Jennifer Rodríguez-López y Bernardino Sánchez Bayo ante la obra que ocupa el altar mayor.

Bernardino Sánchez Bayo, la pintura como medio y concepto

La iglesia de San Lorenzo acoge la exposición 'Cuando los que rezan son los ateos' del artista granadino, en la que sintetiza su manera de entender el arte y la sociedad en general

ALBERTO ROMÁN Úbeda

Con una intención manifiesta de propiciar un diálogo entre las obras expuestas y la iglesia de San Lorenzo en Úbeda, espacio recuperado para la cultura por la Fundación Huerta de San Antonio, así como entre estas y el visitante, Bernardino Sánchez Bayo presenta en la exposición 'Cuando los que rezan son los ateos' una propuesta en la que sintetiza su manera de entender la pintura y el arte, directamente ligada a la cuestión filosófico-conceptual y a la investigación del color y de la propia materia pictórica, a la que desnuda y despoja de trucos y artificios.

La muestra, comisariada por la onubense Jennifer Rodríguez-López, se compone de quince piezas realizadas en acrílico sobre lino y lienzo, predominando el uso de los medios y grandes formatos, presentando parte de los últimos trabajos del artista con tres piezas realizadas ex profeso y varias obras de la serie 'Live or die', así como los dípticos 'Escalas' y 'Serenata de lobo con piel de cordero', con los que trata de exponer su punto de vista sobre el mercado del arte y la sociedad en general.

El hipócrita como protagonista

En esta exposición, Sánchez Bayo hace protagonista al ateo que reza por nuestras almas, en definitiva, al hipócrita, al impostor, al descreído, y lo hace a través de la ironía y del uso de imágenes cotidianas que transforma, dotándolas de un nuevo sentido que el observador debe desentrañar como parte de su tarea. Este artista nacido en Granada posee un lenguaje propio que se aleja de lo literal, que lo transgrede, para apartarse también de todo posicionamiento y de cualquier tipo de opinión personal o crítica, ya que su interés es propiciar el debate desde una postura casi neutra, pero consciente de la realidad que nos rodea.

Las distintas obras, reflejo directo de cómo percibe la práctica artística y el mundo en general, juegan con los diferentes niveles de lectura, rasgo distintivo de su trabajo, poniendo en tela de juicio la sociedad actual: adormecida y dócil, ligada a las redes sociales como nuevo escenario, contradictoria, frenética, y en la que impera el rápido consumo y el egoísmo colectivo. De este modo, nos brinda un instante para la introspección, para abrir los ojos y mirar más allá de las pantallas, para hacer frente a la verdad incómoda en la que vivimos.

La ruptura del altar

Con la intención de romper las reglas del propio espacio a través de la horizontalidad, se ha ubicado el díptico 'Escalas' en el altar mayor. En él emplea una metáfora para reflexionar sobre el mercado del arte, siendo su lectura aplicable a otros ámbitos de la vida. Consta de dos piezas: la mayor, de 200 por 435 centímetros, representa a escala 10:1 un vehículo de radiocontrol; y la pieza de menor tamaño muestra un coche real a escala 1:10. Además de este juego visual entre objeto auténtico y juguete, y el intercambio de escalas, se invierte el precio entre sí de ambas piezas, incluyéndolo en el título de la obra como parte de ella, planteando una reflexión sobre la cotización económica y la valoración artística que alcanzan algunas 'obras de arte' en el mercado, así como el funcionamiento general de este.

Varias piezas de la serie 'Live or die' pueden encontrarse en las distintas capillas de la iglesia de San Lorenzo. En ellas, de gran y pequeño formato, el artista abre el debate en torno a la vida y la muerte en la actualidad, apreciando que el tiempo de vida se convierte en un periplo de supuesta libertad en el que el individuo se encuentra sometido a la influencia externa de la sociedad y el entorno, tanto físico como virtual, a través de internet y las redes sociales. Así, según su visión, estos medios se utilizan como altavoz de la estupidez, convirtiéndose en herramientas para llamar la atención y conseguir notoriedad. En esta serie se elimina el concepto del color, estando sintetizado a su mínima expresión: la luz y la sombra. En ellas, en lugar de emplear el blanco y negro para ello, se introduce la saturación y el brillo del pigmento como elemento plástico y discursivo, otorgando a las obras un ambiente lumínico único.

En el díptico 'Serenata de lobo con piel de cordero' utiliza un lenguaje más cercano a lo poético, más libre en su discurso. Su trasfondo encierra preocupaciones comunes al resto de obras dentro de la máxima «nada es lo que parece», siempre en búsqueda de la complicidad del espectador, quien debe resolver el enigma, leer las claves ofrecidas por la pintura, el título y el conjunto de la imagen que se genera, para así finalizar el proceso artístico iniciado por Sánchez Bayo en cada pieza.

Tres obras para San Lorenzo

Bernardino Sánchez Bayo ha realizado tres obras ex profeso para el espacio expositivo de la iglesia de San Lorenzo. Una de ella es la que da título a la exposición, 'Cuando los que rezan son los ateos', y en la que establece una relación discursiva directa con el díptico 'Escalas', ya que también trata sobre el mercado del arte. Como en el cuento 'El traje nuevo del emperador', de Hans Christian Andersen, lo falso puede ser interpretado como auténtico; un símil con el ámbito artístico en el que algunos deciden cuál es el arte verdadero, siendo aceptado por el resto sin cuestionar los motivos.

En 'Los cementerios están llenos de valientes... y de cobardes' realiza un homenaje al propio espacio, jugando con un elemento presente en él, transformándolo a través de su propio lenguaje. Pretende que el espectador reflexione sobre las distintas filosofías de vida existentes en la actualidad: desde los adictos a la adrenalina que llegan a arriesgar su vida, hasta los temerosos e hipocondriacos que viven intentando escapar de la muerte y conseguir la inmortalidad, ya sea de forma divina, por medio de cualquier creencia, o de manera física, a través de un exceso de celo en el mantenimiento de su forma física, su alimentación, su exposición solar o a los campos electromagnéticos.

Concebida como una instalación, la pieza 'Odio el seso débil' establece un discurso común al resto de obras de la exposición en el que se pone en entredicho la supuesta libertad de pensamiento y acción del individuo bajo el sometimiento de un sistema que se rige por normas concretas. Así, ofrece una visión sobre cómo lo elemental, lo auténtico, lo verdadero de la naturaleza puede ser interpretado de forma negativa al hacerse evidente o visible. Como resultado de ello, la tendencia de la sociedad es erradicarlo o, en su defecto, alejarlo lo máximo posible, procurando siempre que las miserias y las vergüenzas queden ocultas.

La oveja negra del rebaño

Bernardino Sánchez Bayo (Granada, 1978) es Licenciado en Bellas Artes y ha realizado un máster sobre Producción e Investigación en Arte, en ambos casos en la Universidad de Granada. Sus obras han participado en numerosas exposiciones colectivas e individuales ('Inquietudes, miedos y ambiciones', 'La lírica del aire' o 'La siesta borreguera'). Igualmente, han sido reconocidas en prestigiosos certámenes, siendo finalista del XXXIV Concurso BMW de Pintura y del Concurso de Pintura y Escultura Figurativas en varias ocasiones. Fue ganador del Premio Arte Joven de Asturias y del Premio de Pintura Emilio Ollero, entre muchos otros. Su singular visión estética, al igual que su inagotable capacidad creadora, han marcado su trayectoria y han definido su proceso artístico, quedando reflejados estos rasgos en la presente exposición.

Varias perspectivas de la exposición.