Todo por la sonrisa de Naira
Con cuatro años recién cumplidos, Naira mira a su alrededor con la curiosidad de cualquier niño de su edad. Como sus amigos y compañeros de guardería en Úbeda, juega con ese brillo en los ojos de quien continuamente descubre cosas nuevas. Y sonríe con esa inocencia pura que sólo se puede encontrar en el rostro de un niño. Pero el tiempo va en su contra y su curiosidad, sus ganas de aprender y de descubrir, hacen que empiece a ser consciente de que su sonrisa no es como las demás. Y ello deriva en preguntas para las que su madre no encuentra respuestas.
Alberto Román Vílchez
Miércoles, 11 de mayo 2016, 15:41
Y es que Naira carece de piezas dentales, lo que le impide llevar una vida normal, como la de cualquier niño de su edad. Y ... poco a poco, este hecho está apagando su sonrisa. Un problema de nacimiento que, además de suponerle trabas en necesidades tan básicas como comer o hablar con normalidad, conlleva otras complicaciones físicas relacionadas con su desarrollo. La solución médica es difícil aunque existen opciones, pero todo se complica aún más porque la sanidad pública cierra sus puertas a una posible intervención, lo cual ha llevado a la familia de Naira a iniciar una campaña para remover conciencias y llamar a las puertas de todas las instituciones que haga falta.
La corta vida de Naira no ha sido nada fácil. Tal y como explica su madre, Katy Gómez Yerpes, su hija nació con un labio leporino bilateral y con hipotiroidismo congénito. Con sólo cuatro meses la operaron de la fisura del labio y todo salió bien. Respecto a lo segundo, le aseguraron que con la mediación y dosis adecuada no tendría problema.
Todo parecía ir bien hasta que, con el paso del tiempo, comprobaron que en sus encías no aparecían señales de que le fueran a salir los dientes, algo que confirmaron diferentes pruebas cuando Naira ya tenía dos años. A partir de ahí todo ha sido incertidumbre, incluso en el diagnóstico tras pasar por diferentes consultas de especialistas, aunque todo apunta a un síndrome llamado Displasia Ectodérmica. Existe posibilidad de ponerle unos implantes que habría que ir remplazando durante el desarrollo de la niña hasta poder injertar hueso en la mandíbula en el que anclar unas piezas definitivas.
Un coste muy elevado
Son costosas intervenciones de las que no se hace cargo la sanidad pública, algo que Katy no entiende pues, asegura, se trata de dar a una pequeña la posibilidad de llevar una vida normal, como la de cualquier niño de su edad. Ni siquiera asumen los gastos de hospital, quirófano y anestesista, con lo que el montante podría ascender a unos 9.000 euros. Y eso solo sería el principio, pues hasta que supere la edad de crecimiento habría que operar varias veces.
Junto a todo ello, la madre explica además que Naira también necesita una operación en los párpados por tenerlos demasiado rígidos y en el conducto del lacrimal ya que parece tenerlo obstruido.
Su intención es llamar a todas las puertas posibles. Para la próxima semana espera reunirse con la alcaldesa de Úbeda, como representante de la administración más cercana, y desde ahí poder tener contacto con representantes de la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía. También se ha puesto en contacto con el Defensor del Pueblo y el Defensor del Paciente.
«No voy a parar hasta lograr una solución porque el tiempo corre en nuestra contra», asegura. Y si no encuentra la respuesta de quienes deben velar por la salud y calidad de vida de todos los ciudadanos, no descarta poner en marcha todas las iniciativas que sean necesarias para recaudar dinero que ayude a pagar unas caras operaciones que no puede asumir, pues además se encuentra en situación de desempleo. Al respecto, tras las numerosas muestras de apoyo recibidas a pie de calle y en internet, ha abierto en La Caixa la cuenta ES68 2100 2506 51 0110577169 para recibir donativos. 'Todo por Naira' y 'por su sonrisa', que son además las denominaciones con las que se ha iniciado una campaña de difusión a través de las redes sociales.
Mientras tanto, Naira sigue mirando a su alrededor con la curiosidad de cualquier niño de su edad. Jugando con ese brillo en los ojos de quien continuamente descubre cosas nuevas. Y preguntando cosas como por qué el Ratoncito Pérez no le regala unos dientecitos, pues debe tener muchos. Preguntas para las que su madre no encuentra respuestas.
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