El tesoro de la Puerta de Granada aún reside en Úbeda

La Puerta de Granada de Úbeda.
La Puerta de Granada de Úbeda. / M. R. A.
  • CASTILLOS DE JAÉN

  • Cuenta la leyenda que en torno a ella existe un tesoro escondido por los moros

Úbeda, ciudad monumental por excelencia, mantiene la puerta que servía de salida hacia el antiguo camino real de Granada. Se trata de la conocida Puerta de Granada, que fue cruzada por la reina Isabel la Católica cuando partió hacia la conquista de Baza, tras haber pernoctado en el monasterio de Santa Clara.

Adosado al muro, junto a la puerta, aparece un pilar abrevadero que los investigadores datan en la misma época del propio pórtico, ubicado en la misma línea de la muralla árabe.

Enfrente aparecen los restos de las curtidurías, de esa época islámica, que tuvieron un gran protagonismo en la ciudad hasta bien entrado el siglo XX. También, cercanos a la puerta de Granada, se encuentran los restos de la barbacana, una estructura defensiva que servía de soporte al muro y suponía la primera línea defensiva.

Cuenta la leyenda que en torno a la puerta de Granada existe un tesoro escondido por los moros antes de su huida de la ciudad, por donde ha venido circulando que el valiente que fuera capaz de comerse una granada debajo del dintel de esa puerta, sin que se le caiga un grano al suelo, sería el afortunado que encontraría el tesoro.

En cierta ocasión, uno de los muchos viajeros que llegaban a Úbeda escuchó esa historia y acompañado por su hijo fue en busca de unas pocas granadas para intentar comérselas sin derramar un grano. En principio pensó que era una prueba bastante fácil, sin embargo, conforme iba abriendo granadas se percató de la dificultad de lograrlo.

No obstante, eligió una noche, a altas horas de la madrugada, para no ser observado por nadie, se colocó bajo el dintel de la puerta de Granada mientras su hijo vigilaba que nadie se acercara por la zona. Lo intentó una vez y los granos caían uno sobre otro. Sin desesperarse, lo repitió con otra granada, con el mismo resultado. Con la tercera fruta los nervios iban apareciendo y no llegó a abrir la cuarta que le acompañaba porque pensó que aquello era un invento de los vecinos ubetenses.

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