Acelerando el motor del turismo en la provincia de Jaén

Participantes en el encuentro sobre los 40 años de ayuntamientos democráticos./ROMÁN
Participantes en el encuentro sobre los 40 años de ayuntamientos democráticos. / ROMÁN

Un recorrido por los avances y algunas carencias en Úbeda, Baeza y la comarca de La Loma | La conmemoración de los 40 años de ayuntamientos democráticos propicia un encuentro entre personas que han vivido el desarrollo de la zona

Alberto Román
ALBERTO ROMÁNÚbeda

Los 'Encuentros: 40 años de ayuntamientos democráticos', organizados por IDEAL y en los que colabora la Diputación Provincial de Jaén, llegaron a la comarca de La Loma, donde Úbeda y Baeza reinan y dan calor e impulso al resto de municipios, más aún desde su declaración como Patrimonio de la Humanidad en 2003, lo cual marcó un antes y un después en la zona. Las dos ciudades, más unidas y más hermanas que nunca, fueron la excusa para sentar alrededor de la misma mesa a varias personas que conocen de primera mano su evolución, sus cambios, su idiosincrasia y su influencia. También sus carencias. Un encuentro distendido y enriquecedor que sirvió para hablar de pasado, presente y futuro. La charla fue moderada y dirigida por el delegado de IDEAL en Jaén, José Luis Adán.

«Úbeda y Baeza figuran ya en el mapa del turismo internacional, donde no estaban hasta el reconocimiento de la Unesco», aseguró Leocadio Marín, uno de los grandes conocedores de los entresijos de esta tierra tras haber sido, entre otras muchas cosas, presidente de la Diputación Provincial en la primera etapa democrática iniciada en 1979, diputado andaluz por la provincia, consejero de Agricultura y Pesca y alcalde de Baeza. Por eso ha vivido en primera persona o muy de cerca todo lo acontecido en las últimas cuatro décadas «de paz y prosperidad», señaló.

En su opinión, hubo otro punto de inflexión para Úbeda y Baeza, que fue su inclusión, tras mucho trabajo en los despachos y muchos tiras y aflojas, en el Grupo de Ciudades Patrimonio de la Humanidad de España, lo cual se ha notado a efectos de promoción y llegada de turistas. Aunque cree que ahora «hace falta una mayor incorporación del tejido empresarial a las acciones del grupo». El reto se lo lanzó a otro de los invitados de este encuentro, Bartolomé González, presidente de la Asociación Local de Comercio, Industria y Servicios (Alciser) de Úbeda y hasta hace poco también de la Asociación de Desarrollo Turístico de Úbeda y Baeza (Tubba).

«La gran maldad de esta provincia es que la capital no ha sido nunca ferroviaria»

González reconoció que está por explotar gran parte de lo que tiene que ofrecer el binomio turismo-comercio, aunque rompió una lanza en favor de los empresarios, asegurando que su actitud ha ido cambiando, dejando de estar solo a lo suyo y creciendo en implicación, como quedó demostrado con quienes se arrimaron a la Iniciativa de Turismo Sostenible (ITS) para poner en marcha proyectos de gran interés. Lástima que no haya habido continuidad con estas ayudas. Por otro lado, destacó la «altura de miras» que ha habido en las dos ciudades para ponerse a trabajar conjuntamente. «Junta, Diputación, los dos ayuntamientos y los empresarios son las cuatro patas sobre las que se sustenta el proyecto de Úbeda y Baeza», dijo.

Los ciudadanos

Pablo Tito, artesano y continuador de una importante saga de alfareros ubetenses, presidente además de la Asociación de Artesanos de Úbeda, añadió una quinta pata: los ciudadanos. Según consideró, «están muy implicados, viven Úbeda y Baeza y difunden Úbeda y Baeza». Y aunque esto es más palpable en los últimos tiempos, manifestó que desde el inicio de la democracia «ir de la mano de la administración ha hecho que los pueblos prosperen». Y lo dijo con conocimiento de causa como representante de un sector que ha cambiado a la par que la sociedad y ha visto cómo se ha pasado de hacer y vender «cacharros» funcionales, de uso doméstico, a elaborar piezas artesanales pero también artísticas, en las que se mantienen los modos tradicionales pero añadiendo mucho de diseño e innovación.

A nivel de administraciones, y sin restar importancia al resto, Montse de la Torre alabó el trabajo de la Diputación Provincial en general pero, sobre todo, en lo turístico y gastronómico, dos sectores que ya van tan de la mano que casi son el mismo y que también han vivido una revolución en los últimos tiempos. Ella lo sabe bien pues procede de familia de hosteleros (de la Estación Linares-Baeza) y en 2005, en plena crisis, apostó por la calidad y se lió la manta en la cabeza para abrir en Úbeda el restaurante Cantina La Estación, templo gastronómico de referencia en la ciudad. «Gracias a la Diputación estamos presentes en todos sitios a nivel de aceite, turismo, gastronomía, cultura, etcétera», aseguró, recordando que todo ello genera movimiento en otros sectores como el diseño o la industria.

«Somos una provincia pequeña en población y tenemos mucha cercanía con Diputación, algo que en otras provincias es impensable», apostilló Sebastián Moreno, gerente de Pópulo Servicios Turísticos y Culturales de Baeza. Echando la vista atrás y mirando a otros niveles administrativos, antes de toda esta revolución, desde su punto de vista fue muy importante la entrada en la Unión Europea y la consideración del concepto de desarrollo local, lo que hizo que en aquella época «vinieran muchos fondos y se pudieran poner en marcha muchos proyectos». Ahora, aseveró, sería fundamental seguir en el camino que abrió Tubba de unir a los empresarios de Úbeda y Baeza, y lamentó que en su día se perdiera la oportunidad de contar con un parque empresarial conjunto entre ambas localidades, algo ante lo que toda la mesa asintió.

Inversión en cultura

A falta de industria, el turismo y todo lo que insufla a otros sectores aledaños se está convirtiendo en un importante motor económico. Y no solo por la declaración de Patrimonio de la Humanidad. También por la apuesta decidida existente en favor de la cultura y los eventos, lo cual ha dejado de ser considerado como un gasto para entenderlo como una inversión generadora de empleo y riqueza. De ello sabe mucho Carlos Rentero, el último invitado por citar, quien, por tradición familiar, desde pequeño ha estado rodeado de la visión empresarial, y actualmente gestiona el Hotel RL Ciudad de Úbeda además de otros alojamientos y proyectos en la zona centro y el casco histórico. «Cuando abrimos hace 25 años, la oferta hotelera era mínima, y ahora no hay más que repasar el número de camas para comprobar la evolución que se ha experimentado», recordó.

Rentero forma parte, además, de un grupo de empresarios que apuesta por la celebración de grandes eventos y espectáculos en Úbeda, retomando lo conseguido décadas atrás y fraguando, junto a innumerables iniciativas públicas y privadas, que Úbeda sea la capital cultural de la provincia y un referente a nivel autonómico e incluso nacional. «Está cambiando la mentalidad y se está consiguiendo que la gente no solo venga a ver monumentos, sino también a disfrutar de las actividades, y ahora mismo somos la envidia de otras muchas ciudades», explicó. Además, «estos eventos suponen una publicidad muy rentable, las entradas se venden y estamos consiguiendo algo muy importante y deseado, que es combatir la estacionalidad», añadió Sebastián Moreno, responsable desde Pópulo de muchas de las actividades que se llevan a cabo en Baeza.

Cara y cruz

Al respecto, Leocadio Marín valoró positivamente «que ahora se invierta en otras cosas» que generan empleo y riqueza, tanto a nivel cultural como de infraestructuras turísticas. «Antes se ganaba un duro y se invertía en olivas», dijo sin quitar importancia al campo, pero apostillando que «el olivar es nuestra gran cara pero también nuestra gran cruz». No en vano, como aportó Bartolomé González, «hay 850 millones de euros en plazos fijos en esta provincia, sobre todo de los agricultores».

Carencias

Pese a todo el desarrollo conseguido, sigue habiendo importantes carencias, sobre todo en lo referente a comunicaciones. Si bien el avance de la Autovía del Olivar «complementa la oferta turística de Úbeda y Baeza», en particular, y de toda la comarca de La Loma, en general, la conexión con el levante es muy deficitaria a nivel de carreteras. Además, los participantes manifestaron que la señalización alusiva a Úbeda y Baeza «deja mucho que desear».

Punto y aparte son las comunicaciones por ferrocarril, asunto en el que toda la mesa coincidió en señalar que son «nefastas», como en la totalidad de la provincia, pese a ser «imprescindible para el desarrollo turístico». Leocadio Marín, memoria viva de la zona, recordó que en 1979 se perdió una oportunidad histórica de recuperar la conexión con el levante retomando el trazado Baeza-Utiel. Y abogó por la necesidad de que el trazado hasta Madrid soporte trenes de 200 kilómetros por hora. «La gran maldad de esta provincia es que la capital no ha sido nunca ferroviaria», aseveró.

La Laguna

Montse de la Torre puso sobre la mesa un asunto de vital importancia para el sector hostelero: «nos cuesta muchísimo trabajo encontrar profesionales formados». Y no solo en cocina, también en sala, en barra, o a nivel de conocimiento de aceite y vinos. La clave está, según dijo, en la Escuela de Hostelería La Laguna, que ha quedado olvidada. Lo contó con conocimiento de causa, pues ella misma salió de este centro formativo, de la primera promoción, preparada para echar a andar su proyecto empresarial junto a su esposo, Antonio José Cristofani, quien también fue alumno. Igualmente lo fueron los principales cocineros de los que actualmente puede presumir esta provincia, artífices de una gastronomía 'made in' Jaén, entre los que destaca Pedro Sánchez, primera y única estrella Michelín de esta tierra. Y tantos otros que pueden presumir de 'soles' en la Guía Repsol o reconocimientos 'bib gourmand' en la Guía Michelín, o que en numerosos municipios regentan sus establecimientos con enorme éxito.

«El sector crece a pasos agigantados, pero no los profesionales; falta formación en todos los sentidos», aseguró, manifestando que «no ha habido infraestructura mejor en Andalucía». Carlos Rentero asintió y, también como afectado, reconoció que «La Laguna ha sido muy importante para el desarrollo turístico de esta provincia». A lo que Leocadio Marín, que fue uno de los impulsores de ese proyecto formativo, respondió que «fue un gran invento pero lo han destrozado», perdiéndose entre los vericuetos de Bruselas. «Era un centro de formación y debería recuperar esa esencia», declaró, apostando por resolver la relación entre el hotel y la escuela.