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Cien días

Se tiene costumbre de cortesía (muchas veces violada) que a los gobiernos entrantes tras las elecciones, sean nacionales, autonómicos o locales, se les concedan cien días en los que se omiten críticas a sus actuaciones o decisiones, hasta que se supone esos gobiernos ya están asentados, han amarrado de verdad las riendas y comprenden todo lo que les viene por delante y las responsabilidades o facilidades (y dificultades) para llevar su programa. Se entiende que en esos cien días las meteduras de pata pueden ser más por bisoñez, desconocimiento o falta de oficio que por otra cosa. Se les disculpan ciertos errores.

Mariano Valcárcel González

Miércoles, 11 de mayo 2016, 12:58

Es así pues que con el nuevo gobierno local hiciésemos igual y empezásemos a reconvenirles o alabarles pasada la centena diaria. Mas, ¡ay!, que la ... traca de despropósitos en los que se incurre es de tal calibre que apenas si las bocas o las plumas pueden estar ociosas, tales barbaridades se están viendo cometer.

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