Lluvia (de caramelos) por las calles de Úbeda
Tras unas cuantas dudas, un pequeño aplazamiento para ver cómo evolucionaban las condiciones meteorológicas y un repaso con toallas por las carrozas para secarlas, la cabalgata de los Reyes Magos se echó a las calles de Úbeda en la tarde de ayer para repartir alegría e ilusión entre grandes y pequeños, que llevaban esperando un buen rato con la espernza de ver pasar a Sus Majestades.
Alberto Román Vílchez
Miércoles, 11 de mayo 2016, 14:38
Durante el desfile se contó con una charanga, doce carrozas (entre ellas las de Melchor, Gaspar y Baltasar), tres bandas de tambores y trompetas (María ... Santísima del Amor del Borriquillo, María Santísima de las Penas de la Sentencia y la banda de la cofradía de la Columna) y alrededor de una decena de pasacalles (alguno no pudo hacer el recorrido por la lluvia caída previamente).
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400 personas
Entre músicos, animadores y Pajes de los Reyes Magos, participaron más de cuatrocientas personas, a las que se sumaron otras cien que formaron parte del dispositivo de organización y seguridad coordinado entre Policía Local, Protección Civil, colaboradores y personal municipal. En el itinerario se lanzaron más de 3.000 kilos de caramelos y diversas chucherías y dulces. E incluso, como novedad, hubo cañones de nieve artificial en algunos puntos.
Previamente, por la mañana, los Magos de Oriente atendieron personalmente a todos los niños que lo desearon. Mientras, hubo pasacalles de personajes infantiles y de la Agrupación Musical Ubetense.
Y antes de la cabalgata, las bandas de pajes reales recorrieron diferentes itinerarios hasta confluir en el Hospital de Santiago, donde recogieron a Melchor, Gaspar y Baltasar para acompañarlos hasta el Ayuntamiento. En ese trayecto los Reyes Magos fueron montados en coches antiguos.
Los emisarios deSus Majestades en Úbeda fueron elegidos por sorteo entre los ciudadanos que presentaron su solicitud. Así, Tiburcio Biedma Gallego, Manuel Extremera de la Torre y Pedro Ángel Jiménez Soguero fueron los encargados de ayudar a Melchor, Gaspar y Baltasar, respectivamente, en una noche de tanto trabajo. En todos los casos coincidieron en señalar lo gratificante que había sido la experiencia de ver la cara de los niños y escuchar sus deseos.
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