Úbeda, muy al sur, linda con el mar

Úbeda, muy al sur, linda con el mar
  • Se acabó lo bueno, y lo bueno ha sido mucho. Con el regreso a Úbeda, en la tarde de ayer, de quienes han disfrutado durante 12 días del tercer y último turno, finalizaron los tradicionales campamentos de verano que desarrolla anualmente la Asociación de Jóvenes de Acción Católica (JAC) en la playa de La Barrosa, situada en la localidad gaditana de Chiclana de la Frontera.

En total han sido 36 días ininterrumpidos de diversión, convivencia y compañerismo a orillas del mar con 3 tandas de acampados, monitores y responsables de cocina e intendencia. 3 grupos de alrededor de un centenar de personas cada uno, lo que suma 300 nombres más que han quedado apuntados en la multitudinaria agenda de amigos de estos campamentos que se viene escribiendo desde hace 52 años, lo que significa 53 ediciones.

Entre el 24 de julio y el 4 de agosto estuvo allí el primer turno, formado por chicas de entre 12 y 14 años de edad. El segundo tuvo lugar del 4 al 15 de agosto para chavales de entre 12 y 14 años de edad. Y el tercero, mixto, se ha desarrollado del 15 al 26 de agosto, enfocado a chicos y chicas de entre 9 y 11 años de edad. Un año más, el éxito ha sido rotundo y la participación ha resultado muy elevada, teniéndose que habilitar listas de espera en dos de los turnos al agotarse las plazas que había disponibles.

En este más de medio siglo de vida del campamento ha habido tiempo para que por sus tiendas de campaña hayan pasado muchos miles de ubetenses, pertenecientes a varias generaciones, desde las que encontraron aquí una primera oportunidad para contemplar el mar hasta las que les supone unos días lejos de ordenadores, internet y videoconsolas.

Esta extensa trayectoria, como actividad juvenil pionera y decana de cuantas se desarrollan en la ciudad de los cerros, provoca que muchos acampados de otros tiempos vean cómo ahora son sus hijos los que viven esta experiencia inolvidable en ese rinconcito que Úbeda tiene en Chiclana. No es de extrañar, por tanto, que el Ayuntamiento ubetense decidiera entregar recientemente al colectivo organizador la medalla de la ciudad, siendo el expediente instruido para su concesión el que más adhesiones ha tenido en la historia de Úbeda.

Evolución

Salvo por ciertas instalaciones, que han ido mejorando con el paso de los años y adaptándose a los nuevos tiempos, el campamento permanece tal y como se concibió: un lugar en el que compartir juegos, propuestas lúdicas de todo tipo, vivencias, momentos de ocio, risas y sueños, y en el que fomentar valores de igualdad, solidaridad, tolerancia, libertad y compañerismo. En definitiva, un punto de encuentro de gente muy diversa que por unos días se iguala, aprendiendo los unos de los otros para ser mejores personas. Quizá el mantenimiento de este sentido y organización primigenia sea el secreto del éxito de esta iniciativa que se dirige a un sector tan variable como el de la gente joven.

El ejemplo de tres personas

Da gusto comprobar como sigue creciendo la semilla que un día sembró Antonio Gutiérrez Medina, conocido popular y cariñosamente como 'el Viejo', quien dedicó su vida a los jóvenes y fundó este campamento para ofrecer una alternativa de ocio a los chavales ubetenses, muchos de los cuales nunca habían disfrutado de unas vacaciones pues su situación no era muy favorable. A su lado siempre estuvieron Manolo Molina y Antonio Cruz, también entregados a la gente joven desde diferentes ámbitos, quienes igualmente dejaron su impronta entre esas tiendas de campaña. Los 3 han fallecido, pero su ejemplo sigue vivo en las personas que actualmente dirigen la asociación y la Fundación Antonio Gutiérrez Medina, desde las que se gestiona todo y se montan los campamentos. Son como una gran familia.

Los equipos de monitores funcionan de forma totalmente altruista y voluntaria. No sólo no cobran ni un euro por dedicar parte de su tiempo libre de verano a prepararlo y coordinarlo todo, sino que además abonan la misma cuota por asistencia que los acampados, algo que no todo el mundo conoce. Eso iguala, y mucho. Y genera piña. Y funciona así porque el campamento es de todos, y todos lo sienten como su casa durante los días que posan sus pies sobre la arena de La Barrosa. Quizá esto sea también parte del secreto del éxito.

Una iniciativa que implicó a toda una ciudad desde sus orígenes

Alguien dijo una vez que Úbeda, muy al sur, linda con el mar. Y es que, gracias al campamento, cientos de personas viven desde hace tiempo una relación idílica con Chiclana de la Frontera y con su playa de La Barrosa, donde la ciudad renacentista puede presumir de tener un pedacito de playa, el que ocupan a diario durante parte de julio y agosto los acampados de JAC.

Ambas ciudades están hermanadas desde hace años gracias al campamento, que recaló en este punto de Cádiz allá por el año 1965, quedándose para siempre tras haber probado suerte en otros puntos de la geografía nacional.

La parcela en la que se ubica fue adquirida a unos ingleses por 700.000 pesetas de entonces. Parte del dinero surgió de la denominada 'operación metro cuadrado', a través de la cual numerosos ubetenses, con sus donativos, adquirieron simbólicamente esta superficie metro a metro, mediante participaciones. El resto se fue pagando con otras muchas iniciativas en las que, de una manera o de otra, toda la ciudadanía se vio implicada.

Hoy por hoy, todo lo que eran pinares alrededor del recinto, está plagado de chalets, urbanizaciones, hoteles, tiendas, restaurantes y hasta campos de golf. Pero el campamento permanece, tal y como se le ha comparado en alguna ocasión, como aquella aldea ficticia de irreductibles galos capitaneados por Astérix y Obélix que resistían ante la invasión del imperio romano.

Y en su interior el tiempo parece detenido cada año, hasta tal punto que quien regresa muchos años después corre el riesgo de encontrarse de frente al niño que un día fue. Se lo digo yo, y cualquiera que haya presenciado las mejores puestas del sol ubetenses con el castillo de Sancti Petri en el horizonte.