'El Brujo' se llevó a Santa Teresa a su terreno

Lo de 'El Brujo' no tiene nombre. Bueno, sí: genialidad. Lo suyo es único. Rafael Álvarez domina tan bien su propio papel, le saca tanto jugo, que sobre las tablas el actor acaba convertido en personaje de su propia obra. Y ello para deleite de sus incondicionales, que en Úbeda y alrededores se cuentan por centenares (en el Teatro Ideal Cinema había muchos que podían presumir de haber acudido a la cita cada vez que este genio de la escena ha asomado su blanca cabellera por estos cerros).

Alberto Román Vílchez

Miércoles, 11 de mayo 2016, 13:29

En esta ocasión, dentro de la Muestra de Teatro de Otoño, el actor compareció para presentar 'Teresa o el Sol por dentro', un montaje que ... escribe, produce, dirige y protagoniza para recordar a Santa Teresa de Jesús cuando se conmemora el quinto centenario de su nacimiento. Una figura que tiene mucho que ver con la que centró su propuesta anterior, San Juan de la Cruz, y que hace un par de años estrenó en Úbeda, donde murió el místico y poeta, aunque no pudo hacerlo en la iglesia del convento carmelitano como estaba previsto porque no lo permitió el Obispado. Así lo recordó en esta nueva visita.

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Rafael Álvarez 'El Brujo' se gustó y gustó. Estuvo realmente cómodo y eso se notó. A modo de prólogo, y tras saludar al respetable, introdujo a los presentes en el contexto histórico, social y religioso de la época de Santa Teresa para resaltar, con su particular elocuencia, la ruptura que supusieron sus planteamientos y los de algunos de sus coetáneos con lo oficialmente establecido.

A partir de ahí, los poemas se alternaron con los episodios más sustanciosos de la biografía de Santa Teresa, a los que el actor sacó punta llevándoselos a su terreno y pasándolos por el tamiz de la juglaría, de la que es el máximo exponente. Los fue mezclando con sus propias vivencias, aunque sin agitar el cóctel. Algunas previstas, otras incluidas sobre la marcha, algunas conocidas, otras no tanto, pero todas narradas con su mordaz sentido del humor. Así, tras casi dos horas de reflexión, versos, charla y risas, llegaron unos merecidos aplausos para quien sabe que en Úbeda tiene su casa.

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