Un autor universal que se siente profeta en su tierra
En tierras jiennenses, y más aún en Úbeda, la concesión del Premio Príncipe de Asturias de las Letras a Antonio Muñoz Molina fue recibida ayer con gran satisfacción. «Orgullo» era la palabra que más se repetía a pie de calle y en redes sociales, donde la noticia corrió como la pólvora. No es de extrañar, pues el ubetense ha demostrado siempre una estrecha vinculación con su tierra, sin aspavientos y desde su personalidad tímida, pero con un compromiso sincero. Lo ha demostrado en muchas de sus obras y artículos, bien fotografiado su Úbeda natal como Mágina, o bien expresando sus recuerdos y preocupaciones desde lo local para hilar ideas de ámbito más general.
Alberto Román Vílchez
Miércoles, 11 de mayo 2016, 15:55
Lógicamente, su relación con la ciudad ubetense es más privada que pública. Suele visitar su casa en el popular barrio de San Lorenzo, donde aún ... vive su madre, y siempre que puede comparte algunos momentos con la familia. La última vez que se le vio paseando por las calles de Úbeda fue en noviembre, acompañado por su esposa, Elvira Lindo. Pero además, no han sido pocos los desplazamientos para participar en actos públicos.
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Vuelta al instituto
El más reciente se produjo el año pasado, en junio de 2012. Casi cuatro décadas después de abandonar sus aulas como un alumno más que encaminaba sus pasos hacia la universidad, Muñoz Molina volvió a recorrer los pasillos del instituto San Juan de la Cruz de Úbeda, que celebraba su 50 aniversario. Y no lo hizo como el escritor de éxito y prestigioso académico, que también, sino como el antiguo alumno agradecido por la formación recibida, base sobre la que se asentó todo lo que posteriormente fue logrando a nivel personal y profesional. «Un instituto es donde una persona se hace ciudadano», aseguró entonces en un encuentro con el alumnado, ante el cual se sentó sin poder evitar mirar con los ojos de otro tiempo.
Con su presencia quiso hacer una férrea defensa de la educación pública en un momento en el que, según dijo, «está siendo descabezada y en la cual los servicios públicos están siendo sacrificados en nombre de una supuesta racionalidad económica». Además, descubrió una placa con la cual se dio su nombre a la biblioteca del San Juan de la Cruz. Y lo hizo encantado, plenamente satisfecho. «Para mi, no hay honor más grande que una biblioteca tenga mi nombre, sinceramente. Y además una biblioteca modesta, de instituto. No conozco una alegría mayor», aseveró aquel día.
Con Elvira Lindo
Previamente, en octubre de 2010, Antonio Muñoz Molina estuvo en la localidad para presentar la novela 'Lo que me queda por vivir' de Elvira Lindo, quien se confesó contagiada del cariño por Úbeda que profesa su esposo. Según dijeron ambos, este acto compartido respondió al calor con el que siempre se les ha recibido, a ellos y a sus obras, a diferencia de otros lugares a los que hay que ir exclusivamente por razones editoriales. «Dentro del recorrido promocional, el autor a veces se puede permitir este tipo de caprichos», aseguró la escritora.
Su novela más ambiciosa
Y un año antes, en diciembre de 2009, el ubetense volvió a casa para presentar 'La noche de los tiempos', quizá su novela más ambiciosa. Fue un acto eminentemente cultural, literario, cívico, en el que el autor no quiso representantes políticos sobre el escenario. En aquella ocasión, en una entrevista ofrecida a IDEAL, dijo sentirse profeta en su tierra, consciente del cariño y el calor de sus paisanos. Aunque, como tantas otras veces, fue crítico con la gestión de la ciudad y su patrimonio, que dijo ver como en el resto de España: «no ha habido mucho cuidado con el patrimonio. España es un país muy maltratado en su paisaje urbano. Y Úbeda es una víctima más».
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Por entonces acababa de publicar un artículo titulado 'Desolación de volver' que hizo mella en la ciudad. «La gente no va a venir a Úbeda a ver una urbanización horrorosa. Y una ciudad no es sólo cuatro monumentos. Es muchas más cosas: el paisaje que se ve al llegar a ella, el diálogo entre el pasado y el presente. Y yo me temo que eso ya no es algo específico de Úbeda. Lo específico de Úbeda es el volumen de la riqueza que había y su grado de deterioro», declaraba a IDEAL al respecto.
También se recuerdan otros escritos comprometidos con su localidad, por ejemplo, en defensa de la biblioteca municipal o del barrio de San Lorenzo. En alguno de ellos llegó a calificar a Úbeda como una ciudad «arboricida», y en todos daba un toque de atención a las administraciones como responsables de la gestión, pero también a los ciudadanos como parte activa a la hora de reaccionar y exigir.
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Doctor Honoris Causa por la UJA
En relación a otras visitas anteriores a tierras jiennenses, en octubre de 2007 el académico estuvo en la capital, donde fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad de Jaén por su calidad literaria y su compromiso con la realidad de su tiempo y los valores humanos. Agradeció el reconocimiento con un relato sobre su vida titulado 'Un balcón hacia el mundo'. «Hay lugares que por significativos acaban volviéndose sagrados en el recuerdo. Uno de ellos es la casa de mis padres, de Úbeda, donde tenía un cuarto con una cama, una mesa, una máquina de escribir y un balcón desde que el que se divisaba el Valle del Guadalquivir y, a lo lejos, Mágina». Así, evocando sus orígenes ubetenses, de la época en la que soñaba con ser escritor, comenzó su alocución ante los cientos de personas que le escuchaban en el Aula Magna. También se recuerda su paso por Úbeda para pronunciar una conferencia organizada por la UNED y, muy especialmente, el día que recibió la Medalla de Oro de la ciudad y el título de Hijo Predilecto en el año 1996.
Buscando su rastro en Úbeda
Su huella en la ciudad de los cerros no es muy palpable, con la excepción de la biblioteca del instituto San Juan de la Cruz y una ronda que lleva su nombre desde 1998, desde la que se puede apreciar el paisaje de Mágina, aunque casi todo el mundo la conoce como Ronda Sur. También hay una pequeña exposición, muy 'doméstica', en el estudio Oyarkandal que el artista salvadoreño Mauricio Jiménez Larios tiene en la plaza de San Lorenzo, donde se pueden ver ejemplares de los libros de Muñoz Molina en distintos idiomas, así como otro material.
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Aunque sus lectores sí identifican en Úbeda muchos escenarios y elementos de sus novelas: la tiroteada y agujereada estatua del General Saro, las calles empedradas del barrio de San Lorenzo, el Palacio de los Orozco convertido en un protagonista más de su 'Beatus Ille'... Al respecto, una empresa de servicios turísticos desarrolla de vez en cuando una ruta por todos estos enclaves en la que, además, se van ofreciendo explicaciones y se leen fragmentos de su obra.
El orgullo de un amigo
En Úbeda, una de las personas que actualmente mantienen una relación más estrecha con el escritor es Manuel Madrid Delgado. No en vano, fue el encargado de presentar 'La noche de los tiempos' en el acto desarrollado en Úbeda. Ayer pudo hablar con Elvira Lindo, quien le transmitió que «Antonio está muy contento, pero abrumado» con todo lo que estaba removiendo la concesión del Premio Príncipe de Asturias.
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Para Madrid Delgado, este reconocimiento «que todo el mundo considera como el más importante en el ámbito literario después del Nobel», consagra a Muñoz Molina como «uno de los grandes escritores españoles vivos», por lo que «es un orgullo ser su amigo». En su opinión, el galardón reconoce a un magnífico autor «con un gran compromiso cívico que ha defendido cosas que en España se defienden muy poco, y su último libro es una buena muestra de ello».
De su obra, confiesa que como a todo ubetense le gusta cuando habla de Úbeda, pero fuera de esa visión chovinista destaca «su capacidad de construir ambientes y personajes». «Entiendes lo que sucede y lo que le sucede a los protagonistas, porque es fácil ponerse en su lugar», considera, añadiendo que «a partir de hechos que pudieran parecer muy concretos, construye un relato que remite a valores universales». De adolescente le marcó mucho la lectura de 'El jinete polaco' y de lo más reciente le emocionó 'La noche de los tiempos'. Aunque confiesa predilección por 'Plenilunio', que le atrapó de principio a fin.
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