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La madre y los dos hijos asesinados en Úbeda tenían previsto empezar a amueblar su casa este lunes

Tras casi un año de alquiler, la familia había decidido adquirir una vivienda en propiedad

ALBERTO ROMÁN Úbeda

Aunque la investigación acabará dibujando el relato de lo ocurrido a primera hora de la mañana del pasado domingo en la cuarta planta del número 5 de la plaza de Palma Burgos, en Úbeda, y aunque será posible conocer los hechos y su cronología, resultará muy difícil atisbar su trasfondo, entender el resorte que, en un momento dado, saltó y desencadenó la tragedia. Porque ya no están las cuatro únicas personas que en este suceso podrían arrojar algo de luz, si es que la hay entre tanta oscuridad. Solo ellas sabían la realidad de puertas para adentro. De puertas para afuera todo es inexplicable.

Inexplicable es la palabra más pronunciada por quienes, de una manera u otra, trataron con esta familia antes de que el padre, Francisco Javier A. G., de 52 años, al que todos conocían como Paco, decidiera asesinar a su mujer, María Belén S. R., de 46 años, y a los dos dos hijos de ambos, Iván de 10 y Adrián de 17, para inmediatamente después acabar con su vida saltando desde la ventana.

Inexplicable es también un término muy repetido por los investigadores, bastante afectados por la escena a la que tuvieron que enfrentarse dentro de la vivienda: el cuerpo del hijo pequeño en una habitación y el de la mujer en el salón, entre signos de pelea, al parecer por la resistencia que ofreció el hijo mayor, quien logró refugiarse y pedir ayuda en casa de un vecino del bloque, aunque ya estaba herido de muerte, pues falleció minutos más tarde en el hospital. Y en la calle, sobre el asfalto, el cuerpo del padre, bajo una ventana de la cuarta planta con restos de sangre en el marco, las huellas que dejó al encaramarse para saltar.

Ninguno de los cuatro podrá responder por qué, pese a los proyectos de futuro, todo acabó en ese momento y en ese lugar. En un piso que la familia tenía previsto abandonar de forma inminente, tal y como el propio Paco le había contado a algún vecino. Tras casi un año de alquiler decidieron adquirir una vivienda en propiedad en Úbeda, un piso más amplio situado en el entorno de la avenida de la Libertad y al que querían mudarse durante esta semana. Este mismo lunes les empezaban a llevar los nuevos muebles adquiridos para el nuevo hogar. La intención de Paco y Belén era establecerse, junto a sus hijos, definitivamente en la ciudad ubetense, a la que llegaron el pasado verano procedentes de la cercana localidad de Villacarrillo, de donde él era natural.

Compañeros en las aulas

Aquel traslado se produjo porque Adrián, el mayor, deseaba estudiar el Bachillerato de Artes y sus padres querían evitar que todos los días tuviera que coger un autobús para desplazarse hasta Úbeda. Así lo cuentan bastante afectados algunos de sus compañeros de la Escuela de Arte 'Casa de las Torres', según se lo había transmitido en varias ocasiones el que ya era un buen amigo tras este primer curso compartiendo aula, clases, recreos y tiempo libre. «Era algo tímido pero a la vez muy alegre y buena persona», aseguran, a la vez que destacan que siempre hablaba de forma muy cariñosa de su padre y de toda su familia, con la que muchas veces se iba a comer o a cenar fuera. «En los próximos días tenía previsto hacer un viaje a la playa con un familiar», recuerdan que les contó.

«Era un alumno reservado, educado, responsable, trabajador y desgarbado, al que le apasionaba plasmar en sus dibujos sus sueños», aseguraba en las últimas horas el centro a través de sus redes sociales. En este sentido sus amigos subrayan que tenía sensibilidad para las artes y que dibujaba muy bien. Precisamente algunos compañeros llevaron a la concentración de este lunes varios de sus trabajos impresos en folios. Durante el acto los colocaron sobre un muro de piedra, entre la gente, para que, de alguna forma, estuviera presente su amigo Adrián, quien en agosto próximo habría cumplido 18 años. Después los recogieron y, bastante consternados, se los entregaron a la alcaldesa, con la que pudieron hablar un rato, asegurándole que no tenían explicación para lo ocurrido. De nuevo sonó la palabra inexplicable.

Y volvió a sonar en la misma concentración por boca de personas vinculadas al colegio público Sebastián de Córdoba, en cuya clase de quinto B ocupaba un pupitre Iván, el hijo pequeño que en agosto próximo habría celebrado su 11 cumpleaños. En el centro, donde hoy las banderas están a media asta y lucen un crespón negro, nunca nada hizo pensar que pudiera haber problemas en la familia. El niño era muy sociable y alegre y, pese a ser su primer curso en una nueva ciudad, estaba muy integrado con sus compañeros.

Pero no solo los conocidos no encuentran explicación para lo ocurrido. Tampoco en el entorno familiar, desde donde aseguran que Belén y Paco se querían mucho, se preocupaban por sus hijos, no tenían problemas aparentes y se llevaban bien. Nunca tuvieron conocimiento de que hubieran existido episodios previos de violencia. Y dicen que la familia no tenía problemas económicos. Solamente destacan que él llevaba una racha algo triste, en comparación con lo jovial que solía ser.

Una mala racha

Esto último es algo que coinciden en señalar compañeros de la cooperativa oleícola de Castellar en la que trabajaba desde hacía bastante tiempo, quienes tampoco logran explicar lo sucedido, pues siempre hablaba con cariño de su familia. En los últimos meses, en la empresa, estuvo de baja por una pequeña lesión en un brazo, y poco después, como el resto de la plantilla, se vio obligado a parar debido a la alerta sanitaria provocada por el coronavirus. A principios de este mes de junio se había vuelto a incorporar a su puesto tras un periodo de confinamiento que, al parecer, le había afectado. Se le veía alicaído y alguna vez se lo comentaron, pero él le quitaba importancia, decía que sería una mala racha y que ya se le pasaría.

Belén, que se dedicaba a las tareas del hogar, alguna vez también había dejado caer en entornos próximos lo de esta mala racha de su marido, asegurando que lo notaba un tanto depresivo. Ella procedía de Las Escuelas, uno de los anejos de la vecina localidad de Baeza, hasta que contrajo matrimonio con quien había sido su pareja desde muy joven y ambos fijaron el domicilio familiar en Villacarrillo, el pueblo de él. Allí tuvieron y criaron a sus dos hijos hasta que el verano pasado se trasladaron a Úbeda. Con ello, además, Belén lograba tener más cerca a su hermana mayor, quien lleva residiendo en la ciudad ubetense muchos años.

Ayuda para la mudanza

En los últimos días había recibido también la visita de su hermana menor, que la estaba ayudando en la limpieza del nuevo piso y en los preparativos de la mudanza. Así que en las horas previas al domingo hubo algún encuentro familiar en torno a la mesa que, según fuentes cercanas a la investigación, transcurrió con total normalidad. Nada hacía pensar en lo que ocurriría después, algo del todo inexplicable.

Entierro

Tras permanecer en dependencias del Anatómico Forense, está previsto que los cuerpos de Belén, Adrián e Iván reciban sepultura esta tarde en Jimena, municipio muy cercano a Las Escuelas. En este último lugar, previamente, tendrá lugar el funeral de entierro. Allí se concentrará el dolor de una familia entera a la que hoy todo le resulta inexplicable. Y lo peor es que la explicación nunca llegará.

Compañeros de la Escuela de Arte han mostrado los dibujos de Adrián durante la concentración en Úbeda. / ROMÁN