Segundas jornadas de "huertas" abiertas en la iglesia de San Lorenzo
Es complicado, todo el mundo lo sabe, desunir sensatez y corazón frente a lo moderno, máxime cuando lo moderno en cuestión nos parece familiar directo de alguna especie secundaria de dinosaurios. A veces ocurre lo imposible: uno encuentra cierto interés, cierta cadencia de acontecimiento absoluto en lo relegado, en la bestia añosa, en lugares como la iglesia de San Lorenzo o en el oficio viejo de los hortelanos de la ladera sur.La Fundación Huerta de San Antonio, que es moderna y vieja, ha vuelto a hacer de la cultura popular un espacio habitable, un precipicio suave por el que descender con la excitación urgente de quien descubre la pólvora.
Javier Carro
Miércoles, 11 de mayo 2016, 15:33
Ocurrió ayer por segundo año consecutivo. Un mercado hortofrutícola invadió la nave central de la iglesia de San Lorenzo, que es moderna y vieja, para ... vehicular el patrimonio vivo de un barrio cuya importancia histórica ha venido resistiendo a la desgana de una administración llena de responsables medio ágrafos, esa especie de Nerón perezoso que vacila frente a la antorcha del deseo.
Fueron varios los puestos de venta con productos recogidos de las huertas de la Higueruela, de los Sanjuanes, del Matadero, Granadillo, de Huerta Blanca y de la Huerta del Santo. Patatas, tomates, pepinos, sandías. Hubo toda clase de género verdaderamente autóctono, elaborado con técnicas tradicionales y ecológicas en la tierra de la Redonda de Miradores, que viene a ser un espectáculo escalonado que zancadillea a la cornisa sur de la ciudad. El público respondió.
La tentativa no es otra que la de remover la conciencia y el interés de quienes todavía no encuentran en el quehacer del hortelano y su entorno perdido en la memoria de los siglos una huella constituyente tan profunda como la piedra de un conjunto monumental. Y es que hay en todo esto un idealismo ultramundano que bien merece la pena vivir. Basta con tomarse las molestia de prestar un poco de atención, de bajar al mercado a agarrarse la barbilla con tono pastoral mientras se compran frutas y verduras.
Historia viva
Lo vivido ayer en San Lorenzo supone el ensanchamiento de las huertas como revelación del hombre perspicaz oprimido en la solana. Y es que Úbeda puede presumir de contar con uno de los sistemas de regadío más antiguos y originales de la Península Ibérica, formado por una intrincada red de albercas y minados, estos últimos, túneles subterráneos que filtran y canalizan el agua de los manantiales. Existen alrededor de una veintena de ellos, posiblemente de origen prerrománico, remodelados y ampliados desde el siglo XVI y conservados milagrosamente hasta nuestros días.
Las parcelas mantienen su dibujo en terraza mediante una sucesión invariable. Aquí se las denomina tablas. El juego de este regadío, que es moderno y viejo, obtiene de la pendiente de la ladera un canal que conduce y almacena el agua en las aproximadamente cuarenta albercas que todavía sobreviven al paso del tiempo y que prosiguen con su función discreta de regar las verduras, hortalizas y frutales de las huertas ubetenses.
De igual modo sobran los motivos si atendemos a la herencia milenaria. Resisten insólitas las marcas de lo remoto, como en el yacimiento arqueológico 'Nacimiento Arroyo Cañaveral', que es uno de los parajes que horada el camino de las huertas. Por él han pasado continuos asentamientos, tanto prehistóricos como romanos, árabes o medievales. Uno de tantos puntos amenazados por el avance riguroso del olivar, que ya entenebrece el 50% de la superficie y que contribuye con la pérdida de las 'tablas', provocando con ello la destrucción de los minados y la erosión de la ladera. En poco tiempo, si no se remedia, el histórico paisaje que rodea el sur de la ciudad amurallada de Úbeda podría desaparecer para siempre.
El conjunto de las huertas de Úbeda es por tanto un legado importantísimo de la ciudad que merece ser compartido y conservado. En esto andan la Fundación Huerta de San Antonio y los hortelanos de la zona, que con la organización de este particular mercado hortofrutícola inducen nuevamente a la reflexión.
Más que mercado
Sobre esta lucidez extrema, que difícilmente admite obstáculo amatorio, se desarrolló en la jornada de ayer todo un plantel de actividades que continuará hasta el mediodía de hoy y que no sólo acumuló mercado de productos, sino que estuvo igualmente compuesto por música en directo, degustaciones, fotografía y una especie de mesa redonda abierta a la participación. Redobló así un mensaje claro por multiplicar el sabor de lo auténtico, el juego sensorial y la reflexión desde el debate productivo.
Los organizadores dinamizaron el plato fuerte con diferentes actividades complementarias. Así, en horario de tarde tuvo lugar un encuentro, una especie de «mesa redonda/tormenta de ideas» que abordó la reflexión sobre cuestiones que entroncan directamente con el destino de la ladera sur. El planteamiento buscó un diálogo de respuestas frente a una serie de cuestiones que se vienen sucediendo a lo largo del tiempo, como son la puesta en valor del entorno, la salvación de las huertas y el paisaje, la búsqueda de la rentabilidad o las alternativas a los huertos tradicionales. En definitiva, un espacio interactivo que estuvo abierto a la participación de toda persona interesada y que contó con la presencia de políticos, empresarios, asociaciones y agricultores, entre otros.
Además, la música sublimó las compras durante el mediodía gracias a la actuación del quintento de viento Úbeda's Winds, que está compuesto por cinco músicos formados en el Conservatorio Profesional María de Molina y que interpretaron las piezas más reconocidas del clasicismo, con composiciones de Mozart, Beethoven o Vivaldi. A esto hay que sumar una exposición de fotografías que la asociación fotográfica local 'Gran angular' preparó para la cita con una muestra específica basada en el universo hortelano, que también es moderno y viejo.
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