Borrar
Practicando karate con garrota

Practicando karate con garrota

«¿Hay algo más humilde que una garrota?». Esta pregunta que un día empezó a dar vueltas en la mente de Mateo Redondo Hurtado fue, en parte, la responsable de que hoy Úbeda pueda presumir de tener entre sus vecinos a este maestro de karate que recientemente obtuvo el sexto Dan ante el tribunal de la Federación Andaluza de Karate reunida en Málaga. Para los ajenos a este deporte cabe señalar que el nivel que ha alcanzado este ubetense de adopción (nacido en Torreperogil) es comparable a la primera división futbolística. No en vano, hacen falta unos treinta años de práctica y entrenamiento para llegar a un sexto Dan, algo que en Andalucía muy pocos tienen.

Alberto Román Vílchez

Miércoles, 11 de mayo 2016, 15:10

Necesitas ser suscriptor para acceder a esta funcionalidad.

Compartir

Pero, enlazando con la pregunta inicial, lo más llamativo de esta historia es que Mateo superó la prueba, con reconocimiento y felicitaciones del tribunal, gracias a una tesina en la que convirtió un elemento tan cotidiano y aparentemente inofensivo como la garrota en un utensilio de defensa personal. Karate con garrota, la tradición de un arte marcial milenario del mundo oriental unido a lo más castizo de la España rural.

El arte de la garrota como sistema de defensa, tesis presentada para obtener el sexto Dan de karate que pronto tendrá una publicación propia y todo lo que sea necesario para dar a conocer esta nueva disciplina, dará que hablar. Aunque nació casi por casualidad: durante una salida al campo de Mateo con algunos alumnos de su gimnasio (Cima). Lo que en principio era un simple punto de apoyo acabó mostrándose como un elemento con gran potencial para la defensa y la lucha. Un objeto común, que pasa desapercibido, pero que a la hora de un enfrentamiento da mucho de sí.

Hasta siete partes para pegar

Con las ideas muy claras, el maestro de karate comenzó a desarrollar y potenciar las cualidades de la garrota como utensilio de las artes marciales, definió hasta siete partes diferentes con las que poder pegar (la curva es la más importante y peligrosa), planteó distintos movimientos o katas tanto de ataque como de defensa y empezó a inculcarlo a sus alumnos. Así, terminó entendiendo que era la oportunidad perfecta de preparar su prueba para el sexto Dan, toda vez que a ese nivel se pide que los aspirantes aporten algo nuevo y no solo se limiten a reproducir las katas establecidas aprendidas durante sus trayectorias.

Tras una dura e intensa preparación, Mateo se presentó en Málaga para comparecer ante el tribunal. Fue acompañado por seis de sus alumnos, todos ellos empuñando las garrotas con las que llevaban tiempo entrenando. Según contó a IDEAL, la reacción inicial de los allí presentes fue de sorpresa, e incluso no faltó cierto cachondeito al verles aparecer con tan inusual 'arma'. Pero tras la prueba a puerta cerrada y la exposición de la tesina, el tribunal, integrado por maestros de un nivel superior (séptimo Dan), le aprobó por mayoría e incluso le felicitó.

Mateo no viajó solo a su cita con el tribunal que le otorgó el sexto Dan. Estuvo acompañado por algunos de sus alumnos. Estos fueron Sebastián Díaz Victoria, Mateo Montiel, Fernando Martínez Obra, Fernando Padilla Navidad, Felipe Expósito Magaña y José Miguel Crespo González.

GAD: Garrota, Arte y Disciplina

Conseguido el objetivo, la intención de Mateo y del equipo que ha formado en torno a la garrota es hacer los trámites preceptivos con la federación para lograr que sea reconocida como una disciplina, para lo cual tienen previsto elaborar un completo tratado. GAD: Garrota, Arte y Disciplina, es el nombre que le han dado a este proyecto en el que llevan trabajando más intensamente desde septiembre de 2011 y para el cual ya tienen mucho camino andado. Incluso siguen evolucionando y han empezado a estudiar las potencialidades de una garrota que puede dividirse por la mitad y que permite tener dos armas en una, mucho más ágiles y con mayor número de posibilidades.

El profesor manifestó que le reportaría una gran satisfacción ver a gente de toda condición y edad practicando algo a lo que él ha dado forma. De entrada, en su gimnasio la experiencia está siendo muy positiva. Prueba de ello es que, colgadas en una barra, se pueden ver decenas de garrotas con nombres diferentes escritos, pertenecientes a todos los alumnos que ya las usan en sus clases y entrenamientos.

Se trata de gente de todas las edades pues para el karate no hay límites. Y tratándose de garrotas, es lógico pensar que puede ser muy útil para personas bien entradas en años que ya utilizan este elemento en su día a día como punto de apoyo. Al respecto, Mateo está trabajando con unos setenta mayores de Torreperogil a los que imparte un taller de ejercicio físico a través del centro de día de la citada localidad. Con ellos aplica algunas de sus técnica y movimientos, adaptándolos a las condiciones de los participantes, quienes están encantados pues es bueno para la artrosis y otras muchas patologías ya que implica estiramientos e incide en las articulaciones. Tanta es la satisfacción que algún día de clase que ha caído en festivo se han negado a descansar. El aprendizaje y las ganas por seguir evolucionado tampoco tienen edad.

La garrota

Las garrotas que utilizan Mateo y sus alumnos son de lo más normal, de tipo rústico, aunque con el mango algo más ancho de lo normal. Son de madera de almez, un árbol muy longevo y que puede alcanzar un gran porte pero que, para aprovechar bien sus ramas rectas, se deja en arbusto, con lo cual los rebrotes se van cortando sucesivamente cuando tienen la medida adecuada. Es la misma madera que se utiliza habitualmente para los mangos de las herramientas agrícolas y de construcción.

Trayectoria

Mateo Redondo empezó a practicar karate a los 14 años y desde entonces no ha parado, tanto de aprender como de enseñar. «El karate no es un deporte de moda ni de temporadas, y cuando empiezas ya no lo dejas», contó a IDEAL, destacando que se trata de una actividad de defensa, nada que ver con otras disciplinas que potencian la agresividad. Según su opinión, es bueno para el desarrollo personal, y además de la parte meramente física se aprenden valores que tienen que ver con la confianza, el respeto a los demás, la disciplina, la humildad o la autoestima. «Siempre se empieza y se acaba con un saludo», argumentó, subrayando que el karate es «una forma de vida» y seguro de que «quien lo practica es mejor persona».

Como maestro lleva desde los 20 años, primero en Torreperogil en el gimnasio municipal y desde 1997 en Úbeda, donde montó su propio centro, el Gimnasio Cima. Allí tiene unos 120 alumnos de todas las edades, a partir de los 4 años. Y además de la zona para practicar el karate, entre otras cosas, ofrece sala de musculación y clases de aerobic y pilates. Entre sus objetivos se encuentran seguir creciendo, aprendiendo y enseñando. ¿Irá a por el séptimo Dan? «Examinarse es bueno para continuar aprendiendo y perfeccionando, y también para motivar a mis alumnos a seguir evolucionando», contestó sin descartar volver ante el tribunal en el futuro. Aunque tendrá difícil sorprender más que con la garrota.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios