Y con ello, miles de personas se echaron a la calle para vivir una intensa jornada, desde la mañana a la noche sin pasar por casa, y para disfrutar de las cofradías y sus estaciones de penitencia. En definitiva, un Jueves Santo como Dios manda.

Alberto Román Vílchez

Miércoles, 11 de mayo 2016, 15:56

Cinco procesiones (una matinal, dos de tarde y dos nocturnas) hicieron que la multitud se fuera moviendo en base a los itinerarios de las distintas ... hermandades y a sus horarios de entrada y salida. Y entre medias, bares, restaurantes y cafeterías fueron los lugares idóneos para reponer fuerzas y dar una tregua a los pies. Aunque lo de encontrar mesa ayer en una terraza también tuvo lo suyo de penitencia.

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Úbeda vivió así uno de sus días grandes, preámbulo de una jornada, la de hoy, que también se prevé multitudinaria. A las once y media de la mañana hacía su salida desde la Basílica Menor de Santa María de los Reales Alcázares la cofradía de Nuestro Señor de la Oración en el Huerto y Nuestra Señora de la Esperanza. Una hermandad con más de siete décadas de historia a sus espaldas que ha sabido guardar las tradicionales formas de procesionar en Úbeda.

El grupo escultórico y la imagen de la Virgen son de Federico Coullaut Valera, siendo los pasos de Alfredo Lerga Victoria. El palio es de Angulo de Lucena y los bordados están en ejecución. Abrieron el desfile las cornetas y tambores de la banda de cabecera, que fue seguida por numerosos hermanos, incluyendo muchas mujeres vestidas de mantilla acompañando a la Virgen de la Esperanza. El itinerario discurrió por el casco histórico y la zona centro de la ciudad Patrimonio de la Humanidad, generando muy bellas estampas ante los edificios monumentales.

Terminó el desfile pasado el mediodía en el mismo templo desde el que partió, donde los titulares quedaron a la espera de volver a salir esta noche en la Procesión General acompañando al Santo Entierro.

Desde San Isidoro

A las cinco y media de la tarde le tocó el turno a la cofradía de Nuestro Señor en la Columna y María Santísima de la Caridad, que volvió a congregar a una multitud de personas en el claro de San Isidoro para contemplar su salida. Una vez que llegó la banda y el guión, ya no cabía ni un alfiler. La emoción fue patente cuando se abrieron las puertas y, de entre una gran humareda de incienso, surgió la talla del Cristo, la primera imagen que llegó a la ciudad de Francisco Palma Burgos, autor igualmente de los sayones que le acompañan y de la Virgen así como de los dos tronos. Unos metros más adelante el paso desfilaba ante el busto que la ciudad dedicó al citado imaginero malagueño que tanto aportó a la Semana Santa ubetense.

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El Cristo de la Columna, acompañado por su banda de cornetas y tambores, fue llevado sobre el hombro por 120 portadores, quienes debieron seguir muy atentos las indicaciones del capataz para iniciar el recorrido, todas ellas ajustadas al milímetro debido a las estrecheces que se dan en las calles que circundan el templo. No hubo problemas, pues son ya muchos años haciéndolo y además los ensayos resultan muy útiles.

Posteriormente cruzó la puerta del templo la Virgen de la Caridad, con palio de Manuel Seco Velasco, precedida por numerosas mantillas. La cofradía echó de menos este año a uno de sus hermanos más queridos, el conocido ubetense Julián Moreno, fallecido recientemente. En honor de este histórico 'columnero', el trono de su Cristo llevó en el frente un báculo con un lazo negro. También en su recuerdo lucieron lazos negros pequeños todos y cada uno de los báculos que llevaron los miembros de la directiva. Y a la salida hubo un solo de trompeta dedicado expresamente a él, justo en el lugar donde hace un año, desde la acera, Julián veía por última vez procesionar a sus hermanos. Emoción en estado puro. La hermandad volvió a su templo pasadas las nueve de la noche.

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Desde San Pablo

A las seis de la tarde hacía lo propio la Real Cofradía del Santísimo Cristo de la Humildad y Nuestra Señora de la Fe, en este caso partiendo desde la iglesia San Pablo. La imagen del titular es obra de Amadeo Ruiz Olmos, también autor de la Virgen. Respecto al trono del Cristo, es de Francisco Palma Burgos, y el de la titular mariana es de Paula Orfebres y presenta algunas hornacinas en las que se pueden ver pequeñas imágenes realizadas por Pedro Millán.

Abrió el desfile la impresionante banda de soldados romanos de la cofradía. Esta centuria IX Hispana es uno de los mayores atractivos de la hermandad junto a los pretorianos que custodian el trono del 'ecce homo', en todos los casos con unas vestimentas que reproducen los uniformes de la época. Sus toques de tambores y trompetas también son muy característicos, diferentes a los del resto de bandas.

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La procesión, en la que también participaron muchas mantillas, se encerró bien pasadas las nueve y media de la noche en el mismo templo desde el que partió. Esta cofradía ya ha superado el siglo de vida.

Desde San Miguel

En la recta final del Jueves Santo, a las diez de la noche y comenzando desde la iglesia de San Miguel de los padres Carmelitas Descalzos, hizo su salida la cofradía carmelitana de silencio del Cristo de la Buena Muerte, anunciando la crucifixión de Jesucristo por las calles del centro histórico en su habitual ambiente de reflexión, recogimiento y austeridad.

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Muy característico de esta hermandad es que la imagen va llevada a hombros, sin trono ni andas, por dos escuadras de cuatro cofrades que pueden así sentir el contacto directo con su titular. Es obra de Enrique Pariente Sanchís, algo que se desveló el pasado año gracias a un minucioso trabajo de investigación que desarrolló durante diez años el que fuera hermano mayor de la cofradía, Leonardo Tallada, y que publicó en forma de libro.

La hermandad notó la falta de Miguel Ángel López Cordero, que fue su hermano mayor entre los años 1998 y 2004, y que falleció el pasado 29 de febrero. Al pasar por la calle Don Juan, donde residía, se tuvo un pequeño gesto en su memoria, parando al Cristo y poniéndolo de cara. Los hermanos rezaron un 'Padre nuestro'.

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De esta procesión destaca también su banda, compuesta por timbales que rompen el silencio de la noche. Tras una parada en el convento de las Carmelitas Descalzas, religiosas que entonaron unos cánticos, el itinerario finalizó de nuevo en la iglesia de San Miguel a eso de las doce y media de la noche.

Desde Santa Teresa

Quedaba una cita más, la de la Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Señor en Su Sentencia y María Santísima de las Penas que, a partir de las once y desde Santa Teresa, por cuarto año procesionó a su titular mariana, obra de Francisco Romero Zafra. Respecto al Cristo y las imágenes que lo acompañan son de José Antonio Navarro Arteaga.

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La de la Sentencia es la primera hermandad que desfila con dos tronos llevados por costaleros y tiene gran seguimiento su banda de cornetas y tambores María Santísima de las Penas, que el pasado año recuperó las plumas en sus cascos, un trabajo realizado por ellos mismos.

Respecto al itinerario, discurrió desde el barrio de San Pedro en la zona norte de la ciudad hasta el convento de Santa Clara en el casco histórico. Allí se llevó a cabo la tradicional estación de penitencia para después regresar a la iglesia de Santa Teresa desde la que partió. Ocurrió a eso de las cinco y media de la madrugada.

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