Personajillos de Feria: el dormilón
A Hilario lo que de verdad le gusta de la feria es dormir. Pero no dormir en su cama cuando llega reventado de la caminata que hay desde Úbeda hasta el ferial o de estar bailando como un loco en las casetas, no: a Hilario lo que le gusta es dormir en la feria. Hilario llega a una caseta, se sienta al lado del altavoz desde el que las horribles sevillanas de turno que puestas a todo volumen hacen vibrar las croquetas en los platos e impiden que nadie hable con quien tiene sentado al lado, y se queda frito como un bendito, acurrucadito, tan calentico... y si fuera están septiembre u octubre regalando un día de lluvia, pues hasta se enfada Hilario cuando el responsable de la caseta le dice que ha llegado la hora de cerrar y que tiene que irse.
Manuel Madrid Delgado
Miércoles, 11 de mayo 2016, 15:06
¡Y en el Ideal Cinema!. ¡Ay que sueños ha echado el bueno de Hilario en el teatro!. Un día estaba tan agusto durmiendo que ... le dio por roncar como una ballena con anginas y cuando el acomodador se acercó, lo enfocó con la linterna y le dio suavemente en el hombro para llamarle la atención, él, sin inmutarse, le contestó «No se preocupe, que siga hablando el actor, que a mi no me molesta...».
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¡Y en la Plaza de Toros, Dios bendito, que siestones se ha cuajado Hilario en la Plaza de Toros mientras los olés y el pasodoble atronaban el ruedo!. ¿Cómo hay quién puede afirmar que la Plaza de Toros de Úbeda es incómoda?. Hilario llega, se apoltrona en su asiento y poco a poco, disimuladamente, se va dejando caer en el hombro del que tiene al lado hasta que se queda frito, y cuando el poco sufrido compañero de asiento le da suavemente con el bracillo para que se incorpore, él lo agarra por el codo y se arremete más contra la chaqueta del compañero, sintiendo como la baba se le cae de pura felicidad...
En los toros solo tuvo un problema el día aquel de San Francisco en el que un 'malafollá' le dio con el puro en la mano para despertarlo y del susto le dio un bofetón a la mujer del lado, montándose un revuelo en el tendido que costó suspender la corrida un rato hasta que se aclaró el picatoste. ¡Y en el Canguro Loco, Virgen del Amor Hermoso, que cabezadas en el Canguro Loco...!.
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