Lorenzo Rodríguez, el 'stone' Ron Wood y el mítico Bo Diddley.

A los mandos del templo de la 'movida'

Una exposición celebra el cuarenta aniversario de la apertura de la mítica sala Rock-Ola y homenajea a su responsable, el ubetense Lorenzo Rodríguez

ALBERTO ROMÁN Úbeda

Todo el que estaba 'al loro' a principios de los 80 en la capital de España, cuando daba sus primeros pasos lo que luego acabaría conociéndose como la 'movida' madrileña, había oído su nombre al igual que el de los Radio Futura, Alaska y Los Pegamoides, Los Secretos, Almodóvar o los Nacha Pop. Y eso que lo suyo no era precisamente estar bajo los focos, sino todo lo contrario. Su cometido era gestionar lo que pasaba por el escenario. Pero el hecho es que él no estaba al frente de un escenario cualquiera. El suyo se encontraba dentro del epicentro de aquella revolución cultural y musical que, como un terremoto, fue extendiéndose por toda la ciudad y generando réplicas por otras capitales del territorio nacional. Aquel local era el mítico Rock-Ola. Y a los mandos se encontraba nuestro protagonista, Lorenzo Rodríguez, un ubetense que acabó codeándose con los artistas más importantes del momento, a nivel nacional e internacional, y que hizo posibles cientos de conciertos.

Ahora que se cumplen cuarenta años de la apertura de este 'garito' que llegó a convertirse en el templo indiscutible de la 'movida' juvenil madrileña, el Rock-Ola resurgirá en forma de exposición en la iglesia de San Lorenzo de Úbeda, espacio recuperado para la cultura por la Fundación Huerta de San Antonio. Una muestra enmarcada dentro de las Jornadas 'Sabina por aquí' que organiza el colectivo Peor para el Sol y que pretende además ser un homenaje al propio Lorenzo Rodríguez, paisano que fue protagonista en la sombra y testigo directo de una época y un movimiento que cambiaría el devenir de la música y la cultura en España. Se trata de reconocer «a una figura clave del pop en España, a un legendario héroe rockero», según queda plasmado en el texto de presentación.

Entre los años 1981 y 1985 desfilaron por Rock-Ola grupos de primer nivel internacional, especialmente británicos, como Spandau Ballet, Classix Nouveaux, Simple Minds, Depeche Mode, Echo And The Bunnymen, Killing Joke, Siouxsie And The Banshees, The Stranglers, The Damned, Iggy Pop… Y muchos otros nacionales, que terminarían por darle la vuelta al panorama pop español en los años siguientes: Nacha Pop, Alaska y los Pegamoides, Los Secretos, Mamá, Radio Futura, Loquillo, Gabinete Caligari, Parálisis Permanente, Siniestro Total o Dynarama. Al frente del tinglado estaba Lorenzo, gestionando toda aquella efervescencia sin precedentes: «yo era feliz porque vibraba con los grupos. Estaba influenciado por la dinámica punk, por el pop, me consideraba parte de ese movimiento», cuenta.

Lorenzo Rodríguez (Úbeda, 1954) emigró con su familia a Madrid con solo 14 años de edad. En su cabeza ya sonaban las melodías del rock y la música pop. Una pasión que le llevó, con algo más de veinte años, a dirigir la sala de conciertos El Jardín. «Desde entonces no he parado de tener líos, follones y trabajo», asegura, porque después de El Jardín vino la sala Marquee y, luego, Rock-Ola, el santuario de la 'movida' que impulsó de forma extraordinaria la vida social y cultural de la capital. La actividad de Lorenzo era intensa. Por la mañana, desde las siete y media, trabajaba de funcionario en el Ministerio de Defensa, y por la tarde organizaba conciertos, exposiciones, performance, pases de vídeos… «La verdad es que no dormía», llega a admitir.

La sala Rock-Ola abrió sus puertas en abril de 1981 con el grupo londinense punk UK Subs, pero su arrollador despegue tuvo lugar tras el concierto de Spandau Ballet. «El éxito fue fantástico, se agotaron las entradas, no había aire acondicionado y morimos de calor», recuerda Rodríguez. Quien fuera timonel del Rock-Ola apunta también a otra de las claves de su éxito, el «que allí dentro hubiera un respeto estupendo entre todo el mundo». Además, no solo se programaban conciertos, sino todo tipo de actividades culturales con el fresco sello de lo innovador.

Lorenzo Rodríguez estaba en el meollo de todo aquello. Como muestra, un botón: para anunciar una serie de conciertos denominados 'Tú serás como nosotros', en 1984 el grupo Glutamato Ye-Ye editó un cartel con el dibujo de una multitud que caricaturizaba a personajes de la época que estaban en el 'rollo', y entre ellos aparece el ubetense con una grapadora de pared en la mano. Así le veían, dispuesto siempre a ir pegando carteles.

Guarda anécdotas y vivencias de todo tipo del ambiente que se vivía de puertas para adentro, donde siempre intentó generar una cultura de club, fidelizar a la clientela de todas las 'tribus' y que el público no solo fuera a ver y escuchar conciertos, sino que se quedara toda la noche. Algo que no se entendía tanto de puertas para afuera, y menos aún los vecinos. «Los grupos querían tocar muy fuerte y los locales y las casas entonces no tenían aislamiento acústico, así que imagínate el lío que se montaba», rememora. Y añade entre risas: «ahora hubiéramos terminado todos en la cárcel».

Amigos

Lorenzo también conserva muy buenos amigos de aquella época. De entrada, el equipo humano que trabajaba con él, que no era pequeño, y que no hace mucho volvió a reunirse casi al completo. Y luego también los artistas, a los que trataba de colegas. Tuvo mucha relación con grupos como Nacha Pop o Burning y con intérpretes como Loquillo o Miguel Ríos, y sigue yendo a escucharles y saludarles siempre que puede. También con su paisano Joaquín Sabina. «Yo lo metí en Rock-Ola en el año 1982 cuando él quería salir de los circuitos habituales de cantautores, haciéndose acompañar por los Viceversa, y ha actuado en casi todas las salas en las que yo he estado, además de asistir como espectador a muchos conciertos que he organizado», cuenta. La relación personal luego fue incluso profesional, al igual que le ocurrió con Miguel Ríos.

«La sala Rock-Ola fue un negocio impresionante, se ganó mucho dinero», nos cuenta Lorenzo Rodríguez mientras rebusca en sus recuerdos. Pero ¿cómo acabó allí? ¿cómo llego a gestionar tantos eventos? Opina que estuvo en el sitio adecuado en un momento en el que había una explosión cultural, una necesidad de romper con lo establecido y de ver las cosas en color tras tantos años de dictadura en blanco y negro. Él iba de conciertos siempre que podía, frecuentaba todos los garitos de moda, como el mítico Pentagrama (el 'Penta' que hizo inmortal ese himno titulado 'La chica de ayer'), entabló amistad con aquellos grupos que comenzaban a dar sus primeros acordes y una cosa llevó a la otra… Tanto que un día de 1980 se vio organizando la presentación (sin concierto) del álbum 'Déjame' de Los Secretos en la sala El Jardín, con posterior firma de discos. «Se montó tal bochinche que el dueño me dijo: a partir de ahora, encárgate tú de estas cosas; y así lo hice», afirma.

El evento dio paso a un concierto, y después a otro y a otro más. Y como eran tiempos en los que las antiguas salas de fiestas se iban reconvirtiendo para dar salida a los grupos que empezaban a aparecer como abanderados de la nueva ola, Lorenzo fue pasando de un local a otro, y después a otro y a otro más. Aunque fue el Rock-Ola el que más le marcó. «Medianamente era buen gestor», comenta al ser preguntado por el secreto de haber empuñado el timonel de tantos 'garitos' de referencia. «Y también tuve suerte de no ir por el mal camino de las drogas», añade, recordando los estragos que causaron ciertas sustancias en aquellos años.

Le queda una espinita, y es la de no haber podido organizar un concierto de su admirado Bob Dylan, aunque estuvo a punto. Pero puede vacilar de haber tenido a artistas y grupos que eran referencia en Inglaterra y de haberlos metido en un local para poco más de mil personas apiñadas. ¿Y cómo cuadraban las cuentas? «Pues los grupos nacionales iban a porcentaje en las entradas y con los extranjeros se llegaba a acuerdos», revela.

Buscó además marcar estilo, seguir una línea según unos gustos personales que intentaba hacer coincidir con los del público y apostar por lo genuino, lo auténtico. «Si ahora estuviera en el negocio, ningún 'triunfito' tocaría en mi sala», bromea.

Más de 2.000 conciertos

Tras abandonar la sala Rock-Ola, el ubetense se zambulló en su auténtica vocación y se convirtió en director y programador de las salas Autopsia, Astoria y la Universal, donde figuró Miguel Ríos como socio, con todas las variantes de esta última que se abrieron en centros comerciales de Madrid, Leganés, Torrejón de Ardoz o San Fernándo (Cádiz).

En su haber tiene más de 2.000 conciertos organizados con lo mejorcito de todo el panorama internacional de los últimos veinte años del siglo XXI: Immaculate Fools, Johnny Thunders, John Cale, Shakatak, Nick Lowe, The Durutti Column, Elliott Murphy, The Chameleons, Jonathan Richman And The Modern Lovers, Ron Wood & Bo Diddley, Eric Burdon, Curtis Mayfield, Roger McGuinn, Alex Chilton, The Dream Syndicate, Willy DeVille, Graham Parker, Peter Hammill, Wim Mertens, The Smithereens, Dr. Feelgood, John Cale, Sleepy La Beef, John Martyn, Billy Bragg, Mano Negra, De La Soul, The Pixies, Los Lobos, Public Enemy, Chick Corea, Vaya con Dios, Suzanne Vega, Ian Dury, Iggy Pop, The Blues Brothers, The Psychedelic Furs, The Jesus & Mary Chain, Dee Lite, David Bowie, Chuck Berry, Keith Richards, Prince, Duran Duran, Inxs, Terence Trent D'Arby, James Taylor, Bryan Ferry, Brian May, Gipsy Kings, Paul Weller, El Gran Combo de Puerto Rico, Suede, Aztec Camera, Emmylou Harris o Nick Cave & The Bad Seeds.

Y, por supuesto, grupos españoles como Nacha Pop, Alaska y los Pegamoides, Los Secretos, Mamá, Radio Futura, Loquillo, Gabinete Caligari, Parálisis Permanente, Siniestro Total, Dynarama, Ciudad Jardín, Hombres G, Los Ilegales, Los Nikis, El Último de la Fila, Rosendo, Pata Negra, Martirio, Tam Tam Go!, Danza Invisible, Los Coyotes, Celtas Cortos, Seguridad Social, Esclarecidos, Os Resentidos, Joaquín Sabina, Manolo Tena, Los Ronaldos, Héroes del Silencio, Amistades Peligrosas, Rosario…

En 1995 su carrera profesional dio un giro para enfocarse en la hostelería, con la gestión del restaurante mexicano La Mordida, negocio en el que participó Joaquín Sabina, para finalmente llevar su propio negocio hostelero con la cadena de restaurantes temáticos mexicanos Ándele, repartidos por Barcelona y Madrid, con una plantilla de 50 trabajadores.

Lorenzo junto a su paisano Joaquín Sabina, mostrando un antiguo cartel del Rock-Ola y en una foto publicada en prensa en la época.

Carteles, fotos y paneles

La exposición 'Lorenzo Rodríguez, 40 años del Rock-Ola', que se inaugurará en San Lorenzo este sábado a la una de la tarde, le ha supuesto un chute de ilusión al ubetense tras un periodo de incertidumbre empresarial debido a la pandemia. Aunque reconoce que le abruma un poco lo referente a la parte de homenaje que se le brinda personalmente a él. «Me da cierto pudor y vergüenza ser el protagonista», afirma, sin olvidar reseñar siempre que puede que todo lo que se consiguió en el mítico local fue gracias a un trabajo en equipo. Por ejemplo, nombra como fundamentales a Mario Armero en la contratación internacional y Pepo Perandones en el diseño gráfico.

Está también muy agradecido con el trabajo que han hecho los responsable de darle forma a la muestra. Ha sido diseñada por Nono Sánchez, de Artifactum, y está comisariada por Manuel Berlanga, de la Fundación Huerta de San Antonio, entidad que gestiona la iglesia de San Lorenzo de Úbeda y la ha convertido en centro cultural. Éste último estuvo varios días en Barcelona, en casa de Lorenzo y en el sótano de su oficina, ayudándole a rebuscar entre sus archivos, sus recuerdos y sus álbumes, seleccionando ambos todo el material. Se trata de carteles, recortes de prensa, fichas de conciertos y fotografías (muchas realizadas por fotógrafos de relevancia en aquella época), todo lo cual ha sido ordenado y explicado en paneles.

En concreto, la exposición está compuesta por una treintena de carteles originales de la mítica sala, dos collages con más de 150 fotografías del fotógrafo Miguel Trillo y paneles explicativos de la vida y milagros musicales de Lorenzo. Permanecerá abierta al público hasta el 12 de octubre. Y después quizá podría viajar a otros lugares interesados en contar todo lo que se movió entre los muros del Rock-Ola, que fuera acabó siendo la 'movida'.

Lo que dicen...

Con motivo de esta exposición, han enviado textos algunas personas que estuvieron cerca de Lorenzo Rodríguez durante su etapa en el meollo de esta vorágine cultural y musical. Van firmados por nombres como Loquillo, Julián Hernández de Siniestro Total, Miguel Ríos, el periodista Jesús Órdovas, Johnny Cifuentes de Burning, los periodistas musicales Diego A. Manrique y Julio Ruiz, Josele Santiago de Los Enemigos, el empresario Mario Armero, Santi Carrillo de Rock de Luxe o el escritor Jodi Sierra y Fabra. Aquí van algunas perlas:

«Los años 80 en Madrid fueron una auténtica locura. Era indispensable la figura del 'ludi magister', como decían los romanos: alguien que controlara mientras el resto del personal perdía la cabeza. Lorenzo Rodríguez personificaba la calma y la razón: engrasaba la labor de los artistas, masajeaba los egos de los comunicadores, cuidaba de sus empleados, atendía a las necesidades de sus clientes. Con el tiempo descubrimos que también era un melómano voraz, un reivindicador de su tierra y, lo más importante, una buena persona» (Diego A. Manrique).

«Lorenzo Rodríguez se curtió y se convirtió en un gran programador en el Rock-Ola. Cuando, con otros socios, creamos la sala Universal, no dudé ni un segundo de que era nuestro hombre. Lo que sufrimos en esa sala no se lo deseo ni a mi peor enemigo. Pero Lorenzo, todo humanidad, se batió el cobre como lo que es, ¡un gran tipo! Es de esas personas que me alegran el día cuando las veo» (Miguel Ríos).

«Lorenzo fue una figura capital de todo lo bueno que musicalmente apareció en Madrid durante el tiempo que se puso al frente de Rock-Ola. Es hora de que en este país se reconozca a los héroes rockeros del pasado, que no siempre fueron músicos» (Jodi Sierra y Fabra).

Cartel de Glutamato Ye-Ye en el que aparece Lorenzo (grapadora en mano) y dos fotos de su archivo junto a Ian Dury y Loquillo.