Robaron en una tienda de jamones pero sólo pudieron llevarse aceite y lomo

Un establecimiento de alimentación situado en la calle Corredera de San Fernando de Úbeda y especializado en la venta de jamones fue objeto de un robo perpetrado en la madrugada de ayer lunes. Aunque los amigos de lo ajeno no pudieron llevarse todo lo que esperaban pues la mayoría de los suculentos productos que había en el escaparate, auténticas 'delicatessen', no cabían por la reja metálica que protege el local, la cual impidió además que los ladrones pudieran entrar.

Alberto Román Vílchez

Miércoles, 11 de mayo 2016, 15:27

Los autores de los hechos rompieron uno de los cristales del local que dan a la calle, usado para mostrar el género al exterior. Lo ... hicieron utilizando un objeto contundente, pero no muy grande o quizá acabado en punta, pues tenía que entrar por uno de los huecos de la verja de cierre de la tienda. Una vez rota la luna, metieron la mano por el agujero para intentar hacerse con algunos de los jamones expuestos, casi con toda seguridad el principal objetivo del robo. Pero no hubo manera de extraer ni uno sólo a través de la reja de hierro. Debieron probar con insistencia, llegando a cortarse en un brazo o una mano, pues en el cristal quedaron restos de sangre.

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Así, desistieron de los jamones que había más a mano y optaron por llevarse otros productos de menor volumen que sí pudieron sustraer, como botellas de aceite y barras de lomo o de otro embutido. La Policía Nacional se personó en la mañana de ayer en el establecimiento para intentar recabar pruebas que ayuden a identificar a los autores. Aunque se pudo hacer poco, también porque, al parecer, nadie vio ni escuchó nada. En una noche en la que el ruido del temporal de viento y lluvia fue protagonista el estruendo que debieron hacer para romper el escaparate pasó desapercibido.

Para los responsables de la tienda lo peor y más costoso fue reparar los desperfectos, pues un cristal de seguridad de ese tipo y de esas dimensiones no suele ser barato. A primera hora de la mañana lo encargaron y, mientras se lo preparaban, colocaron un cartón en el que se podía leer «peligro, cristal roto» para evitar riesgos a la clientela. La única satisfacción fue que los amigos de lo ajeno sólo pudieron oler, y no probar, el jamón de primera calidad que en este conocido local ubetense se comercializa.

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