«En la moda está todo inventado, ahora se trata de hacer revisiones»

«En la moda está todo inventado, ahora se trata de hacer revisiones»
  • En sólo unas horas, mañana domingo 5 de febrero, el diseñador ubetense Moisés Nieto volverá a ver sus creaciones desfilando por la pasarela de la antes llamada Cibeles Madrid Fashion Week (ahora Mercedes-Benz Fashion Week Madrid). Presentará su nueva colección otoño-invierno 2013, la cual ha bautizado con el nombre de 'Virginia'. Evocando lo virginal, asume la sencillez y la línea austera del hábito monacal. Dice haberse inspirado en una visita al Museo de San Juan de la Cruz de Úbeda.

Como ocurrió con 'Bautismo' y 'Raíz', sus propuestas brillarán dentro de El Ego, el espacio que esta semana grande de la moda dedica a los jóvenes talentos. Es la tercera vez que su nombre aparece en esta sección y, por tanto, según está estipulado, será la última. Así, para nuevas colecciones deberá intentar saltar al circuito oficial. Satisfecho con su trabajo diario de sastrería y confección a medida en el que prima el trato personal, el modisto (prefiere este término más que el de diseñador), nos habla de sus logros y también de sus sueños, que quizá no difieran mucho de lo que está viviendo en la actualidad. No en vano, dentro del mundillo de la moda se augura que el nombre de Moisés Nieto sonará y vestirá mucho.

-¿Qué nos puedes adelantar de esta nueva colección?

-Se llama 'Virginia', de virginidad y de virgen. Está basada en el hábito de la monja, en la vestimenta monacal. Tiene mucha inspiración de San Juan de la Cruz. El pasado verano estuve por Úbeda, fui a su museo y me llamó la atención. Entonces pensé en enfocar mi nueva colección hacia ese tipo de vestimenta. El resultado es muy simple, con líneas rectas y tejidos muy pesados que he combinado con tejidos muy fluidos para romper esa pesadez. En total serán unos 30 'looks' (modelos).

-¿Cómo se extrapola el hábito monacal al mundo de la moda?

-Esta vestimenta es muy sencilla, es un rectángulo. Y yo la he amoldado y transformado en una prenda que se puede vestir por la calle. Lo ha hecho mucha gente, como Balenciaga. Ha inspirado a muchos diseñadores y a mí me apetecía hacerlo también.

-¿Es largo el proceso creativo?

-Lo primero es la idea, la inspiración, el tema. A partir de ahí empiezas a dibujar y a definir la línea que quieres hacer, la forma sobre el cuerpo. Y una vez que tienes las prendas claras, pues toca hacer los patrones y confeccionarlas. Yo me encargo de todo el proceso, de principio a fin. No está la economía como para tener una modista, un patronista o un sastre. Aparte, yo disfruto en mi estudio con mis máquinas de coser y me va bien así.

-¿Cómo son las semanas previas al desfile?

-Son de trabajar mucho, desde que me levanto y hasta que me acuesto, compaginando los preparativos con otros trabajos. Por ejemplo, estoy como profesor dando un curso en el IED (Istituto Europeo di Design) una vez a la semana, y también tengo que atender a mis clientas con pedidos a medida. Además, estoy colaborando con otros diseñadores.

-Desglósanos uno de estos días de preparativos.

-Me levanto, me tomo un café y miro el email, que antes de un desfile siempre suele estar colapsado de gente que me pide invitaciones. Hablo con los proveedores, estoy pendiente si me tiene que llegar algún encargo de Barcelona, algún estampado, alguna piel. Ultimo el tema de los zapatos. Luego vienen dos becarias y la mañana la pasamos cosiendo. Y por la tarde suelo hacer pruebas con una modelo para retocar las medidas y ajustar la prenda. Todo el día estoy con la colección. Y, entre medias, atiendo alguna entrevista.

-¿También te encargas de los complementos que luego llevan las modelos?

-Este año tengo la suerte que colabora conmigo Assad Awad, un chico libanés que vive en Madrid y que le hace accesorios a Lady Gaga. Me llamó porque estaba interesado en mi trabajo y hemos planteado una colaboración. Él me hace los accesorios y yo le preparo algunas prendas para su desfile. También tengo un estilista, que es el que se dedica a montar con qué va cada prenda, para que haya una imagen de desfile completa, desde los zapatos, collares, cinturones, bolsos.... todo.

-Entiendo que hay mucho trabajo oculto...

-En el desfile, en diez minutos se ha ventilado todo. Pero detrás de eso hay meses de trabajo y de esfuerzo que no se ven.

-¿Y los tejidos?

-Yo suelo ir a París, a una feria internacional, la más conocida del mundo, que se hace dos veces al año. Van proveedores de todo el planeta. Allí veo los colores que me gustan y los tejidos que se adaptan a lo que estoy buscando para mi colección.

-¿El éxito de una colección es venderla completa o lograr que llegue a los escaparates?

-Yo lo tengo enfocado a la modistería y sastrería tradicional. Tengo una cartera de clientas, y es de ahí de donde vienen los ingresos. La colección es como un escaparate para que la clienta te diga «quiero esto adaptado a mí». Y hay que amoldarlo, además, a las necesidades que tenga en ese momento, ya sea una boda, un cóctel o una reunión.

-Entonces, ¿de un desfile no puede surgir un suculento contrato?

-El desfile está enfocado principalmente a la comunicación, a la prensa, que es la que te da a conocer y la que te facilita conseguir clientes y encargos. También hay compradores que van a ferias de moda y te pueden comprar la colección pidiendo muchas unidades de cada prenda. Con ello, se produce para venderla en tiendas multimarca. Pero el tópico de una firma que quiere tu colección... eso pasa muy pocas veces.

-¿Cuál es el perfil de tus clientas?

-Suelen tener entre 30 y 45 años, y un nivel adquisitivo alto.

-¿Sólo mujeres?

-Sí. Algún chico me ha encargado alguna camisa o algún pantalón, pero poca cosa. No obstante yo quiero enfocar mi trabajo a la mujer.

-¿Cualquiera se puede permitir vestir un Moisés Nieto?

-Yo tengo prendas que van desde 100 euros a más de 1.000. Todo depende de las necesidades de la clienta. Si quiere un abrigo de piel, pues se le hace, y lógicamente es mucho más caro que otra cosa.

-¿Y todo está en venta?

-Sí. La colección se presenta y se vende para el año siguiente. Y si a la clienta le gusta la forma de un vestido, yo se lo hago para ella.

-¿Dónde está el límite?, porque a veces se ve cada cosa sobre la pasarela...

-El límite lo pone el cliente. Hay personas muy clásicas y otras a las que les gusta llamar la atención y que su estilo de vida es vestir extravagante y diferente. Hay quienes compran directamente las prendas del desfile... no hay límites. No obstante, muchas de las cosas excesivas y exageradas en formas, volúmenes y colores que se ven son para captar la atención de la prensa y el público. En realidad, eso son pinceladas que luego se transforman en prendas más ponibles o más reales.

-¿Qué salida han tenido tus colecciones?

-No he tenido problema, porque cuando yo hago una colección, la enfoco a la venta. No hago cosas muy raras. Lo que he hecho hasta ahora se ha estado vendiendo en Madrid, Cádiz y Sevilla. Y va muy bien. Son prendas que les puedes dar uso. No hago ropa para llamar la atención, sino para que la gente las pueda llevar por la calle.

-¿Está todo inventado? porque siempre se habla de las nuevas colecciones diciendo que están influenciadas por estilos pasados.

-Así es. Ahora se trata de ir haciendo revisiones de modas pasadas y buscar influencias en cualquier cosa, en el arte, el cine, la música... Hablando de la prenda en sí, está todo inventado y se puede innovar muy poco. Quizá en tejidos o en algunas formas, pero al fin y al cabo un pantalón es un pantalón y una camisa es una camisa. No tiene más vueltas.

-¿Verdaderamente interesa la moda, o simplemente se trata de sacar chicas guapas al final del telediario para que a algunos se nos enfríe la sopa?

-Yo creo que interesa, y mucho. La moda ha cambiado muchísimo y se ha convertido en un fenómeno social. La culpa la tiene Inditex o Zara, que han llevado la moda a todo el público. A partir de ahí aparecen más revistas y programas de moda, la gente se interesa más por las tendencias, ya no te pones lo de siempre y buscas algo más.

-Además, estáis un grupo de gente joven que vienen empujando.

-Los jóvenes diseñadores tenemos ahora mucho más apoyo que hace años. Hay muchas escuelas de moda, muchas plataformas para desfilar, muchos eventos de moda en España y Europa, y muchas oportunidades de mostrar tu trabajo. Eso es bueno porque, de lo contrario, en las pasarelas estarían los mismos de siempre. Y debe haber una nueva generación que cambie un poco el punto de vista de la moda y aporte cosas nuevas.

-¿Has vestido a alguien conocido?

-María Adánez se puso una gabardina mía para una presentación de Loewe. Y también ha llevado algo mi amiga la actriz Ana Rujas.

-¿Y a quién te gustaría vestir?

-Me encantaría poder vestir a Bianca Jagger. Para mi es el prototipo de mujer, y la identifico mucho con mi marca. Una mujer madura, fuerte, inteligente, intelectual.....

-¿Qué hay que tener para triunfar en la moda? ¿padrinos?

-Hay que tener un poco de suerte. Yo, cuando llegué a Madrid, conocí a Antonio Alvarado (con más de 30 años en la moda) y empecé a trabajar con él. Y sí, es verdad que te abre un poco las puertas el relacionarte con gente de la moda, salir por la noche, la comunicación y hacerte ver un poco. Pero también hay que caer en gracia. Aún así, este mundo es complicado. Hay que valer, y se demuestra con el trabajo y el esfuerzo.

-¿Y cómo se aprende?

-Hay que tener paciencia. Hay que coser, equivocarse y descoser mucho. Y hay que dedicarle mucho tiempo. Es muy sacrificado. Yo empecé a estudiar en Málaga, pero allí no conseguí casi nada. Luego me seleccionaron para un concurso en Granada, y mi hermano me regaló una máquina para Reyes. Fue a partir de ahí cuando de forma autodidacta aprendí a coser. Se aprende mucho viendo prendas en las tiendas, examinándolas, dándoles la vuelta para ver cómo están hechas, dónde llevan la costura, el patrón, los detalles. Ahí es donde más se aprende.

-¿Dónde te gustaría llegar?

-Si te digo la verdad, estoy muy bien ahora. Vivo en Madrid, me gusta la ciudad, y el trabajo que tengo me encanta. Quiero ir creciendo a nivel empresarial, y tener mi propio atelier (taller) y un equipo de patronistas, modistas, gente de comunicación, un asistente.... O sea, una empresa grande. Con eso me conformaría, teniendo mi propia tienda y abasteciendo a las demás tiendas que vendan mis productos.

-¿De alguna forma entraría Úbeda en ese proyecto?

-Por ahora no. Porque no hay mercado. No obstante, siempre he pensado que me gustaría retirarme en mi ciudad, y poner una tienda pequeña o un taller.

-¿La docencia es una salida?

-A mí no me importaría compartir experiencias y enseñar a nuevas generaciones. Me parece muy interesante. De hecho, me estoy divirtiendo mucho dando clase a los chicos de segundo de mi escuela. Mientras pudiera compaginarlo con mi trabajo, sí que lo haría.

-¿En tu caso lo tenías claro desde el principio?

-Creo que sí, aunque no siempre. De pequeño fantaseaba un poco, pero nunca pensé que iba a ser realidad y medio lo olvidé. Luego vi un curso de moda y me dije: «voy a hacerlo a ver qué pasa». Y finalmente fue lo que quería. Ahora creo que no sabría hacer otra cosa.

-¿Qué prefieres? ¿diseñador o modisto?

-Yo me considero más modisto que diseñador. Yo diseño, pero disfruto mucho con la parte de la costura y de las prendas a medida.

-¿Has coincidido en lo laboral con alguien de Úbeda?

-Tengo relación con Salomé Góngora, que es profesora, también trabaja en moda y tiene su propia firma. Es una gran amiga y me apoya muchísimo. Incluso viene a todos mis desfiles. Y también trabajo con Virginia Ruiz, que me lleva la comunicación y es como mi mano derecha. Y poco más. Fueron de lo laboral, sí te puedo contar que el mes pasado, cuando estuvimos en México desfilando, nos encontramos a dos de Úbeda en Cancún. Fue muy fuerte.

-¿Y tú? ¿cuidas tu aspecto personal?

-Antes sí, cuando estudiaba moda y era más joven. Pero ahora no le doy importancia. Puedo ir a cualquier sitio con un vaquero y con una camiseta, incluso rota. De hecho, compro poca ropa. La suelo comprar cuando viajo, o en mercadillos o en tiendas de segunda mano. El protagonismo tienen que tenerlo mis diseños, no yo.

-¿Que prenda no te pondrías?

-Nunca me pondría o, mejor dicho, lo que nunca me pongo, porque no tengo, es un chándal.

-No te entretengo más. Además, he quedado para tomar unas cañas. ¿Qué me pongo?

-Vístete con lo que mejor te sientas. Cuando me hablan de tendencias, no suelo dar pautas ni límites, ni aconsejo colores ni formas. La mejor prenda es la que mejor te quede y con la que mejor te sientas identificado.

(NOTA DEL ENTREVISTADOR: a punto estuve de irme al bar en pijama).