Una escena de 'El cielo de Sefarad'. / ROMÁN

Títeres y música en directo para narrar la expulsión del pueblo sefardí

La compañía Claroscuro volvió a dejar su impronta en la programación de la Muestra de Teatro de Otoño

ALBERTO ROMÁN Úbeda

La compañía Claroscuro volvió a la ciudad ubetense para presentar uno de sus últimos espectáculos, 'El cielo de Sefarad', un montaje realizado en coproducción con Teatro de la Zarzuela que puso una nota diferente a la programación de la Muestra de Teatro de Otoño, que encara ya su recta final. La obra mantiene los elementos que identifican al grupo fundado y formado por Julie Vachon y Francisco de Paula Sánchez, pues usa los títeres, las máscaras y la música en directo para dar forma a la historia, sirviéndose a su vez del humor, la ternura y la belleza. En este caso, además, forma parte del elenco Carmen Blanco.

El espectáculo está ambientado en el Toledo de 1492 y su protagonista es una niña, Noa, que es apartada de sus amigos por el simple hecho de ser judía. Es la historia de su madre y de su abuela, quienes le transmitieron su lengua, su música, su cocina y sus costumbres. También es la historia de su abuelo, médico y astrónomo que le enseñó a no odiar, y la de un gato maltratado que solo habla con ella. Y es la historia de Fátima, su amiga musulmana, y de Pedro, el niño católico que solo cuando su amiga se ha ido es consciente de la pérdida irreparable de su ausencia y que se arrepiente terriblemente de haberla traicionado. En definitiva, es una historia llena de humor y de magia, que narra con mucha ternura la tragedia de la expulsión del pueblo sefardí.

Como suele ocurrir con Claroscuro, la música tiene un peso decisivo en 'El cielo de Sefarad'. Y es que incluye un bello repertorio de música sefardí, cristiana y andalusí interpretado, en vivo, por Enrique Pastor, que tañe cuerda frotada (fídula) y cuerda pulsada (cítola, laúd y vihuela de mano), y María José Pire, que canta y toca la flauta y la percusión. Si el espectáculo parte de un conflicto entre culturas, sus músicas ponen de manifiesto lo difusas o inexistentes que fueron las fronteras entres las mismas.