Los mayores disfrutaron de la feria en el día dedicado especialmente a ellos
Alberto Román Vílchez
Tras el intenso fin de semana de bullicio, multitudes y colas, el recinto ferial experimentó ayer un tremendo bajonazo. Sobre todo a mediodía, al tratarse de un día lectivo y laborable. A eso de las dos de la tarde las zonas de aparcamiento sólo estaban salpicadas por unos pocos coches, las atracciones reposaban apagadas y silenciosas (salvo los incombustibles coches de choque), las calles se mostraban vacías y las casetas las ocupaban unos cuantos grupos de personas que esta vez sí pudieron elegir en qué mesa comer.