Carta de Sebastián Lozano en respuesta a Andrez Pezzini: Hablemos de verdad

Carta de Sebastián Lozano en respuesta a Andrez Pezzini: Hablemos de verdad
  • Me doy por aludido en su carta abierta a Alberto Sanfrutos, presidente de Plaza Vieja, aunque no me haya nombrado directamente. Pertenezco a esta Asociación desde su creación, y formo parte desde sus inicios de su Junta Directiva, y no conozco a ningún otro miembro que tenga un familiar con anterior relación laboral con su empresa que no sea Pablo, el mayor de mis hijos.

Voy a "entrar a su trapo", aunque con ello tal vez no le haga un favor a Plaza Vieja, porque justamente usted pretende desviar el debate de la autenticidad del patrimonio de la ciudad hacia un asunto de conflicto de intereses personales o de empresas ? "no tiene un pelo de tonto" ?, y con ello tratar de levantar polvo que impida ver el fondo real del asunto que es si la "sinagoga del agua" que usted vende es un "descubrimiento" o un "montaje". Ello no depende de su opinión o de la mía, sino de la del personal adecuado de la administración cultural. Pero me sobrepasa el halo que usted mismo se ha dado para presentarse como un inocente benefactor del turismo y empleo de esta ciudad, y con ello ocultarlo todo, cuando creo que usted "no es tan buena gente". Porque el conflicto legítimo de competencia entre empresas no tiene nada que ver con el asunto que se está tratando y, desde luego, yo personalmente no tenía ningún conflicto hasta hace tres semanas. Le aseguro que ahora sí lo tengo, cuando he descubierto la catadura moral que envuelve este asunto. Mi conflicto es ajeno a la debatida autenticidad. Eso se tendrá que dilucidar donde corresponda. Mi conflicto estará en la justicia para que algunos respondan por prácticas mafiosas. Y en este caso tenga la seguridad que somos una familia obcecada en su persecución, porque a nadie voy a consentir que juegue con nuestro nombre.

Mire, llevo personalmente mucho tiempo callado, a pesar de las veladas agresiones que recibo en cobardes escritos medio anónimos, y las directas de otro personaje, socio suyo, del que más tarde hablaré. Callado para no impedir el debate que, legítimamente y de manera certera, ha planteado Plaza Vieja sobre la autenticidad del patrimonio histórico, como antes lo hizo sobre la urbanización con campo de golf en la Torrecilla, la cantera en la Dehesa del Moro, las intervenciones de obras en distintas plazas y calles de la ciudad, el incumplimiento de la creación del Órgano de gestión conjunta de Úbeda-Baeza Patrimonio Mundial, y tantas otras.

Le voy a confesar que el asunto de la autenticidad de la "sinagoga del agua", de manera particular, debió ser tratado mucho antes, cuando se presentó la misma en público, ante la avalancha de opiniones que dudaban de la misma. Opiniones que procedían de otros anticuarios que ahora callan, de autoridades culturales de la ciudad y de fuera, historiadores, arqueólogos, artesanos, etc. Pero no fui yo quien formalmente propuso este asunto en la Junta Directiva de Plaza Vieja, y ni tan siquiera existía la empresa turística a la que usted alude de forma malévola. Sin embargo, yo sí tenía conocimiento de la construcción del falso discurso que estabais organizando alrededor de ese "descubrimiento", porque ya trabajaba mi hijo en su empresa, era guía en dicha sinagoga y recibía información directa del propietario y de su empresa. Y todavía él no ha hablado y le puedo asegurar que temblarían los cimientos si lo hiciese. Por tanto, tal vez yo sí debería haber sido más diligente a la hora de aportar la información de la que ya disponía y no lo hice porque mi hijo trabajaba ahí y el propietario era entonces mi vecino. Confieso también mi culpa por permanecer en este asunto todavía callado. Y lo seguiré estando porque creo que son los expertos académicos y de la administración cultural los que deben resolverlo.

También quiero manifestar que de esta situación es responsable la Administración Local por su dejación de funciones, llevando a los ciudadanos a enfrentamientos, cuando es dicha Administración la que debe realizar las tareas de supervisión y control.

Mi hijo Pablo tenía en su empresa, Artificis, un contrato de sustitución de otra persona. A pesar de ello su empresa le comunicó, poco antes de su no renovación, que se prolongaría su contrato aunque se reincorporara la persona sustituida, porque le consideraban un magnífico profesional, tanto que lo utilizaban para formar a otros guías. Sin embargo, una tarde, al final de su jornada de trabajo, en la misma calle, usted Sr. Pezzini le dijo que no volviera al día siguiente. Y voy a explicar por qué. Por dos razones fundamentales: una, porque preguntaba demasiado acerca de la costumbre instalada en su empresa de tener personal sin contratar; la otra, porque se negó a contar la versión sobre la autenticidad de la "sinagoga del agua" que ustedes habían montado, en su trabajo cotidiano de guía y en una entrevista de una TV autonómica.

Es verdad que reclamó ante Magistratura de Trabajo por retribución incorrecta como guía en su liquidación. Y le dieron a su empresa la razón. Felicitaciones. También es verdad, que no denunció ante Trabajo la práctica ilegal de no contratar debidamente a parte del personal, y ahora pienso que debería haberlo hecho entonces. Desde luego esto no le hace a usted ser "buena gente", créame. No quiero recordar las prácticas deshonestas, y esas sí deleznables, desplegadas por ustedes contra el nuevo servicio turístico, creado por mi hijo y otros jóvenes diplomados y licenciados universitarios, mucho más preparados que lo está usted, sin duda, tratando con insidias de desacreditarlos incluso antes de nacer este servicio. Afortunadamente, la calidad profesional de ellos y la verdad les va abriendo paso y en un año de actividad, me cuentan, que son muchas instituciones, agencias, colectivos y miles las personas que han usado sus servicios con satisfacción manifiesta. Todo ello a pesar de usted.

Tampoco creo que esto le acredite a usted como "buena gente". De cualquier forma, no voy yo a analizar las bondades de su práctica en los servicios turísticos, pero creo que debería ser cauto en autohalagarse después de la opinión que durante años han vertido sobre usted las otras empresas de servicios turísticos presentes en Úbeda. Debería estar más que satisfecho del trato privilegiado que ha recibido y sigue recibiendo de entidades públicas dedicándole a su empresa y otras asociadas continuados Fam trips exclusivos para la venta de sus "bondades" profesionales, incluida la promoción de la comentada "sinagoga del agua", excluyéndose de esas oportunidades a otros espacios expositivos públicos y privados de la ciudad. Tal vez habrá ocasión para conocer por qué ha venido ocurriendo esto y, entonces, también será el momento de hablar de lazos familiares. Pero ello es otro asunto que habrá que tratar en y con otras instancias.

Quiero volver al tema de la "sinagoga del agua" y su autenticidad. Yo no soy experto, soy veterinario, agente de desarrollo rural y animador sociocultural. Mi acercamiento al patrimonio cultural no es académico, sino en tanto que ciudadano. Tampoco tenemos en Plaza Vieja expertos reconocidos en la materia. Por tanto, hemos solicitado información al Ayuntamiento y a expertos autorizados en la materia. Y eso es lo que hemos hecho. Todavía, ni yo personalmente, ni Plaza Vieja habíamos opinado. Insisto en que sólo se ha requerido información y se ha organizado una Mesa Redonda para disponer de datos de los expertos. Pero parece que esto de querer saber debe de ser muy peligroso. Tal es así que, una semana antes de la celebración de la Mesa Redonda del día 4 de noviembre pasado, con expertos y autoridades culturales para hablar del "patrimonio histórico y su autenticidad", Fernando Crespo, propietario de la autodenominada "sinagoga del agua" se presentó ante el presidente de la entidad donde trabajo para hacerme un chantaje: que me callara sobre la "sinagoga del agua" o que airearía una patraña inventada de "dossier" sobre cómo yo estaría robando a la entidad que gerencio. Sólo puede ser chantajeado quien tiene que esconder y, para desgracia suya, todos no somos de la misma condición.

Si lo que pretendía era evitar que se hablara en la Mesa Redonda, la respuesta adecuada la tuvo, y me remito a las declaraciones de los expertos presentes en dicho acto: "la sinagoga del agua, hoy, ni es sinagoga ni es monumento". Afortunadamente, el presidente de la entidad territorial donde trabajo y los alcaldes de la comarca me conocen y saben que puedo "meter la pata" pero nunca la mano. Debéis saber, Fernando Crespo y los propietarios de la empresa de gestión de ese "descubrimiento", que os equivocáis radicalmente si creéis que vais a callarme con prácticas mafiosas. Este es el perfil de los que os autodenomináis "benefactores del turismo en la ciudad". Este grave episodio lo puse en conocimiento de mis compañeros en la Junta Directiva de Plaza Vieja y estos no consideraron adecuado que lo hiciera público, eso sí, sin descartar las acciones judiciales oportunas. Pero su carta en prensa, Sr. Pezzini, me obliga a desvelar el tipo de "buena gente" que hay detrás de todo este asunto.

Por consiguiente, creo que ha llegado el momento de hablar de verdad, sin tapujos. Lo primero, es que de una vez por todas se responda a las tres preguntas que públicamente formuló Francisca Hornos, Directora del Museo Provincial de Jaén y miembro de la Comisión Provincial de Patrimonio Histórico de la provincia, el 4 de noviembre en el marco de la Mesa Redonda y reiteradas, ayer, por Plaza Vieja: ¿dónde está el informe arqueológico? ¿quién lo hizo? y ¿dónde está el inventario? Lo segundo, ¿por qué se abrió ese negocio utilizando la palabra "sinagoga" sin que nadie de la administración cultural le otorgase acreditación alguna y en el Ayuntamiento se miró entonces para otro lado? Lo tercero ¿por qué se continua, con dinero público, promocionando este negocio con visitas organizadas con agencias de viajes, touroperadores, periodistas, bloggeros, etc.? Visitas a las que no pueden acceder otros muchos negocios expositivos turísticos y, por supuesto, ninguna otra empresa de servicios turísticos que no sea la suya, Artificis.

Estamos, de entrada, ante el hecho de una posible "publicidad engañosa", realizada por su empresa a miles de personas, al vender por tres euros la entrada a una "sinagoga" que no tiene ninguna acreditación, excepto la que ustedes mismos se han dado. No sé si esto podría derivar en un delito de estafa.

El mejor servicio que se puede prestar a la ciudad es con la verdad por delante al visitante. La mentira siempre termina haciendo mucho daño a todos, y especialmente a una ciudad "Patrimonio Mundial". No confundan sus negocios privados con los intereses colectivos y, por favor, no todos somos de su misma condición, sin duda.

Sebastián Lozano Mudarra