Pasión Vega desembarcó en Úbeda con un baúl lleno de canciones
Con el auditorio del Hospital de Santiago abarrotado llegó anoche uno de los momentos más esperados del vigésimo sexto Festival Internacional de Música y Danza 'Ciudad de Úbeda': la cita con la voz cálida y llena de sentimiento de Pasión Vega. La artista malagueña estuvo acompañada por el temperamental piano de los hermanos del Valle (Víctor y Luis) para ofrecer el espectáculo denominado 'Dos Pianos con Pasión (Cartas desde Nueva York)', en el que combinaron música y texto, mostrando a los presentes una nueva faceta actoral que hizo descubrir sus dotes para la interpretación.
Alberto Román Vílchez
Miércoles, 11 de mayo 2016, 15:05
Tras el estreno mundial del pasado mes de septiembre y un pequeño receso por la reciente maternidad de la cantante, Pasión Vega y el Dúo ... del Valle vienen desarrollando una gira por los principales escenarios del país que anoche recaló en Úbeda. Una ciudad que tenía ganas de reencontrarse con la intérprete que visitaba el municipio por tercera vez. Anteriormente lo hizo en 2002 con un concierto propio en el pabellón polideportivo (su voz quizá haya sido lo único que ha sonado bien en ese lugar en toda su historia) y en 2010 con una fugaz aparición en uno de los recitales del Festival Internacional de Música de Cine (hoy con sede en Córdoba). Aunque su voz, cargada de dulzura y matices, sigue siendo igual de maravillosa (o quizá más), esta vez la propuesta fue diferente, más musical, más teatral.
Provenientes de ámbitos muy diferentes de la música, las trayectorias de Pasión Vega y de los hermanos del Valle gozan del reconocimiento de crítica y público en sus respectivos géneros. Ella con un estilo elegante e inconfundible y ellos con una enérgica interpretación cargada de emoción. Así, 'Dos Pianos con Pasión (Cartas desde Nueva York)' ofreció en la ciudad patrimonial de Úbeda un novedoso mestizaje escénico y musical, donde lo clásico y lo popular se fundieron en un evocador y sorprendente viaje sobre el escenario. Una cita dirigida por Vanessa Martínez y con los arreglos musicales de Alberto Martín Díaz.
Todo partió de un mágico baúl encontrado en Nueva York conteniendo misteriosos objetos y cartas que sirvieron para originar una discusión cimentada en la búsqueda de la identidad del propietario. Un juego del que se hizo partícipe al público a través de un original guión envuelto en una elegante escenografía que sirvió para hilar las distintas canciones.
De esta forma, el espectáculo propuso un viaje de ida y vuelta a ambos lados del Atlántico, entremezclando obras de Manuel de Falla, Agustín Lara, Ernesto Halfter, Federico García Lorca, Santos Discépolo, Satie... Un abrazo entre músicas clásicas y populares... entre el jazz, el flamenco, el klezmer, el fado, el music hall, la copla... sin perder de vista las influencias de los compositores clásicos.
Pero la cita fue también un viaje en el tiempo a través de la música, la oportunidad de vislumbrar la belleza de unas canciones que poseen en su interior el elixir de la juventud y que después de un siglo permanecen y llegan al corazón exactamente igual que lo hicieron el día de su estreno. Sin duda, las expectativas se cumplieron, como lo demostró la ovación del público a estos tres artistas que protagonizaron una noche inolvidable.
Desde Budapest
Unos días antes, el jueves, actuó la internacionalmente conocida Budapest String Orchestra, la orquesta de cámara más importante de Hungría, que compareció en el mismo auditorio del centro cultural para proponer un programa totalmente dedicado a compositores de su país, entre los que destacaron Brahms, Liszt o Bartók. La formación abrió la velada con 'Palotás', una famosa danza de Ferenc Erkel, que está tan ligado al sentimiento nacional húngaro como Verdi lo estaba al italiano. Siguió un 'Divertimento' de Leo Weiner, uno de los grandes educadores musicales que se interesó por el folklore húngaro tanto como Bartók y Kodály. Otro de los autores del recital fue Orbán, de estilo neo-romántico pero que llega a acercarse al jazz. Y el concierto se cerró con Liszt, Brahms y Bartók, compositores de danzas de un enorme prestigio.
Hoy, piano y premio
Respecto a hoy domingo, el ciclo de grandes conciertos planteados para la vigésimo sexta edición del 'Ciudad de Úbeda' concluirá con la destreza del excelente pianista Ivo Pogorelich, a través de un programa que forma parte de la monumental colección de 32 sonatas para piano que compusiera Beethoven. Pogorelich, que es requerido en los más importantes templos de la música clásica, mostrará al público su delicada técnica, una de los matices más importantes que aprendió de Aliza Kezeradze, lo que le ha valido el favor de la crítica mundial. Y tras el recital recibirá la Medalla de Oro que la Asociación Amigos de la Música entrega anualmente en el marco del Festival.
El repertorio se iniciará con la 'Patética', considerada una de las obras cumbres de Beethoven y una de las más interpretadas en público, tanto en vida del compositor como en la actualidad. Seguirá un 'Rondó', al estilo húngaro, del que Robert Schumann comentó que sería difícil encontrar algo más alegre que este 'Capricho' y la 'Sonata núm. 22'. El público podrá escuchar en la segunda parte la 'Apasionata', una obra envuelta en una leyenda de amor, aunque no se conoce con certeza la causa íntima a que obedece su inspiración. Bien diferente es la obra que cerrará la velada, que cuenta con la dedicatoria a la condesa Therese von Brunswick, otro de los amores de Beethoven.
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