Borrar

OPINIÓN: Madre muerte

Cada año, por noviembre, el día de Todos los Santos le devuelve a la muerte su actualidad nunca perdida. Jugamos los hombres contemporáneos a intentar esconder o burlar la muerte, a alejarla del entramado cotidiano de nuestras vidas, como si fuese posible desdibujar el horizonte que ella pone delante de todas las existencias. Y cuando llega el 1 de noviembre -con su ritual de las flores y las castañas y las gachas y las flores y las visitas a los cementerios, y con su nuevo ritual de Halloween que a nosotros nos resulta extraño pero que nuestros hijos ya asumen como suyo- la muerte reivindica su puesto preferente dentro de todo lo que es humano.

Manuel Madrid Delgado

Miércoles, 11 de mayo 2016, 15:04

Decía Spinoza que «el hombre libre en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría es una meditación no sobre la muerte sino ... sobre la vida», cuando lo cierto es que cualquier pensamiento sobre la vida tiene que hacerse siempre desde el amarradero de certezas que la muerte es. Porque si no pensamos así ocurre lo que está ocurriendo en este tiempo nuestro: que al creer que podíamos renunciar a la meditación sobre la muerte, al creer que podíamos obviar su dura realidad -al fin y al cabo la muerte es lo único real de toda vida- pensamos que ganaría el pensamiento sobre la vida, y ha resultado todo lo contrario, pues al querer privarnos del telón de fondo de la muerte hemos reducido la vida a una sucesión de insustancialidades y banalidades.

Este contenido es exclusivo para suscriptores

Esta funcionalidad es exclusiva para suscriptores.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios

ideal OPINIÓN: Madre muerte

OPINIÓN: Madre muerte