Marcharse con la música a otra parte
Allá por el año 2000, cuando contaba con poco más de 25 años de edad, Jorge López Ortiz decidió liarse la manta a la cabeza y dejar su Úbeda natal para dirigirse rumbo al norte motivado por su pasión: la música. Una pasión que heredó de su padre, Francisco López, un conocido músico ubetense que ha tocado casi todos los palos (y los que le queden).
Alberto Román Vílchez
Miércoles, 11 de mayo 2016, 14:47
El objetivo de Jorge también era tocar, fuera donde fuera, pues es lo que más le gustaba y le gusta hacer. Y no es que ... en la ciudad de Los Cerros no lo hiciera, pero es que quería vivir de ello, algo más complicado por tierras jiennenses. La puerta se la abrió un currículum colgado en internet, cuando la red no era ni la sombra de lo que es hoy. Gracias a ello, recibió una llamada de una orquesta gallega que requería sus servicios.
Además de familia y amigos, atrás dejaba estudios de piano y percusión «sin acabar por pura pereza», más de 15 años de pertenencia a la Agrupación Musical Ubetense, una década poniendo ritmo de tres por cuatro a chirigotas y comparsas de Carnaval, algunos años en la tuna, cierto prestigio como percusionista en el entorno y su militancia en distintos grupos de ámbito provincial, como la mítica Pipirrana Blues Band o la orquesta Chasis. Incluso acompañaba con batería y guitarra a la también ubetense Zahara cuando ésta sólo podía soñar con su primer disco, que grabaría 10 años después.
En Orense
Pero mereció la pena dar el paso, o al menos así lo considera él. Hoy vive en Orense, y tras pasar por distintas orquestas de renombre (Colores, Tango y Jerusalén) y por diferentes localidades gallegas, desde hace una temporada es uno de los integrantes de la orquesta Ledicia, muy conocida y demandada en Galicia y alrededores, cuyo origen se remonta a 1975.
Está compuesta por 13 personas: trío de metales, batería, percusión, teclado, guitarra y bajo más 3 cantantes y 2 bailarinas. A ellos hay que añadir técnicos, montadores y chóferes. Todo un equipazo que da buena muestra del tinglado que tienen montado y de la calidad de la formación. Jorge, al que los compañeros conocen como 'Killo', toca habitualmente las percusiones, aunque en el segundo pase (es habitual que las orquestas suban dos veces al escenario, dividiendo en dos su espectáculo) se enfunda la guitarra eléctrica y acústica para la parte fuerte del show e incluso pone voz a los temas más cañeros.
Cabe decir que la concepción de una orquesta en Galicia es muy diferente a lo que suele ser el grupo verbenero que se estila por el sur de España. De entrada es un trabajo como otro cualquiera y los músicos, como Jorge, están contratados todo el año y tienen un sueldo fijo al mes, toquen o no, porque cuando no actúan no paran de ensayar y de preparar nuevos temas para el repertorio. No cobran por bolo, como ocurre habitualmente por estas tierras andaluzas. Además, están muy demandados y no paran de actuar, tanto en verano como en invierno.
Más respeto, mejor sueldo
Según el ubetense, «el músico está mucho más respetado y mejor pagado, con lo cual se puede vivir bien de la música». Incluso las orquestas tienen club de fans que les siguen. Y, claro está, Jorge, con el desenfado y la 'poca vergüenza' que siempre le han caracterizado, no ha tardado en hacerse una persona bastante conocida en su entorno. «Es el encargado de brindarle a la orquesta esa gracia y salero andaluz», afirman sus compañeros.
Otra diferencia es que llevan todo el montaje en un tráiler que se abre y sirve de escenario, y en muchos casos, como ocurre con Ledicia, en lo referente a luces, sonido y demás efectos del espectáculo como las pantallas 'led', superan a grandes artistas de nivel nacional en gira. De prepararlo todo se encarga un equipo de técnicos y montadores, y no los propios músicos. «Nosotros sólo tenemos que llegar para probar sonido y tocar», cuenta el ubetense.
Jorge López se siente un privilegiado por poder trabajar en lo que le gusta y vivir de ello. La música se lo da todo. Tanto es así que, cuando tiene tiempo libre, junto a otros dos amigos forma un trío con el que actúan para matar el rato y pasarlo bien, interpretando clásicos del rock a ritmo de rumba. También colabora con otro grupo de corte 'flamenquito'.
No obstante, reconoce que echa de menos sus raíces, el clima y la gente del sur. «Si en Jaén o en Andalucía los músicos de orquesta vivieran como se vive aquí, no me lo pensaba y ya me habría bajado, pero no es así», comenta. Quién sabe... quizá algún día le merezca la pena.
Unos 200 conciertos al año
«Quería vivir de la música y aquí he encontrado la forma de hacerlo», comenta Jorge López, quien reconoce que nunca imaginó que acabaría hallando su sitio amenizando fiestas de todo tipo (y eso que durante toda su vida ha sido de lo más festero). Actualmente, con Ledicia, comparte escenario con personas de diversa procedencia (incluso de Venezuela y República Dominicana). Él es el único andaluz.
Trabajan todo el año, llegando a ofrecer la friolera de entre 150 y 200 actuaciones, de unas 3 horas cada una (2 pases de hora y media). A ello hay que añadir ensayos maratonianos para que el repertorio siempre esté actualizado y suene perfecto. La crisis afecta, pero para orquestas de este nivel siempre hay trabajo porque siempre hay fiestas a las que poner ritmo y público dispuesto a mover el esqueleto.
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