Sabina y Úbeda (II): las historias apócrifas
La ausencia en la ciudad de elementos que recuerden a Joaquín Sabina y el interés por saber de él y de su relación con Úbeda que muestran los turistas han hecho surgir una serie de historias 'apócrifas' que utilizan, por ejemplo, ciertos guías. Y no los que trabajan asiduamente en Úbeda, sino los que llegan de fuera acompañando a grupos organizados, que erróneamente utilizan datos o acontecimientos que han escuchado o leído en algún sitio, los cuales reinterpretan a su libre albedrío para satisfacer la curiosidad de la concurrencia o hacer la visita más amena.
Alberto Román Vílchez
Miércoles, 11 de mayo 2016, 15:31
Así, por ejemplo, recientemente un guía, apostado frente a la antigua Casa Consistorial de la plaza Primero de Mayo, explicaba a su grupo lo siguiente: « ... este edificio, que fue anteriormente el Ayuntamiento, hoy es un Conservatorio de Música que se llama Joaquín Sabina. Curiosamente, cuando le cambiaron el nombre y le pusieron el del cantautor se cayó al suelo y se hizo añicos la estatua de piedra que representa a San Miguel, Patrón de Úbeda, la cual pueden ver ya restaurada en esa hornacina de la fachada».
Como popularmente se suele decir, el guía había oído campanas pero no sabía de dónde venían. La realidad es que el nombre de Sabina se le puso a la Escuela Municipal de Música situada en otro emplazamiento, no al Conservatorio (llamado María de Molina), aunque sí coincide que éste está a sólo unos metros de la casa en la que vivió el cantautor. Y aunque la estatua del arcángel efectivamente se precipitó y se hizo añicos, fue en otra fecha y por culpa de la lluvia y el viento.
¿Un museo? ¿Con sus ropas?
También hace poco, un grupo pasaba por la plaza Juan de Valencia y el guía explicaba: «aquí vivió Joaquín Sabina y, hoy por hoy, el Ayuntamiento está haciendo gestiones para rehabilitar la casa y montar un museo sobre el cantante, para lo cual ya le han pedido algunas de sus ropas y guitarras». En este caso, ni vivió allí, ni el Consistorio tiene intención de comprar nada, ni de montar un museo, ni seguramente Sabina esté dispuesto a vaciar su armario y su lugar de ensayo.
Quizá esta historia apócrifa venga de distorsionar la noticia del concierto de versiones que en breve se desarrollará en la iglesia de San Lorenzo para el cual se ha pedido al cantautor que facilite algunos elementos que usó en la escenografía de sus giras, sobre lo que este guía también había oído campanas...
Ante tales explicaciones, habrá que ver las historias que algunos turistas cuentan de regreso a sus hogares, las cuales, tratándose de quien se trata y por su contenido anecdótico, seguramente recuerdan con más detalle que las que tienen que ver con el Renacimiento, Vandelvira o Francisco de los Cobos. Porque, reconozcámoslo, Sabina vende.
LEER OTROS CAPÍTULOS DE ESTE REPORTAJE:
-Sabina y Úbeda (I): una relación aún por rentabilizar
-Sabina y Úbeda (III): un bar y unas jornadas, las dos excepciones
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