Palabras que fueron música para el corazón de los cofrades

Rafael Martínez Redondo durante su pregón./ROMÁN
Rafael Martínez Redondo durante su pregón. / ROMÁN

Rafael Martínez Redondo pronunció anoche el pregón de la Semana Santa ubetense, basado en recuerdos, vivencias y sentimientos, narrados desde una perspectiva muy ubedí

ALBERTO ROMÁNÚbeda

Llegó el Domingo de Ramos y con él la ciudad se transformará para revivir el pasado y mirarlo con los ojos del presente. La devoción, la tradición y el fervor popular volverán a mezclarse en las calles con la celebración de otra Semana Santa, en la que todo se repetirá pero, a la vez, todo será nuevo. Anoche se encargó de anunciarlo a los cuatro vientos Rafael Martínez Redondo, conocido ubetense, músico y docente de profesión, semanasantero por convicción, que se situó frente a un abarrotado auditorio del Hospital de Santiago para regalar a los presentes un emotivo pregón en el que la música también fue protagonista. Tanto que incluso sus palabras fueron música para el corazón de los cofrades. Las muchas expectativas generadas se vieron cubiertas con creces.

Como es habitual, el acto, que fue conducido por Pedro Mariano Herrador Marín, comenzó con todos los hermanos mayores sobre el escenario junto al pregonero y al presidente de la Unión de Cofradías ante las banderas de las distintas hermandades, para escuchar de forma solemne el himno del máximo órgano cofrade que compusiera el maestro Manuel Antonio Herrera Moya. Fue interpretado por la Agrupación Musical Ubetense, que esta vez no estuvo en el coro sino en escena, pues su papel fue primordial durante el pregón. Y la batuta la asumió Cristóbal López Gándara (también al piano junto a José Manuel Cano Gómez), ya que al director titular esta vez le correspondía mirar hacia el público y ser pregonero. Seguidamente, por petición suya, sonó 'El presidente ha muerto' de Victoriano García Alonso.

Martínez Redondo fue presentado por un buen amigo y hermano, Santiago Muñoz, quien habló del protagonista de la noche desde la amistad, la admiración y el cariño. Según dijo, desde pequeño destacó por sus aptitudes para la música, su buen corazón y su capacidad de liderazgo, siendo «el capitán de nuestra calle» y un «ejemplo de constancia». Tras muchos años de relación, aseguró que donde verdaderamente le conoció fue en la trabajadera de la Virgen de Gracia. Por eso, agradeció al presidente de la Unión de Cofradías que este año nombrara como pregonero a «uno de los nuestros». Y desde esa cercanía, incluso le dedicó unos versos.

Entre una gran emoción ocupó el atril Rafael Martínez Redondo, arropado por todas las banderas de las cofradías de la ciudad y rodeado de algunos elementos de las cuatro hermandades a las que pertenece. De la Real Cofradía del Santísimo Cristo de la Humildad colocó una vestimenta de la banda de romanos que durante tantos años lució así como dos antorchas; del Cristo de la Noche Oscura y de Nuestro Padre Jesús Nazareno sus dos túnicas; y de Nuestra Señora de Gracia una salla de la Virgen, su propio traje de capataz y el llamador del paso que acciona en la noche del Lunes Santo. Además, en la línea delantera del escenario, junto a las clásicas flores, estuvieron encendidas las tulipas de todas las hermandades del Viernes Santo.

Su discurso estuvo dividido en diferentes capítulos aunque, a su vez, fue muy anárquico, pues no existió un guión ordenado, ni siquiera cronológicamente, con lo que ganó en cierta libertad al no verse encorsetado. El discurrir de sus palabras lo marcaron recuerdos, vivencias y sentimientos narrados desde una perspectiva muy ubedí.

En la primera parte, el pregonero dio una visión general de la Semana Santa ubetense y del sentimiento cofrade, tal y como él lo fue aprendiendo y comprendiendo desde dentro con el paso de los años. Y tras ello hizo un recorrido por cada hermandad, escudriñando su significado, desde lo evangélico pero también desde lo personal. La preocupación por el prójimo, en todos los sentidos, fue el mensaje, la conclusión en la que desembocó.

Se le notó seguro y tranquilo, quizá al verse rodeado de su Agrupación Musical Ubetense, con lo que estuvo abarrotado tanto el patio de butacas como el escenario. Y como parte de los músicos, además de tantos amigos, sus dos hijos, Javier y Rafa, lo cual debió llenarle de orgullo. De esta forma, la música estuvo presente de principio a fin, recorriendo todas las formas musicales que se dan en la Semana Santa de Úbeda: las bandas de cabecera, los lamentos, las marchas e incluso la música clásica.

Repertorio

Como parte del repertorio seleccionado para jalonar su intervención se pudo escuchar 'Stabat mater', 'Angustias', 'Miserere' o 'Traición', en este último caso una versión a piano. Hubo también una evocación a las tradicionales bandas de tambores y trompetas, una variación sobre los lamentos basada en una obra de López Gándara y un guiño a la música clásica con 'Claro de luna' de Debussy.

Especialmente emotivos, para el pregonero y para el público, fueron los momentos en los que Martínez Redondo recordó a muchas personas que le ayudaron a crecer como persona y como cofrade. Fue el caso de su padre, cofrade y músico, quien le inculcó desde muy pequeño el amor, la afición y la fe en ambas facetas, que durante su vida son una constante de su actividad.

Evocó a otras personas que ya no están y en las que se piensa con añoranza. Por ejemplo Antonio Ruiz Guerrero, quien fuera hermano mayor de la Humildad, y su hijo Salva Ruiz; Ricardo Sancho, campanillero de Jesús Nazareno; Rosa, la sacristana de la iglesia de San Millán; Mari Tere Ortiz, periodista y cofrade hasta la médula; Miguel Muñoz, con quien tanto compartiría a la luz de las velas de la Virgen de Gracia; o Juan Vico, orgulloso trompetero de la Soledad. También citó a los hermanos Vico, Pepe Dueñas, Andrés Carlos Martínez de las Peñas, Juan Pedrosa o Agustín Santa Bárbara.

Recta final

La recta final del pregón la dedicó a su Virgen de Gracia, de cuyo paso de palio es capataz desde hace años. Su descripción de lo vivido tantas veces en la noche del Lunes Santo se convirtió en un agradecimiento a la Madre de los cristianos. Para ese momento reservó una grabación con la que sonó la voz de José Araque, recordado capellán de la hermandad, dirigiéndose a los costaleros y haciendo una 'levantá'. Y para añadir emoción, la Agrupación Musical Ubetense interpretó un popurrí de marchas que se interpretan a la Virgen de Gracia en la calle, que incluyó el 'Ave María' de Manuel García Villacañas, un fragmento de 'Amargura' de Víctor Manuel Ferrer Castillo y, lógicamente, 'Nuestra Señora de Gracia' de Manuel Antonio Herrera Moya.

Fue el pregón de un músico, el pregón de un cofrade convencido y el pregón de un ubetense que ama su tierra y su Semana Santa. Un discurso que también incluyó partes en verso y que llegó al corazón porque fue de ahí de donde salió. Terminó con un golpe seco del llamador situado a su derecha y al grito de «¡ahí quedó!».

Varios minutos de aplausos premiaron la intervención de este séptimo pregonero de la Virgen de Gracia y el primero de la Humildad. Ambas cofradías le entregaron un obsequio al igual que la Agrupación Musical Ubetense y la Unión de Cofradías.

Varios momentos del pregón y presentación de Santiago Muñoz. / ROMÁN