OPINIÓN: Amores que matan
Dicen que hay amores que matan. Evidente eso no es amor. Es más, esta sentencia supone un grave insulto y menosprecio a lo que encierra la palabra amor y, por qué no decirlo también, un insulto gravísimo a la inteligencia de las personas cuando asimilamos este conocido aforismo a determinadas actitudes que, lejos de resultar beneficiosas y adecuadas, producen el efecto totalmente contrario resultando tóxicas y contraproducentes se mire por donde se mire.
Francisco Javier Ruiz Ramos
Miércoles, 11 de mayo 2016, 15:03
La obcecación incomprensible del alcalde de Úbeda, José Robles, en relación al espinoso problema de la inmigración que estos días se ha agudizado en la ... capital de La Loma con motivo del inicio de la campaña de aceituna, podría relacionarse perfectamente con este célebre dicho. Efectivamente hay amores que matan. En este caso actitudes. Son varios los episodios que han causado pena, rabia e indignación entre la ciudadanía ubetense amén de una sorpresa mayúscula en aquellas personas que han tenido conocimiento de los mismos.
Resulta incomprensible, como digo, el hecho de que con más de un centenar de personas durmiendo en calles y cajeros de la ciudad, con gélidas temperaturas bajo cero, se negase a abrir el albergue y otras dependencias municipales para, al menos, asistir con humanidad responsable a aquellos que se han acercado a Úbeda con el único propósito de trabajar y poder ganar honradamente un dinero vital para su subsistencia. Resulta incomprensible que, una vez más, vuelva a desoír la voz de la ciudadanía y colectivos que, dando una lección ejemplar de solidaridad, han atendido a estas personas supliendo con creces las graves carencias demostradas por quienes rigen, o deben regir honorablemente, los destinos de esta ciudad.
Y es que este año no se ha podido gestionar peor una situación que, desde hace tiempo, se viene repitiendo en Úbeda.
No se puede argumentar que a nivel provincial se había acordado una fecha para la apertura de los albergues y 'autorrelegar' la autoridad y capacidad de decisión de alcalde a unas meras recomendaciones que siempre han de estar supeditadas al sentido común. No se puede esconder la cabeza y mucho menos ocultar la realidad palpable o lo que es peor intentar manipularla, haciendo como si cientos de personas no existiesen. Y no solo eso, que ya de por sí es lo suficientemente grave como para hacer la muesca más grande en la culata de este 'revólver de despropósitos' asimilado al alcalde de Úbeda y su equipo de gobierno.
La imagen de Úbeda ha resultado gravemente dañada. Los medios de comunicación locales, provinciales, regionales y nacionales se han hecho eco de esta problemática generada por la ineptitud e incapacidad de una persona. Años de duro trabajo, de campañas publicitarias costosísimas encaminadas a ofrecer al mundo entero la imagen de una ciudad única por sus excelencias renacentistas, han sido tirados por tierra en apenas dos días. Mientras la Asociación para el Desarrollo Turístico de Úbeda y Baeza (Tubba) se esforzaba admirablemente en la T4 del aeropuerto de Barajas para vender las excelencias y bondades de las ciudades renacentistas, aquí en Úbeda se hacía todo lo contrario ofreciendo una imagen ponzoñosa y tirando por la cloaca el trabajo de años.
La Política, y hablo de política con mayúsculas, no debe estar para esto. Parece que nos olvidamos que las cosas que pasan en nuestros pueblos y ciudades, los problemas que surgen día a día, deben ser afrontados con la debida responsabilidad por aquellos en quienes los ciudadanos y ciudadanas hemos depositado nuestra confianza. Una confianza que, una vez más, se vuelve a ver traicionada haciendo más patente nuestros errores y más dolorosa nuestra equivocación.
Úbeda, y hablo de la ciudadanía, ha estado y está muy por encima de la capacidad, o más bien de la falta de ella, de aquellos que la rigen y que nuevamente vuelven a avergonzarnos con actitudes y actuaciones que se escapan al más elemental sentido común.
Tomemos nota pues. Estamos emplazados nuevamente, a examinar y a examinarnos, dentro de un año y medio. Seguimos con la cuenta atrás.
Francisco Javier Ruiz Ramos.
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