Sustitución

Sustitución
  • «Úbeda necesita una sustitución paulatina, pero íntegra, de todas sus luminarias».  Son palabras dichas por el ex alcalde de la legislatura anterior. Y no deja de llevar razón.

Lo cuestionable es el por qué se necesita con tanta necesidad (perdonen mi redundancia, fruto de mi poca creatividad lingüística) ese cambio lumínico si a todas horas, meses, años, se están llevando cambios por sectores, barrios, plazas, calles y monumentos. No pasa legislatura o arreglo urbano que no conlleve modificación de las farolas o faroles y focos dirigidos a los palacios e iglesias. De sodio, yodo, blancas, calientes o frías, hacia arriba, hacia abajo, con bulbos, filamentos, redondas, alargadas, modernas o de imitación histórica...

Así que su razón se carga de sinrazón al pensar que el señor mencionado ha sido responsable durante varias legislaturas de algunos de los cambios lumínicos (no todos, desde luego, y por ello no pueden reconvenirle desde las filas de otros gobiernos municipales). Recuerdo que una de las últimas actuaciones urbanas durante el último gobierno socialista ha sido la remodelación de las calles Mesones y Nueva (Obispo Cobos) y entre otras innovaciones se encuentra la instalación de unas luminarias tremendas por el tipo de luz que dan así como por el diseño de los soportes y tulipas usadas.

Nuestra ciudad parece un muestrario de materiales de uso urbano.

Va uno por una calle y comprueba que el acerado no se continúa en la siguiente porque en la siguiente ya hay de otro tipo, por una plaza y observa varias farolas de distinto diseño, también lo mismo en las luces de unas calles con otras. Las calzadas alternan cemento, piedra artificial, adoquines sin recubrir o recubiertos, asfalto, enchinado, perfiles prensados... Acerados elevados con sólo los marcados por otros colores del embaldosado (al mismo nivel de la calzada, pues), pinetes laterales y de separación de zonas de diversas formas, gruesos, finos, leoncillos supervivientes del hurto o del cambio predeterminado...

Acá cada cual con cierto poder y pocas ideas ha hecho de su capa un sayo y le ha dado por colocar cosas según la oportunidad o sus meras ideas (o las de asesores designados). Nos han convertido en el muestrario más completo de lo que no debe hacerse al respecto, podemos hacer la ruta de los diseños urbanos más diversificados de nuestro país. Un concepto a explotar turísticamente, creo.

Lo anterior hasta no sería grave si no estuviésemos hablando (escribiendo) de Úbeda, de nuestra ciudad, creo que declarada Patrimonio de la Humanidad (y aunque no lo hubiese conseguido, al efecto de lo que escribo es lo mismo). Lo grave se agrava aún más cuando afecta al conjunto histórico-monumental, del entorno urbano tan particularmente hermoso que tenemos y que debiera haber tenido un cuidadísimo diseño desde hace ya años, uniforme, homogéneo, idéntico para todas las zonas y edificios afectados. Que no se ha hecho, es palpable.

Recuerdo todavía la polémica de las luminarias que se colocaron en la Calle Trinidad, tras la remodelación. Muchas personas protestaron del tipo de farolas que se querían colocar, estaban muy en desacuerdo y abogaban por unas más de acuerdo con el entorno. El concejal de marras que llevaba la responsabilidad hizo oídos sordos de las protestas, dio largas cambiadas en la personal certeza de que aquellas luces quedarían colocadas como él (o sus asesores) habían decidido. Así fue. No debiera ufanarse de tal acto, antes bien, debiera repararlo.

La frase que inicia este comentario podemos tomarla en otro sentido, más figurado que literal. Sí, Úbeda necesita de la sustitución, paulatina pero íntegra, de todas sus luminarias..., políticas. Tal vez empezando por ahí se pudiera lograr la aplicación literal de la frase.

Dios lo quiera.