Los Príncipes de Asturias entregan a Úbeda el Premio Ciudades Patrimonio de la Humanidad
El alcalde de Úbeda, José Robles, ha recibido este mediodía de manos de los Príncipes de Asturias el Premio Ciudades Patrimonio de la Humanidad que concedió al Ayuntamiento el Ministerio de Cultura por la adecuación espacial al contexto urbano del 'Proyecto de restauración y ejecución de la plaza Vázquez de Molina de Úbeda'.
Alberto Román Vílchez
Miércoles, 11 de mayo 2016, 14:43
El acto de entrega se ha celebrado en el Palacio de El Pardo en Madrid, otorgándose igualmente otros Premios Nacionales que otorga el Ministerio correspondientes ... a los años 2011 y 2012 con la asistencia del ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert. Así, también han recogido sus galardones personalidades de la literatura, el cine, las artes plásticas, el periodismo, las artes escénicas, el cómic, la historia, el diseño o la música, entre otras muchas disciplinas, tales como Jesús Hermida, José Luis Sampedro, Elio Berhanyer, Santiago Auserón, Ana Borderas, Agustí Villaronga, Blanca Portillo, Kiko Veneno, Manolo Blahnik, Juan Cruz o Javier Perianes.
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El de Úbeda es el segundo Premio Ciudades Patrimonio de la Humanidad correspondiente a 2011 y dotado con 15.000 euros. El primero, dotado con 25.000 euros, ha sido entregado al Ayuntamiento de Córdoba por el proyecto de obras para la rehabilitación y adaptación de la Casa Mudéjar e Instituto Internacional de Estudios Árabes y del Mundo Musulmán.
Estos reconocimientos recompensan la labor de personas físicas o jurídicas en el ámbito de la conservación, restauración, promoción y difusión del patrimonio histórico y cultural realizada en las ciudades españolas cuyos conjuntos históricos o monumentos singulares hayan sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en cualquiera de sus categorías. También valora la revitalización social de los conjuntos históricos y la vida en las ciudades patrimoniales.
Lo que se ha premiado
En el caso de Úbeda se tuvieron en cuenta las actuaciones de reordenación y restauración llevadas a cabo en la monumental plaza Vázquez de Molina, auténtico emblema de la declaración de la ciudad como Patrimonio de la Humanidad junto a Baeza, y donde se concentran los principales edificios históricos de la localidad, tales como la Sacra Capilla de El Salvador, la iglesia de Santa María de los Reales Alcázares, el Palacio Vázquez de Molina (actual Ayuntamiento) o el Palacio del Deán Ortega (actual Parador).
Las últimas intervenciones desarrolladas en este espacio tuvieron que ver con la renovación de la superficie de la plaza, conservando el enchinado tradicional y la losa de piedra en los espacios peatonales y colocando adoquinado en las zonas destinadas al paso de vehículos. Las obras fueron realizadas durante la anterior corporación con una de las partidas del Plan E.
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Orgullo
Según destacó el alcalde, este premio no sólo reconoce la intervención municipal en el centro neurálgico del casco histórico ubetense, declarado por la Unesco en 2003 junto a Baeza, sino que «es un reconocimiento al trabajo de tantos ubetenses que protegieron y apostaron por el mantenimiento del legado monumental renacentista que ahora es objeto de admiración en todo el mundo».
Para Robles ha sido un motivo de orgullo recibir este premio «en nombre de todos los ubetenses» y una demostración del «trabajo bien hecho por todos los que durante años han creído en el potencial de futuro de un sector que en diez años se ha convertido en básico en nuestra ciudad como es el del turismo». Porque, como añadió, «la conservación de nuestro patrimonio no sólo es un elemento generador de empleo, sino que es nuestra herencia para las generaciones venideras».
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Por ello, reivindicó «la intervención de todas las administraciones en la protección de nuestro legado patrimonial» con actuaciones para la conservación de monumentos de los que «el Ayuntamiento sólo no puede hacerse cargo». Una rehabilitación y una conservación que «está siempre viva» y que permitirá con el tiempo, por ejemplo, la peatonalización integral de la plaza Vázquez de Molina con «la prohibición del estacionamiento de vehículos, de forma que podamos admirar esta plaza en todo su esplendor».
El jurado
El jurado, presidido por la directora general de Bellas Artes y Bienes Culturales, Ángeles Albert, estuvo integrado por Celestino García Braña, en representación del Consejo Superior de los Colegios de Arquitectura de España; el catedrático de Urbanismo de la Universidad Politécnica de Madrid, José Fariña Tojo; el secretario general de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando Fernando de Terán; y la arquitecta del Instituto de Patrimonio Cultural de España, María José del Toro Oliva, entre otros.
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También formaron parte del mismo Iago Seara Morales, en representación del Grupo Ciudades Patrimonio de la Humanidad, y Begoña Bernal Santa Olalla, en representación del Comité Español del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios de España (Icomos). Y actuó como secretaria la Subdirectora General de Protección del Patrimonio Histórico, Ángeles Alastrué Campo.
Objetivos del premio
A lo largo de sus más de diez ediciones, este galardón se ha convertido en un estímulo para las buenas prácticas, la conservación y la mejora de la gestión en los 43 conjuntos declarados Patrimonio Mundial con que ya cuenta España, el segundo país del mundo en número de declaraciones en esta categoría tras Italia. El origen de este premio, regulado por la Orden de 23 de marzo de 2000 y convocado por primera vez en 2002, procede del protocolo firmado el 8 de julio de 1998 entre el Ministerio de Educación y Cultura y los Ayuntamientos del Grupo de Ciudades Patrimonio de la Humanidad de España.
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El galardón contempla dos categorías, que se otorgan anualmente a los dos mejores proyectos ejecutados en materia de conservación o restauración de patrimonio histórico español que tengan que ver con la conservación de los conjuntos históricos declarados Patrimonio de la Humanidad. Se valora la calidad de los proyectos y de su ejecución material, así como su adecuación espacial al entorno y al contexto urbano, su función de revitalización social del conjunto histórico y su aplicación como modelo a otros conjuntos, esto último en el sentido de su significación innovadora a la propia vida de las ciudades patrimoniales.
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